Corría el año 1889 cuando una ballena de dieciséis metros de longitud quedó varada en aguas de Valparaíso (Chile). En la capital, en Santiago, el Museo Nacional de Historia Natural llevaba abierto sesenta años y sus directivos pensaron que nada como una ballena para dar la bienvenida a los visitantes.

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Trasladar al cetáceo 115 kilómetros no fue una tarea fácil e hizo falta un tren y una serie de carretas para llevarla desde la estación hasta el museo. Los técnicos tardaron seis años en acondicionar el salón central donde se iba a ubicar y en preparar y montar el esqueleto del animal. De hecho, tuvieron que construir una poza de cal y ladrillo en el patio para la limpieza y maceración de los huesos.

Catalogada en un primer momento como ballena azul (Balaenoptera musculus), posteriores análisis indicaron que se trataba de una ballena de aleta (Balaenoptera physalus) y, en 2013, se reclasificó oficialmente como un rorcual norteño (Balaenoptera borealis).

Detalle de las uniones usadas en el nuevo montaje para ensamblar las vértebras. MNHN

El cambio no sentó bien a las autoridades. "La modificación no fue bien recibida por la autoridad de la época que se opuso al cambio debido a que la imagen del museo estaba asociada a la figura de la ballena azul, la especie más grande en la historia de la vida sobre la Tierra. Se pensó entonces que era preferible mantener el equívoco", señalan desde el centro.

Pero los investigadores hicieron públicos sus análisis en el año 2000 y las autoridades se vieron obligadas a admitir el cambio, que volvería a variar trece años después.

La puesta a punto del esqueleto

La ballena Greta fue bautizada así en honor a Grete Mostny, arqueóloga y directora del museo de 1964 a 1982. El nombre lo propuso un niño de seis años en un concurso celebrado en 2013.

Marcaje de las costillas en la ‘Operación ballena’, antes de desarmar y procesar el esqueleto. MNHN

El bautizo coincidió con la 'Operación ballena', doce meses de trabajo en los que los técnicos restauraron y limpiaron todo el esqueleto, con sus 57 vértebras. Las labores fueron laboriosas porque muchos de los huesos se habían perdido o estaban muy frágiles debido a la suciedad y a la huella de antiguas intervenciones.

Los expertos modificaron también la postura del esqueleto para corregir aspectos anatómicos y hoy el esqueleto de Greta luce tan espléndido como hace 120 años.