Pese al panorama político y mediático actual, una de las áreas del conocimiento donde se propagan más bulos en la actualidad es el campo de la nutrición. Los consumidores repiten mentiras que oyen a sus seres queridos por inercia, generalmente sin contrastarlo con algún endocrino o nutricionista de confianza. Esto provoca dudas sobre el tratamiento que deben obtener determinados alimentos a la hora de cocinarse, envasarse o conservarse adecuadamente. En BuzzFeed han elaborado un listado sobre algunas de estas leyendas urbanas y han hecho un ejercicio de factchecking sobre las mismas:

Consumir agua que ha estado toda la noche sin cubrir es peligroso: falso

Muchos consumidores aseguran que el sabor del agua es diferente tras dejarla expuesta durante las horas de sueño en la mesilla de noche. Existe un factor importante que puede propiciar esta sensación: los cambios de temperatura. Los gases también juegan un papel en la modificación de su sabor, ya que las pequeñas cantidades de CO2 que pueden depositarse en la superficie pueden modificar los niveles de pH. Sin embargo, por el momento no hay estudios que puedan cuantificar este cambio o que recomienden no beber ese agua al día siguiente; su composición química apenas varía.

No se debe mojar dos veces en la misma salsa: engañoso

"Has untado el nacho, lo has mordido y lo has vuelto a untar". Así acusaban a
George Costanza en la comedia Seinfeld de perpetuar una práctica -el double-dipping- que agobia mucho a los estadounidenses desde la emisión de este capítulo en 1993. En este estudio concluyeron que una fiesta se intercambian de media entre 50 y 100 bacterias por bocado, según sea el tamaño de los recipientes y la cantidad extraída de salsa con cada "inmersión". Pero tanto esta investigación de la facultad de medicina de Harvard como el propio guionista de Seinfeld Harold McGee, recuerdan que la presencia de gérmenes en nuestro organismo es inevitable; solamente deberían contenerse aquellas personas que sepan que están enfermas. George Constanza y Alfonso XIII se llevarían bien.

Hay que lavar todas las frutas y verduras: verdadero

Si el lector reside en la actualidad en un país miembro de la Unión Europea, está de enhorabuena: como ciudadano comunitario está amparado por uno de los cuerpos legislativos más restrictivos del mundo en cuestión de seguridad alimentaria. Todos los productos fitosanitarios son evaluados a través de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Posterioremente la Comisión Europea dictamina si el producto puede comercializarse, aunque la última palabra reside en la soberanía de los estados miembros. Pero a pesar de todo, es necesario recordar los riesgos de consumir un producto que ha pasado por muchos procesos antes de llegar a nuestas manos. Higiene y precaución ante todo.

Hay que refrigerar los tuppers: verdadero

La mayoría de alimentos que utilizamos para tener algo rápido que comer en el trabajo perecen rápidamente. La lechuga, las salsas o el queso deben conservarse a una temperatura de entre 0 y 5 grados centígrados. También la mayoría de proteínas, como la carne o los huevos, deberían guardarse en una nevera trascurridas dos horas de su cocinado, o 60 minutos si la temperatura exterior supera los 30º centígrados. Lo ideal es mantener los platos refrigerados el mayor tiempo posible hasta salir de casa.

Beber leche caducada tras uno o dos días es malo: engañoso

Para empezar, es importante diferenciar entre dos conceptos diferentes: fecha de caducidad y fecha de consumo preferente. La mayoría de productos incluyen en su etiquetado esta segunda señalización, tal y como explica aquí la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Esto significa que hasta el día indicado las condiciones del alimento serán óptimas. A partir de este momento, algunas cualidades pueden verse afectadas (olor, sabor...) pero sin riesgo microbiológico para la salud.

La fecha de caducidad indica hasta cuando un alimento se puede consumir de manera segura si se siguen las instrucciones del etiquetado correctamente. A partir de este momento no debe utilizarse: el consumidor es susceptible de poner su salud en peligro. Generalmente se utiliza con productos fácilmente perecederos como carnes y pescados. 

Los envases de leche suelen etiquetarse mediante una señal de consumo preferente. En este caso se aplicaría la norma exactamente igual que el resto de productos. Sin embargo, una vez abierto el envase es necesario consumirlo en las fechas indicadas. Y por supuesto, si hablamos de leche fresca hay que extremar la precaución: al no estar esterilizada o pasteurizada puede contener numerosas bacterias como la salmonella.