Una mujer lava una lechuga bajo el grifo del agua.

Una mujer lava una lechuga bajo el grifo del agua.

Nutrición

De una vez por todas, ¿realmente hay que lavar la verdura con lejía para desinfectarla?

Durante años se ha recomendado utilizar este producto químico para eliminar los posibles restos de plaguicidas y contaminantes en los alimentos. 

Nos lo han repetido cientos de veces desde tiempos inmemoriales. Y, a juzgar por la importancia que se le ha dado en la rutina de nuestros hogares, parece que si no cumplimos con semejante ritual, estamos poniendo nuestra vida en serio peligro. Hablamos de la cucharadita de lejía para lavar la verdura antes de ponerla en el plato de ensalada. Pero, ¿realmente es necesario lavar la fruta y los vegetales antes de comerlos? Y, lo que es más importante: ¿es seguro lavar algo que nos vamos a echar a la boca con un químico tan fuerte como la lejía?

Empecemos por el principio. Tal y como apunta la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), "en el medio ambiente (suelo, polvo, agua de riego…) puede haber microorganismos patógenos y elementos químicos que en ocasiones pueden contaminar las frutas y verduras". Por esta razón conviene tener especial cuidado con aquellas que se toman en su estado crudo o con piel y que, además, pueden haber sido manipuladas sin guantes. Así, en cuestión de seguridad alimentaria, toda precaución es poca.

La Aecosan aconseja lavar las frutas y las verduras bajo el chorro del grifo aunque vayan a ser peladas. La razón es que la contaminación existente en la piel puede trasladarse al cubierto, y de ahí al interior del alimento. El organismo además aconseja utilizar "cepillos específicos para las superficies de las frutas de cáscara dura (melón, sandía…) o algunas verduras (pepino, calabacín…)" y secarlas posteriormente. 

La cosa no queda aquí. Con el objetivo de eliminar las posibles trazas de plaguicidas, parásitos y contaminantes existentes, el organismo también recomienda utilizar lejía para la fruta con piel, la verdura cruda como la lechuga o las espinacas o la verdura cruda con piel, como el pepino. "Sumérgelas durante cinco minutos en agua potable con una cucharita de postre de lejía (4,5 mililitros por cada tres litros de agua) y después acláralas con abundante agua corriente". 

Pero, ¿podemos hacer esto con cualquier lejía? No. En la etiqueta de este producto químico debemos buscar que ponga claramente que estamos ante una lejía "apta para la desinfección de agua de bebida". Este producto es totalmente seguro siempre que se use de la forma que indica el organismo y la fruta y verdura sean después aclaradas bajo un generoso chorro de agua. De esta forma, se garantizará un grado extra de seguridad.