El planeta Tierra está poblado por infinidad de seres vivos que van desde los microrganismos más insignificantes hasta… bueno, ¿hasta dónde? Lo cierto es que al pensar en seres vivos gigantes nos viene a la cabeza la típica ballena azul pero, desde que se descubrió el genoma, las cosas ya no son tan simples. Hay que tener en cuenta que los seres vivos más pequeños pueden formar colonias para mejorar la supervivencia y, de esta manera, vivir como si fueran uno. De esta manera, encontramos grandes aglomeraciones de organismos que antes pasaban desapercibidas pero, ahora, hacen frente a los gigantescos cetáceos.

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Las colonias de estos, sin embargo, no pueden ser consideradas como un mismo ser. La Gran Barrera de Coral, por ejemplo, sería la colonia de seres vivos más grande del mundo, pero el genoma delata que el arrecife está compuesto por muchos seres diferentes con distintos ADN. Por esta razón, el gigante de Oceanía, a pesar de que se ve desde el espacio, se cae de la lista de los organismos más grandes del mundo.

Pero no hay que decepcionarse, los seres vivos más grandes del mundo se miden en campos de fútbol. Los dos más grandes del mundo aparentan ser una agrupación de varias entidades (como la Gran Barrera de Coral), pero no lo son. Son un mismo ser y esto se demuestra por su ADN, que es exactamente el mismo en cada uno de los elementos que los componen. Un poco lioso, pero se entiende mejor cuando se conocen personalmente.

El hongo conquistador

El ser vivo más grande del mundo mide 880 hectáreas. No esperéis encontraros un monstruo de grandes fauces, el ser vivo más grande del mundo es un hongo. Sin embargo, hay que especificar que es el ser más grande por todo el terreno que ocupa, pero no por la masa que posee.

Este hongo pertenece a la especie Armillaria ostoyae y comenzó sus días siendo una simple espora. Hoy en día, su material genético se reparte por todo un bosque de Oregon, en Estados Unidos, formando distintos hongos de varios tamaños. El hongo comenzó esa particular colonización hace más de 2.400 años, algo lento si lo comparamos con la velocidad de expansión de las cafeterías Starbucks a nivel mundial.

Por tanto, aunque visualmente puedan parecer muchos hongos distintos, se puede decir que todos ellos son el mismo ser vivo porque su ADN es exactamente el mismo. (Mente explotando). Ese hongo es, sin duda, el ser vivo más grande porque ocupa más terreno. Sin embargo, existe un ser vivo con más masa que este hongo.

Es decir, si subiéramos a ambos seres vivos en una báscula, el hongo pesaría menos que él. Por tanto, este otro ser vivo puede considerarse como el ser vivo más masivo del planeta Tierra. Comparte con el hongo la nacionalidad: ambos son vecinos de los Estados Unidos de América, un país que confirma con estas dos presencias su gusto natural por las cosas a escala gigante (el Gran Cañón del Colorado, los rascacielos, los menús de McDonald’s…).

Un árbol que parece un bosque

Este ser se llama Pando, es natural de Utah, mide 43 hectáreas, pesa 6.600 toneladas y tiene 80 mil años. Aunque a primera vista podría parecer un bosque, en realidad es un solo álamo temblón. Su secreto se esconde bajo tierra: un único sistema de raíces muy complejo y del cual emergen tallos. Con el tiempo esos tallos se convierten en troncos y, en ellos, surgen hojas. Es decir, aparentemente son árboles diferentes. Sin embargo, al igual que el hongo, todos esos árboles comparten la misma genética. En total, son 47 mil troncos los que componen a Pando.

Pero, como todo lo que es natural en este planeta, los humanos nos lo estamos cargando. Un estudio publicado en PLOS ONE revela que los brotes de Pando son todo un manjar para los ciervos de la zona. Así ha sido siempre pero, ¿por qué Pando está retrocediendo precisamente ahora? Básicamente, por la acción del hombre. Pando ha estado siempre habitado por ciervos, pero también por lobos. Todos ellos convivían en un ciclo perfecto: los lobos cazaban a los ciervos y, de esta manera, no todos los brotes de Pando acababan en sus estómagos.

Cuando el humano entró en ese ciclo, lo hizo únicamente pensando en él: exterminó a lobos y a otros depredadores, y utilizó las tierras para criar ganado. Los herbívoros como los ciervos se vieron favorecidos por este cambio y aumentaron su población a costa de los abundantes brotes que daba Pando.

El estudio en cuestión se dedicó a poner vallas alrededor de parcelas del bosque para regular la entrada de ciervos a ciertas áreas. En las zonas valladas, Pando crecía y, en las que el acceso era libre, Pando retrocedía. Los investigadores advierten de que la solución no debe ser vallar a Pando sino controlar a las comunidades de herbívoros. Preferiblemente con depredadores naturales como los que fueron apartados (por si alguien de Utah estaba sacando brillo a su escopeta).