Imagen de archivo de dos jóvenes utilizando su teléfono móvil.

Imagen de archivo de dos jóvenes utilizando su teléfono móvil. David Zorrakino Europa Press

Salud

Neurólogos y psicólogos avisan que prohibir las redes se verá como un castigo a los menores: "Es matar moscas a cañonazos"

Los científicos inciden en que su uso no es la única causa tras los problemas de salud mental y neurodesarrollo que se vienen detectando entre los menores.

Más información: España, Francia e Italia, en el podio del rechazo a las pantallas en el aula: "Es una medida necesaria pero no suficiente

Publicada

Las claves

Expertos advierten que prohibir las redes sociales a menores de 16 años puede percibirse como un castigo y no resolver el problema de fondo.

Estudios muestran una correlación entre el uso frecuente de redes sociales y cambios en el neurodesarrollo, pero la relación causal sigue siendo débil.

Algunas investigaciones asocian un mayor uso de redes con más ideación suicida, aunque otros factores como el apoyo familiar influyen más.

Especialistas recomiendan regular y educar sobre el uso responsable de redes sociales en vez de prohibirlas, ya que los beneficios y daños no son concluyentes.

El anuncio del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre la prohibición de las redes sociales a menores de 16 años ha suscitado una mezcla de alivio e incertidumbre entre los científicos que llevan años investigando sobre este asunto.

Y es que, según han demostrado algunos estudios, el uso frecuente de las redes sociales en los menores se asocia con cambios posteriores en la forma en que sus cerebros responden al mundo que les rodea.

Pero no es lo único que está tras los cambios en el neurodesarrollo que se han observado entre las generaciones que han crecido en un entorno digital, como señala a EL ESPAÑOL el vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), David Ezpeleta.

Pese a ser un factor catalizador, también hay otros que desempeñan un papel importante: "Una pérdida de autoridad, un sobreproteccionismo de los padres o cambios sociales y políticos", enumera.

"Más complicado que prohibir"

A este neurólogo le parece una buena noticia que, como llevan años reclamando tanto padres como distintas entidades, se vaya a limitar el uso de las redes a los menores aunque entiende que debe acompañarse de muchas más medidas.

Con la prohibición por sí sola cabría esperar consecuencias no deseadas, ya que las conductas punitivas pueden ser mal recibidas por parte de los menores si no se les comunica adecuadamente ni tampoco se fomentan otras actividades.

"Es más complicado que el hecho de simplemente prohibir", apunta Ezpeleta, quien incide en que este tipo de iniciativas hay que definirlas muy bien pues puede interpretarse esta prohibición como un castigo.

En Australia, el primer país del mundo que no permite a los menores de 16 años usar redes sociales desde finales del pasado año, algunas compañías ya han advertido que los padres no van a poder supervisar las cuentas que puedan hacerse sus hijos si burlan la normativa.

El psicólogo clínico infantojuvenil del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona Francisco Villar cree precisamente que si en España se emulara una medida como la australiana la sentencia iría contra la industria, y no contra los padres.

Estos últimos ya no tendrán dudas en este debate: "Ahora sabrán que son dañinas y nocivas". A su juicio, se trata de la mejor medida preventiva para la conducta suicida en la infancia y la adolescencia de los últimos años.

Algunas revisiones sugieren que un mayor tiempo en redes se asocia a más ideación suicida. En cambio, otros estudios observan que los problemas psicológicos se asocian más a factores como la falta de apoyo familiar y no tanto con el tiempo de uso en las redes.

Una asociación causal débil

Como argumenta Ezpeleta, es difícil establecer una relación causal pese a que haya una fuerte correlación. Hay artículos publicados en revistas prestigiosas como The Lancet en los que se reconoce incluso que la asociación causal es todavía débil.

Expertos internacionales también han reaccionado a la medida adoptada en Australia advirtiendo que actualmente no existe evidencia sólida y revisada por pares sobre el impacto de prohibir el acceso a las redes sociales para los menores de 16.

"Los resultados que se han generado en estos estudios experimentales son muy modestos", añade José C. Perales, catedrático del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada.

"Nunca vas a saber si los pequeños cambios que se producen se deben verdaderamente a la eliminación de las redes sociales o es un efecto de la expectativa que tiene el participante". También existen otros trabajos en los que se han detectado impactos negativos.

Y es que en algunos grupos que pueden sentirse discriminados por su orientación o identidad sexual las redes sociales pueden tener beneficios entre ellos al obtener una mayor conexión social, reduciendo la soledad que sufren en algunos casos.

Para Perales, una medida como la que ha propuesto Sánchez se basa más en la alarma social que en la calidad de la evidencia disponible: "A día de hoy no existe un acuerdo con que el acceso a las redes tenga efectos nocivos sobre la salud mental".

Por ello no espera que, de aprobarse, vaya a tener un impacto relevante en la mayoría de los adolescentes: "Es como matar moscas a cañonazos. Con este tipo de intervenciones se debe realizar una evaluación lo más sistemática y lo menos sesgada posible".

Este psicólogo experto en adicciones es más partidario de la regulación, educando sobre un uso responsable de las redes. "Es una cuestión de enseñar cómo puede convertirse la tecnología en aliado y no demonizarla", conviene Ezpeleta.

La conclusión a la que llegan los estudios también es que ni el uso extremo ni la ausencia total de uso tienen beneficios claros para los adolescentes, lo que sugiere que las medidas basadas únicamente en la prohibición son, como mínimo, discutibles.