Embalse en Ciudad Real.

Embalse en Ciudad Real. Mariano Cieza Moreno EFE

Ecología MEDIO AMBIENTE

La sequía ha llegado para quedarse para siempre

Tras cerrar 2017 como el año más seco en lo que va de siglo, nadie se pregunta ya si 2018 volverá a ser de sequía, sino cómo de grave será.

“Cada día seco a partir de septiembre incrementará las posibilidades de sequía extrema para 2018” - advertía Ana Casals, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), al final del pasado verano. El agua en los embalses no llegaba al 43%, cuando la media hubiera sido de un 60%. Tras un otoño cálido y seco, ya nadie en la Península Ibérica se pregunta si 2018 será otro año de sequía, sino cómo de grave será. Las previsiones no son halagüeñas al respecto.

“La situación de sequía se ha prolongado desde entonces” - confirman desde AEMET a EL ESPAÑOL. En el momento de escribir estas líneas el agua embalsada está al 36,5%, cuando hace un año superaban el 50%. “Los meses de septiembre, octubre y noviembre han sido secos” - certifica la agencia. “La acumulación por cuencas principales sitúa el déficit global de precipitaciones a lo largo del año hidrológico en curso en un 55,5%”.

Un bloqueo anticiclónico – la persistencia en el tiempo del anticiclón de las Azores – nos ha brindado un prolongado verano, pero a pocos se le escapa de que fue un regalo envenenado. Necesitábamos un otoño de mal tiempo. “Conviene tener en cuenta que los meses de octubre a diciembre son los más lluviosos del año. Contribuyen a un 37% de la acumulación anual” - avisa AEMET. Actualmente estamos en el trimestre invernal, de diciembre a febrero, que contribuye con un 28%.

“En lo que supone el año hidrológico, la acumulación de precipitaciones desde el 1 de octubre al finalizar el invierno representa el 55% del año. Al finalizar la primavera es el 76%” - resumen los meteorólogos. “Por tanto, si al final de la primavera persiste la escasez, el margen de recuperación que resta, el 24%, es pequeño”. Especialmente teniendo en cuenta que en esos meses la precipitación suele estar asociada a tormentas y lluvias torrenciales, menos eficaces a la hora de reponer el agua embalsada.

¿Qué podemos esperar?

“El invierno es una estación en la que en nuestro país entran en juego patrones de teleconexión como la Oscilación del atlántico norte o la Oscilación del Ártico” - explica Mar Gómez, meteoróloga de eltiempo.es. En base a esos patrones climatológicos la previsión del portal es que el invierno “podría ser más húmedo de lo normal en prácticamente media España, especialmente en toda la mitad norte y Baleares, y mantenerse normal en lluvias en el resto del país”.

¿Serían un bálsamo para revitalizar al menos parte de las 16 provincias que están en alerta? “No es posible determinar a tres meses el carácter de esas precipitaciones” - aclara Gómez. Si siguen llegando en forma de fenómenos borrascosos y cliclogénesis explosiva, será una lluvia que deje destrozos pero pocas reservas. “Las previsiones estacionales nos indican una tendencia en precipitación y temperatura y nos muestran las anomalías, pero no podemos conocer si tendrán carácter torrencial o no”.

“En realidad, la situación ya es bastante preocupante” - advierte la metereóloga. “Hemos tenido el septiembre y octubre más secos en lo que llevamos de siglo. Nos pasará factura muy probablemente en verano, pero de hecho ya nos está afectando”. Por ejemplo, en la producción energética. “La generación de energía hidráulica y eólica ha caído en España respecto a 2016. Este imparable descenso ha aumentado los precios de consumo eléctrico”. En respuesta a la demanda, los ciclos combinados como el gas natural han subido de manera notable hasta un 42.6%.

Ya lo estamos pagando caro

“Los consumidores han pagado una media de 74 euros más de factura eléctrica hasta octubre. En Navidad podría batirse el récord, un 10% más” - advierte. Para compensar, las centrales térmicas han aumentado su producción y se ha quemado un 39.5% de carbón más que el año pasado, medidas que no van en la línea de reducir los efectos del cambio climático. Una energía limpia, la solar, se ha beneficiado discretamente del anticiclón, pero no contribuye ni al 3,5% del consumo total.

Otro efecto de la sequía sobre nuestros hábitos y bolsillos: el encarecimiento de ciertos productos de la huerta y carnes de ovino y cerdo. “Para la campaña 2017–2018, se espera una caída de la producción de la aceituna del 7,7%” - ilustra Gómez. Nuestra salud tampoco saldrá indemne, y las medidas de restricción al tráfico en las ciudades serán cotidianas. “Si se repiten anticiclones de bloqueo, los niveles de polución se incrementaran, produciendo problemas respiratorios y nuevas alergias invernales”.

Las medidas de gestión de la sequía y las restricciones al regadío se están tomando actualmente a nivel de municipios, Comunidades y Cuencas Hidrológicas. Dentro de la Ley de Cambio Climático y transición energética que pretende aprobar el Gobierno en 2018 se incluye una reforma del Consejo Nacional del Agua. “Habría que analizar la política de aguas y ordenar los recursos” - recomienda Gómez. Y mientras tanto, anteponer el sentido común: “Ducharse en vez de bañarse, no dejar frigos abiertos, tener cuidado con las fugas, reutilizar el agua y racionalizar el riego”.