El Nobel Michael W. Young.

El Nobel Michael W. Young. Bengt Nyman Flickr

Salud Entrevista

El científico experto en sueño que se perdió la llamada del Nobel por estar durmiendo

Michael W. Young (1949) estaba durmiendo en su cama el pasado 2 de octubre cuando el teléfono fijo de su casa comenzó a sonar. Eran las cinco y media de la mañana, pero en ningún caso lo hubiera escuchado, porque lo tiene situado en la cocina y conectado directamente al contestador automático.

Pero Young -que acaba de recibir en Madrid el premio XXXVII Lección Memorial Fernández-Cruz- sabía, como todo el mundo, que ese día concreto y no otro la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska fallaba el premio más prestigioso en Medicina, el Nobel y sabía también que sus posibilidades de recibirlo eran mayores a las de la media. "Los tres premiados habíamos recibido otros galardones que se sabe que son precursores del Nobel, pero no lo estaba esperando; la prueba es que no había colocado el fijo en la habitación", explica en un hotel de Madrid. 

El científico estadounidense, que recibió un tercio del galardón por desvelar los mecanismos del mal sueño, escuchó -eso sí- el teléfono móvil que sí tenía en el cuarto. Le llamaban de su laboratorio, alguien que había leído que Young había ganado el Nobel y que así se lo comunicó. "Me dijo que había leído que no conseguían localizarme", recuerda sonriendo, "y entonces sí, fui a la cocina y desconecté el fijo del contestador". 

"Fue una gran sorpresa. Se está haciendo tanta ciencia impresionante en estos tiempos ¡y este premio sólo se da una vez al año!", comenta y reconoce: "Sabíamos que era una posibilidad, pero no lo estábamos esperando". 

Su trabajo subraya la importancia de reloj circadiano. Es un concepto difícil de entender, que parece gobernar nuestras vidas sin que podamos hacer mucho sobre ello. ¿En qué consiste este reloj y cómo se puede influir sobre él?

Todos reconocemos que tenemos un ciclos de sueño y despertar, pero lo que está menos claro es si esto refleja una respuesta directa al ambiente o si estamos programados para que funcionen de una determinada manera. Lo que nosotros descubrimos es que en nuestros genes hay instrucciones para producir relojes biológicos en la mayoría de nuestras células y que estos se activan y desactivan y gobiernan así todo tipo de campos de nuestro organismo. Cuando los relojes operan en las células del cerebro, esto afecta a cómo dormimos, pero cuando lo hace en las del páncreas puede incluso hacer que nos volvamos diabéticos. 

Entonces, ¿qué puede ocurrir cuando esos relojes funcionan mal?

La conclusión es que si juegas con la actividad de tus relojes biológicos puedes tener problemas importantes de salud. Esto ocurre si les engañas teniendo tu cabeza en un horario y tu cuerpo en otro, es lo que sucede cuando tenemos jet lag o cuando nos quedamos despiertos hasta muy tarde, por ejemplo. Y los problemas que se dan, sobre todo si esos cambios son constantes, oscilan desde los problemas de insomnio hasta el buen control de la glucosa o el metabólico, con consecuencias significativas sobre la salud. 

Pero, ¿cómo podemos saber si funcionan bien nuestros relojes circadianos? 

Uno puede estar tranquilo si se está activo durante el día, si sus patrones de sueño son regulares y no cambian por presiones de trabajo, si no tiene que dormir excesivamente los fines de semana. Si uno se levanta cansado, probablemente esté dando señales equivocadas a su reloj circadiano. También puede ser un signo el tener problemas para controlar el peso. 

Hablando sobre sueño, a pesar de sus hallazgos no parece que se haya dado la clave para acabar con los problemas de insomnio que afectan a millones de personas en el mundo. 

Antes de pensar que algo va mal en su organismo, lo primero que hay que preguntarse es por qué se duerme mal. Si uno sabe que el trabajo no influye, lo siguiente que debe revisar es las horas a las que come. Hay que limitar la ingesta de alimentos a un periodo de 12 horas, hay que evitar comer por la noche, es algo que da la vuelta a los patrones de sueño. Otra cosa importante es qué hace uno cuando se despierta por la noche: ¿enciende el ordenador, lee un libro, prende la luz, se levanta a por un sandwich? Hay que evitarlo. Cuando uno se desvela se tiene que quedar en la cama y al final acabará por volverse a dormir. Todo esto es lo que hay que intentar antes de pensar que se tiene un problema fisiológico. 

La pregunta del millón. ¿Cuántas horas al día hay que dormir?

Hasta cierto punto, esto depende de cada persona; pero sólo hasta cierto punto. Lo que tenemos que hacer es mirar al conjunto de la población y ver lo que duerme la parte más sana y se ve que es una media de siete horas, quizás hasta ocho. Los adolescentes han de dormir más y los periodos de sueño parecen acortarse según envejecemos. 

¿Y esto por qué ocurre?

No lo sabemos, es algo en lo que estamos trabajando. Si miramos a las estadísticas, según envejecemos nos despertamos antes, aunque no nos vamos antes a la cama. Parece que se duerme menos de forma natural, pero esto no sabemos si es poco saludable en gente mayor y es algo que estamos investigando. 

¿Y en qué más trabaja su equipo después del Nobel?

Estamos generando cambios genéticos que hacen que modelos animales duerman poco genéticamente. Lo que hemos visto en esos organismos es que eso se asocia a un tiempo de vida más corto, lo que demuestra que dormir lo suficiente es muy importante. Pero lo que tenemos que encontrar es la función del sueño y podemos hacerlo preguntándonos por qué cuando provocamos mutaciones asociadas a dormir menos afecta a la esperanza de vida, averiguando qué es lo que va mal para que tenga esa consecuencia. 

Se sabe que dormir mal es perjudicial para la salud, pero tampoco la alternativa -los fármacos para dormir- parecen una opción idónea. ¿Qué se hace si se duerme mal?

Lo que creo es que mucha gente mejoraría su sueño sólo controlando cuándo comen, la exposición a la luz del sol y la práctica de ejercicio. Las pastillas pueden hacer dormir y pueden ser una ayuda, pero nunca deben ser la primera línea de actuación. Lo primero son los patrones regulares de comportamiento. 

¿Y la melatonina?

No tiene mucho efecto realmente, nosotros fabricamos nuestra propia melatonina. En algunos animales sí ha demostrado resetear los relojes circadianos, pero no parece que haga mucho en humanos. Te hace adormecerte, pero poco más.