El consumo de azúcar en cantidades excesivas, un defecto de nuestra alimentación ligado a los alimentos ultraprocesados y la denominada 'dieta occidental', está estrechamente ligado al desarrollo de enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes. Pero también de otras, menos conocidas pero potencialmente más graves como el hígado graso no-alcohólico.

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Lo terrible de esta enfermedad hepática, provocada por una sobreacumulación de células adiposas en el hígado, es que puede afectar a niños obesos, que en España llegan a suponer uno de cada cuatro. Esto a su vez incrementa el riesgo de desarrollar la enfermedad del hígado graso no-alcohólico o cáncer de hígado. También es el segundo motivo de cirrosis, junto con las enfermedades relacionadas, por detrás del alcoholismo.

Azúcar, obesidad e hígado graso están relacionados, como hace décadas que sabe la ciencia. ¿Qué papel pueden jugar los edulcorantes no-calóricos, sintéticos y naturales, cuya función en el control del sobrepeso resulta controvertida? Un estudio publicado en la revista Scientific Reports apunta a que, al menos a lo que la enfermedad hepática se refiere, un extracto de estevia puede reducir los marcadores de adiposidad en el hígado. Los trabajos de laboratorio, precisan, se encuentran en estos momentos en la fase de ensayo clínico.

"Las comidas y bebidas azucaradas pueden causar la cicatrización del hígado, pero no sabíamos cómo los edulcorantes no-calóricos pueden afectar a la enfermedad hepática", explica el investigador principal, el Dr. Rohit Kohli. El objetivo del estudio consistió en ver si la aplicación de esta alternativa a los endulzantes podía mejorar los síntomas del hígado graso vinculado al sobrepeso.

Usando un modelo preclínico, sometió a prueba extractos de dos edulcorantes no calóricos, la sucralosa y la estevia. Ambos, precisa Kohli, son de uso corriente y su disponibilidad está asegurada. De hecho, ya se emplean en numerosos productos alimentarios. "Nos interesaban estos porque son los más recientes y los menos estudiados en el contexto de la enfermedad hepática y la obesidad", explica el investigador.

Los resultados fueron "chocantes", en sus propias palabras: "Comparamos estos edulcorantes en pie de igualdad con el azúcar, y comprobamos que la estevia reduce los niveles de glucosa y mejora los marcadores relacionados con la enfermedad del hígado graso". Estos marcadores incluían los niveles de grasa visceral, la manifestación más evidente de este problema, pero también síntomas como la fibrosis, la formación de tejido conectivo fibroso a resultas de la inflamación del hígado.  

Además, el trabajo halló indicios de potenciales tratamientos para revertir algunos de estos síntomas. "Vimos un descenso de los signos de estrés celular y algunos cambios en el microbioma intestinal, aunque todavía tenemos trabajo por delante para determinar la relevancia clínica de esto", precisa Kohli. "Lo más emocionante es que hemos tomado un problema que experimentamos a nivel clínico, lo hemos sometido a un estudio preclínico, y ahora estamos de vuelta, listos para probar la solución, y todo ellos en menos de dos años".