arias jóvenes brindan con alcohol, cuyo consumo se ha disparado en los últimos años en Barcelona.

arias jóvenes brindan con alcohol, cuyo consumo se ha disparado en los últimos años en Barcelona. EUROPA PRESS

Ciencia

Científicos confirman que beber alcohol reduce la comunicación entre regiones del cerebro en solo 30 minutos

Incluso pocas copas bastan para que el cerebro pierda coordinación global y se encierre en sí mismo.

Más información:"Yo no bebo mucho, bebo lo normal": la frase manida en España que puede esconder un problema de alcoholismo

Publicada

Las claves

Consumir alcohol reduce la comunicación global entre regiones cerebrales en solo 30 minutos, según un estudio reciente.

El cerebro intoxicado presenta más eficiencia local y agrupamiento, pero pierde coordinación entre áreas distantes, afectando su funcionamiento general.

La desconexión cerebral causada por el alcohol puede explicar por qué dos personas con el mismo nivel en sangre se sienten diferente de ebrias.

El lóbulo occipital, clave para la visión, es una de las zonas más afectadas, lo que se relaciona con síntomas como visión borrosa y peor percepción espacial.

Bastan unas cuantas copas para que el cerebro deje de funcionar como una red amplia y coordinada y empiece a trabajar de forma más encerrada en sí misma. Esa es la idea central de un estudio reciente que pone cifras a algo que mucha gente reconoce sin saber explicarlo.

El trabajo, publicado en Drug and Alcohol Dependence, analizó a 107 adultos sanos de entre 21 y 45 años en dos sesiones doble ciego. En una tomaron alcohol hasta alcanzar un objetivo de 0,08 g/dL; en otra, una bebida placebo.

Media hora después, los participantes pasaron por una resonancia magnética funcional y los investigadores calcularon cómo se comunicaban 106 regiones cerebrales. Lo que apareció fue un patrón muy concreto: más eficiencia local y más agrupamiento, pero menos integración global entre áreas distantes.

No puede trabajar en conjunto

Traducido a lenguaje menos técnico, el cerebro intoxicado no deja de hablar, pero cambia de estilo. En lugar de compartir información con soltura entre barrios lejanos de la ciudad, concentra más tráfico dentro de zonas concretas y pierde parte de esa coordinación de conjunto.

Ese matiz ayuda a entender por qué dos personas con niveles de alcohol parecidos pueden no sentirse igual de ebrias. En el estudio, la caída de la eficiencia global y el aumento del agrupamiento local predijeron una sensación subjetiva de intoxicación más intensa.

No es un detalle menor, porque la embriaguez no depende solo de cuánto alcohol haya en sangre, sino también de cómo reacciona la red cerebral. El hallazgo sugiere que parte de esa diferencia individual puede estar en el grado de desconexión funcional que provoca el alcohol.

Una de las zonas donde el estudio detectó menos integración global fue el lóbulo occipital, clave para procesar la información visual. Eso encaja bastante bien con síntomas conocidos de la intoxicación aguda, como visión borrosa, peor percepción espacial o respuestas más torpes.

Los autores no midieron directamente conducta, impulsividad o juicio moral en ese momento y deducen parte de esas implicaciones a partir del modelado de red, descubriendo que este proceso comienza a los 30 minutos de la ingesta.

También hay otra cautela importante: se trata de cerebros en reposo, no realizando tareas complejas, y de bebedores sociales sanos, no de personas con consumo problemático crónico. Eso limita mucho cualquier salto rápido hacia conclusiones clínicas más amplias.

Aun con esas reservas, el trabajo no nace de la nada. Ya en 2012, un estudio en PLOS One había descrito que el alcohol modificaba la conectividad funcional del cerebro en reposo en bebedores sociales, aunque con metodologías y lecturas de red distintas.

Lo interesante del nuevo estudio es que desplaza el foco desde regiones aisladas hacia la arquitectura completa del sistema.

La ingesta de alcohol ya sabemos que no solo afecta al cerebro, lo reorganiza, aunque sea temporalmente: menos conversación coherente y compleja, más procesamiento de cercanía y una mente que se siente mucho más desconectada.