No, el desayuno no es la comida más importante del día. Esta máxima presuntamente grabada en piedra no es otra cosa que un falso mito, ya que nuestro cuerpo no requiere una inmediata ingesta de glucosa y otros nutrientes nada más despertar: importa más la calidad de lo que comemos que la hora a la que lo hacemos. Tampoco es malo saltarse la cena: es mucho mejor que retrasarla hasta poco antes de dormir, lo que sí ha demostrado tener consecuencias perjudicales para la salud.

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Ahora, si se junta un hábito inocuo -saltarse el desayuno- con otro poco recomendable -cenar tarde, dejando discurrir "menos de dos horas" entre la última comida del día y el sueño-, ya son palabras mayores: esta combinación llevaría aparejada un aumento considerable del riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares y con mayor mortalidad, según un artículo que publica el European Journal of Preventive Cardiology, una revista de la Sociedad Europea de Cardiología (SEC).

La población más vulnerable, en la que estas costumbres pueden suponer literalmente una cuestión de vida o muerte, es en la de personas con antecedentes de enfermedades cardíacas. El trabajo se realizó sobre pacientes dados de alta tras sufrir un ataque al corazón en Brasil entre agosto de 2017 y agosto de 2018. El seguimiento reveló que quienes tendían a cenar tarde y saltarse el desayuno tenían una posibilidad entre cuatro y cinco veces mayor de morir en los siguientes 30 días, de sufrir otro ataque o de padecer angina de pecho (dolor en tórax).

Estas dolencias se agrupan bajo el término de síndrome coronario agudo, que tienen en común el corte de flujo de sangre al corazón. Los sujetos para de estudio, 113 pacientes con una edad media de 60 años y de sexo masculino en un 73%, sufrían la variedad aguda de este mal, el STEMI ('Infarto agudo del miocardio con elevación del segmento ST'). "Una de cada diez personas que ha sufrido STEMI muere durante el año siguiente, y la alimentación es una manera relativamente sencilla y barata de mejorar la prognosis", sugiere el Dr. Marcos Minicucci, de la Universidad Estatal de São Paolo y autor del estudio.

Y una de las primeras evidencias que arrojó el estudio fue que ambos hábitos eran prevalentes, y a menudo iban de la mano. Por "saltarse el desayuno" se definió el no ingerir alimentos, excluyendo bebidas como el café, hasta la hora de comer durante un mínimo de tres días a la semana: ocurría en el 58% de los casos. La idea de "cenar tarde", como ya se ha definido, implica no dejar pasar al menos 120 minutos antes del sueño, y también se daba en el 51% de pacientes. Por último, la combinación de ambos factores alcanzaba al 41% de participantes.

El 5,3% de los pacientes murió en el mes posterior a su alta y un 17,7% sufrió una repetición del accidente cardiovascular o angina postinfarto. "Nuestra investigación demuestra que ambos hábitos alimenticios están vinculados a una peor recuperación tras un ataque al corazón, pero tener una suma de malas costumbres solo sirve para empeorar las cosas", advierte Minicucci. "La gente que trabaja tarde es particularmente susceptible a cenar igualmente tarde y no tener hambre al día siguiente por la mañana".

Es, efectivamente, una multiplicidad de elementos negativos, ya que los investigadores también reportan una mayor incidencia de tabaquismo y baja actividad física entre quienes comparten estos hábitos según estudios previos. La alteración de los ritmos circadianos -la regulación de las fases de sueño y vigila del organismo- también ha demostrado tener un efecto inflamatorio, algo directamente relacionado con el riesgo cardiovascular.

"Creemos que la respuesta inflamatoria, el estrés oxidativo que perjudica a las células, y la función endotelial -el rendimiento del tejido que recubre las paredes de los vasos sanguíneos- tienen que ver con la relación entre malas costumbres alimenticias y la recuperación cardiovascular", añade el cardiólogo. Además, advierte de "cierta controversia" sobre el uso de estatinas, los fármacos para controlar el colesterol y los triglicéridos. "Los pacientes de STEMI parecían percibirlas como una vía alternativa terapéutica, pero deberían ser un complemento para los hábitos alimentarios saludables y no una sustitución".  

El médico termina recomendando el viejo refrán de "desayunar como un rey", con "productos lácteos desnatados", carbohidratos de grano entero, fruta entera y "entre un 15% y un 35%" de nuestra ingesta diaria de calorías. Dónde ponen el acento los nutricionistas en España, sin embargo, es que estos "desayunos reales" con pan blanco, mermelada, zumo de naranja y leche chocolateada rebasan los niveles recomendados de consumo diario de azúcar. "Mejorar el desayuno de Cola-Cao con galletas es muy fácil", aseguraba la Dietista-Nutricionista Lucía Martínez a EL ESPAÑOL. "No desayunar ya lo mejora".