Una manada de renos noruegos.

Una manada de renos noruegos. Per Harald Olsen / NTNU Flickr

Ecología Enfermedades infecciosas

Noruega sacrificará 2.000 renos para frenar la nueva "enfermedad de las vacas locas"

Una nueva patología priónica no vista hasta ahora en Europa ha llevado al gobierno noruego a tomar medidas extremas, con la compañía favorita de Santa Claus.

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Corrían los años 90 cuando todas las alarmas sanitarias estallaban con el anuncio de la enfermedad de las vacas locas, una grave patología que afectaba a las reses y estaba comenzando a contagiarse a las personas que comían su carne.

También conocida como encefalopatía espongiforme bovina, esta afección era causada por un tipo de proteínas conocidas como priones, cuyo plegamiento erróneo las lleva a formar agregados aberrantes que las convierten en agentes infecciosos.

Desde entonces esta enfermedad ha terminado con la vida de 200 personas en todo el mundo, por lo que los priones se han convertido en un motivo de temor que ha renacido recientemente, con la noticia de varios casos de infecciones en renos y alces noruegos.

En este caso se trata de la enfermedad de desgaste crónico (CWD por sus siglas en inglés), una patología priónica muy común en Estados Unidos -donde llega a afectar en algunas zonas hasta al 40% de los ejemplares de algunos rebaños- que ahora ha cruzado el Atlántico, infectando a unos pocos ejemplares del país nórdico.

Por el momento no se conocen casos de personas infectadas por comer su carne, pero aún es necesario establecer una serie de medidas de seguridad, con el fin de evitar que su difusión llega a los niveles de Norte América.

CWD, el terror de los cérvidos

Uno de los principales problemas a la hora de controlar la difusión de la enfermedad de desgaste crónico es que tarda de dos a tres años en comenzar a mostrar síntomas, por lo que hasta su detección ha podido contagiarse a otros muchos ejemplares.

Una vez pasado este tiempo, los animales empiezan a mostrar pérdida de peso, letargo y babeo y terminan por fallecer pocos meses después.

El primer animal infectado documentado en Noruega  fue detectado en 2016, cuando un equipo de biólogos se encontraba trabajando en las montañas de Nordfjella.  Se trataba de un ejemplar de reno joven, cuya autopsia, llevada a cabo en el Instituto Veterinario Noruego, concluyó que, efectivamente, se trataba de la enfermedad que estaba terminando con la vida de cientos de animales en Estados Unidos.

Esta noticia llamó la atención de un grupo de cazadores locales, que poco después dieron con dos ejemplares de reno enfermos en la ciudad de Selbu, a más de 800 kilómetros de distancia, y desde entonces no han parado de aparecer nuevos casos.

De hecho, análisis posteriores dieron con otros dos animales infectados, de nuevo en Nordfjella, pero los priones eran distintos a los de Selbu, por lo que no se cree que haya ningún vínculo entre ambas infecciones.

Transmisión misteriosa

Las autoridades noruegas ya han comenzado a tomar medidas para frenar la transmisión de la enfermedad y para ello sería idóneo saber cómo han llegado los priones desde Estados Unidos hasta allí.

Existen muchas teorías al respecto, como la orina de venado que se embotella y se exporta para ser usada como señuelo de cazadores, o las botas de montaña de algún viajero, que podrían llevar en sus suelas restos de heces u orina de algún animal infectado.

Sin embargo, la hipótesis más aceptada por el momento consiste en la generación espontánea de los priones, que pudieron producirse de forma aislada por el mal plegamiento de las proteínas en un animal concreto, difundiéndose después por el ambiente.

Se trata de una enfermedad de fácil contagio a través de fluidos como las heces, la orinas o la saliva, por lo que se hace muy difícil eliminarla de un paraje una vez establecido en él.

Por ese motivo, se ha dado permiso a los cazadores locales para cazar a partir de agosto a los 2000 animales que componen el rebaño de los animales infectados, los cuales suponen un 6% de la población silvestre nacional.

Una vez sacrificados, su carne podrá ser consumida, pero sólo si los análisis de priones dan negativo; ya que, si bien no se conocen casos de contagio a humanos, tampoco se conoce su seguridad con certeza.

Por otro lado, el paraje habitado por estos animales permanecerá en cuarentena durante cinco años, rodeado de límites pavimentados; que, por lo general, no suelen ser atravesados por estos animales.

Sin embargo, si alguno intenta salir o entrar de la zona, los guardas forestales tendrán que rastrearlos y matarlos para evitar nuevos contagios.

Parece ser que aún no es tarde y que todavía se puede poner freno a esta terrible enfermedad, que podría dar al traste con la población de estos animales tan característicos de los países nórdicos europeos.