La sección de pizzas de un gran supermercado.

La sección de pizzas de un gran supermercado.

Nutrición

Pizzas precocinadas, el último drama de la cocina rápida: "Ninguna de ellas es recomendable"

Estos productos ultraprocesados tienen una elevada cantidad de grasas trans e incluyen toda una serie de ingredientes que no nos benefician.

Casa Tarradellas nació como un pequeño obrador dedicado a la elaboración de productos cárnicos en Gurb, una localidad del interior de la provincia de Barcelona adyacente a Vic.  Fundada en 1976 por Josep Terradellas Arcarons, en la actualidad cuenta con un patrimonio estimado de 325 millones de euros y es una de las multinacionales de alimentación más pujantes del mercado estatal. Terradellas Arcarons, apodado "el Payés", emplea a 1.900 personas y es la 150ª persona más rica de España, según el ranking que elabora anualmente El Mundo. El emporio familiar comenzó con un restaurante de carretera en Osona, la comarca donde se ubican actualmente la mayoría de sus fábricas.

Pese a que los productos originales de Casa Tarradellas se basan en las variantes de longaniza catalana (espetec, fuet) y patés, en los noventa "el Payés" dio el salto al negocio de las pizzas precocinadas. Fue en 1997, y pronto se convertirían en su producto estrella. Se trata de las primeras pizzas refrigeradas del mercado estatal, ya que hasta ese momento solo existían las congeladas.

Tarradellas es una de las pocas marcas que sobrevive a la supremacía de Hacendado dentro de Mercadona. Su alianza con el emporio de Juan Roig como interproveedores de la cadena de supermercados les obliga a fabricar gran parte de su stock para ellos. Esto no parece suponer un problema para la empresa de Osona. Lejos de arruinarse como otros pequeños negocios en situación similar, la empresa alcanzaría un 62,3% de cuota de mercado respecto al resto de productos de pizza precocinada.

El tamaño sí importa

Frente a su popularidad, cabe preguntarse si el consumo regular de estos productos es una opción nutricionalmente responsable. José Miguel Mulet, doctor en bioquímica y profesor de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, considera que prima la cantidad sobre la calidad. "Nutricionalmente, probablemente sean mejores que las de los restaurantes a domicilio, por ser las raciones más pequeñas".

La directora técnica de la clínica Alimmenta Juana María González coincide con este análisis, pero lanza una advertencia previa: "Yo no recomendaré nunca las pizzas precocinadas, es preferible que el consumidor se haga la pizza en casa". ¿Los motivos? "Las precocinadas tendrán más grasas, aditivos como emulgentes, texturizantes, correctores de acidez (...) Todo esto nos lo podemos ahorrar", defiende esta nutricionista de Barcelona.

¿Y cuál sería la ración recomendada por los expertos? "Cuanto menos mejor, una o dos veces al mes como mucho", aclara Mulet. En cambio, Juana María González considera que no es práctico calcularlo por períodos de tiempo sino por cantidades consumidas. "La ración recomendada se situaría en torno a los 120 o 180 gramos". Es decir, en torno a un tercio o un cuarto de pizza.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) organiza periódicamente una lista con los mejores productos de pizzas precocinadas que existen en el mercado. La base de la marca blanca de Carrefour es el producto mejor parado según Crónica Global. Le sigue Casa Tarradellas con una puntuación de 6 sobre 10, la mejor masa precocinada según Pino Prestanizzi de la trattoria Briciola para El Comidista. A la cola se encuentran las marcas de Campofrío, Módena, Eroski o Auchan por su exceso de contenido en sal y la potencial presencia de determinadas bacterias benignas para la salud.

"Ninguna de ellas es recomendable para una dieta equilibrada", afirma Mulet, "aunque puntualmente tampoco es muy grave. Objetivamente no son productos tóxicos y las empresas anuncian el contenido nutricional. Es responsabilidad del consumidor ver la cantidad de grasas y azúcares que se mete en el cuerpo con una de estas pizzas", añade.

"En el etiquetado se ponen mensajes genéricos sobre alimentación y hábitos saludables", opina en contraposición González. "Nunca van a poner algo como 'al consumir la pizza entera puede aumentar el riesgo cardiovascular' porque en realidad si mantienes una dieta equilibrada esto tampoco sería verdad". E insiste: "Si tú respetas la ración [de entre 100 y 180 gramos], podría entrar dentro de tu dieta habitual". Ambos nutricionistas aconsejan acompañar el cuarto de porción con una ración de verduras, como por ejemplo una ensalada.

Precisamente Casa Tarradellas entró en polémica hace algo más de una década por el tema de las raciones. Los hechos ocurrieron en 2006, cuando la organización de consumidores FACUA denunció un anuncio televisivo de la marca catalana. En el spot se puede observar como un niño se come de una sentada una pizza de 425 gramos, con una cantidad estimada de 952 kilocalorías y 32 gramos de grasa. Y es que el código PAOS (Código de Autoregulación de la publicidad de alimentos y bebidas) establecía que "los mensajes publicitarios de alimentos o bebidas no deberán promover o presentar hábitos de alimentación o estilos de vida poco saludables tales como comer o beber de forma inmoderada, excesiva o compulsiva".

Casa Tarradellas fue noticia en 2018 por la construcción de una planta harinera propia para dotar con su propia materia prima a los productos que distribuye en Mercadona. A pesar de este alarde de producción responsable, es preferible que el consumidor opte por fabricarse su propia masa en casa. Una oportunidad para experimentar con ingredientes más sanos, con más beneficios para la economía y la nutrición personal.