Dos personas jubiladas.
La psicología dice que las personas mayores de 50 años que se sienten más viejas, se jubilan antes
Ni edad real ni generación: sentirse viejo en el trabajo puede influir en cuándo llega la jubilación.
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Dos personas pueden tener 60 años y vivir su edad de maneras completamente distintas. Una puede sentirse todavía joven, capaz de aprender y con energía para continuar trabajando. La otra puede percibirse mucho más mayor de lo que indica su documento de identidad y comenzar a considerar que su etapa laboral debería terminar
Esa diferencia psicológica parece influir en las decisiones reales. Un estudio publicado en 2026 en Frontiers in Psychology concluye que los trabajadores mayores de 50 años que se sienten más viejos presentan una probabilidad mayor de estar jubilados posteriormente, especialmente cuando ya habían expresado su intención de abandonar el empleo.
Los investigadores utilizaron datos de la Encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa, conocida como SHARE. La muestra quedó formada por 3.075 personas de 27 países europeos e Israel que tenían al menos 50 años y continuaban trabajando al comienzo del seguimiento.
Su edad media era de 61,9 años y el 51,6% eran mujeres. En la primera evaluación, realizada entre 2019 y 2020, los participantes respondieron si les gustaría jubilarse tan pronto como pudieran. Un 47,5% contestó afirmativamente.
En una encuesta posterior se les formuló una pregunta muy sencilla: “¿Qué edad siente que tiene actualmente?”. Los científicos compararon esa respuesta con la edad cronológica de cada participante. De media, las personas se sentían 6,2 años más jóvenes de lo que realmente eran, pero existían grandes diferencias individuales.
Finalmente, los investigadores comprobaron entre 2021 y 2022 quiénes seguían trabajando y quiénes se identificaban como jubilados. El análisis tuvo en cuenta la edad real, el sexo, los ingresos, la educación, el lugar de residencia, la convivencia en pareja, el cobro previo de una pensión, las enfermedades crónicas y las limitaciones de salud.
Los resultados mostraron que sentirse mayor que la propia edad se asociaba con una probabilidad superior de haberse jubilado. Esta relación permaneció después de introducir los factores demográficos, económicos y sanitarios en el modelo estadístico.
El efecto era especialmente evidente entre quienes ya deseaban dejar el trabajo. Tener intención de jubilarse multiplicaba por 2,58 las probabilidades estadísticas de aparecer posteriormente como jubilado. Además, cada año añadido a la edad subjetiva reforzaba la asociación entre esa intención y la conducta final.
Sentirse mayor no depende solo del cuerpo
La edad subjetiva no es una estimación médica del envejecimiento biológico. Describe cómo se percibe una persona en comparación con los años que ha cumplido y puede integrar sensaciones físicas, expectativas, identidad, estado emocional y experiencias sociales.
Alguien puede sentirse joven porque conserva autonomía, participa en actividades estimulantes y observa posibilidades de futuro. Otra persona de la misma edad puede sentirse vieja debido al cansancio, una enfermedad, el estrés laboral o la impresión de que su entorno ya no espera que continúe desarrollándose.
El trabajo también contribuye a construir esa percepción. Una investigación anterior con empleados estadounidenses comprobó que la edad subjetiva podía fluctuar de un día a otro y relacionarse con los acontecimientos positivos y negativos, la presión y el estado físico experimentado durante la jornada.
Las condiciones laborales sostenidas parecen tener un papel todavía más amplio. Un estudio con trabajadores austriacos mayores de 45 años encontró que la salud autopercibida y las características del empleo contribuían de forma independiente a explicar cuántos años sentían tener.
La falta de control sobre el horario se relacionó con el deseo de retirarse aproximadamente tres años antes. Quienes consideraban su empleo físicamente agotador preferían jubilarse unos 2,6 años antes de media. Las oportunidades de aprender, la variedad de tareas y la posibilidad de organizar el tiempo se asociaron, en cambio, con una percepción más joven y con el deseo de permanecer más tiempo en activo.
Estos resultados sugieren que sentirse viejo en el trabajo no siempre procede del envejecimiento individual. Un empleo rígido, repetitivo o físicamente exigente puede hacer que una persona perciba más claramente sus limitaciones y empiece a imaginar la jubilación como una salida.
El edadismo puede intervenir de manera similar. Recibir comentarios sobre una supuesta falta de adaptación, quedar excluido de formaciones o comprobar que las oportunidades se reservan a compañeros más jóvenes puede convertir la edad cronológica en una parte central de la identidad profesional.
Los autores del nuevo estudio explican el resultado mediante la motivación basada en la identidad. Cuando alguien comienza a verse como una persona mayor y próxima al final de su vida laboral, jubilarse puede parecer una decisión más coherente con la imagen que mantiene de sí misma.
La edad subjetiva actuaría así como un puente entre pensar en la jubilación y dar finalmente el paso. No crea por sí sola el deseo de dejar de trabajar, pero puede intensificar una intención que ya existía y facilitar que se transforme en una conducta concreta.
El proceso también puede funcionar en dirección contraria. Prepararse para abandonar el empleo, hablar frecuentemente de la jubilación o dejar de imaginar proyectos profesionales puede llevar a una persona a sentirse mayor. Un trabajo longitudinal con 337 empleados y seis evaluaciones durante 15 meses encontró precisamente que las intenciones de jubilarse predecían aumentos posteriores de la edad subjetiva, mientras que el camino inverso no apareció con la misma claridad.
Por ese motivo, el nuevo estudio no demuestra que sentirse viejo cause una jubilación anticipada. Detecta una asociación temporal y estadística entre la percepción de la edad y el estado laboral posterior, pero ambas variables pueden influirse mutuamente o responder a circunstancias compartidas.
La investigación presenta otras limitaciones. La edad subjetiva se preguntó después de medir la intención inicial de jubilarse, el periodo analizado coincidió con la pandemia y existían grandes diferencias entre los sistemas de pensiones de los 27 países. De hecho, una cuarta parte de la variación en el estado de jubilación podía atribuirse a diferencias nacionales.
La muestra tampoco permite afirmar que estas personas se jubilaran a una edad exacta determinada ni trasladar directamente los resultados a cualquier trabajador español. Lo que se comprobó fue que, dentro del periodo de seguimiento, quienes se sentían relativamente mayores tenían más probabilidades de declararse jubilados.
La salud y el dinero continúan siendo decisivos. Presentar dos o más enfermedades crónicas se asoció con una probabilidad un 32% superior de jubilación, y la legislación de cada país determina cuándo resulta posible abandonar el empleo y con qué ingresos.
Sentirse más joven tampoco debería convertirse en una obligación individual ni en una fórmula para retrasar la jubilación. Una persona puede desear retirarse por razones legítimas aunque se encuentre bien, mientras que otra puede necesitar seguir trabajando pese a sufrir cansancio o problemas de salud.
La conclusión relevante para las empresas es distinta. Adaptar las tareas, reducir la carga física, ofrecer flexibilidad y mantener oportunidades de aprendizaje podría evitar que los trabajadores mayores se sientan desplazados antes de tiempo.