La oniomanía es más frecuente en mujeres que en hombres.

La oniomanía es más frecuente en mujeres que en hombres. Javier Carbajal E.E.

Ciencia

El infierno de Almudena, adicta a las compras desde adolescente: "Dejé de pagar la hipoteca, me lo gastaba todo"

La Navidad es una época muy complicada para las personas con oniomanía por el bombardeo constante de publicidad de todo tipo de productos.

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Las claves

Almudena Jiménez sufrió adicción a las compras desde la adolescencia, lo que la llevó a dejar de pagar la hipoteca y acumular importantes deudas.

La oniomanía, o adicción a las compras, afecta al sistema de recompensa del cerebro y puede generar euforia incluso con solo fantasear con comprar.

Las fechas como Navidad y el Black Friday agravan el problema debido al bombardeo publicitario y la facilidad de compra online.

Almudena logró controlar su impulso tras ingresar en un centro de desintoxicación y recibir ayuda profesional, aunque reconoce que aún le queda camino por recorrer.

Comprar es un acto tan común que muchas veces no paramos a pensar qué nos lleva a hacerlo. Continuamente visitamos supermercados, farmacias, tiendas de ropa, librerías o gasolineras. Algunas veces para adquirir cosas necesarias, pero otras podemos hacerlo simplemente por capricho.

En la mayoría de las personas estos actos no tienen ninguna importancia, pero se convierten en un problema cuando se convierten en adicción. Almudena Jiménez (Madrid, 56 años) sabe lo que supone.

Para ella, su problema comenzó muy joven. Ya de adolescente tenía mucha facilidad para gastarse el dinero en cosas que no necesitaba. "Era muy caprichosa", reconoce. Al principio, ni ella ni su entorno le daban importancia, casi lo trataban como algo gracioso.

Sin embargo, con el paso del tiempo se acabó convirtiendo en un problema. Se gastaba todo el dinero en cosas que no necesitaba y llegó a tener importantes deudas. "Dejé de pagar la hipoteca, me gastaba todo el dinero en compras", lamenta la madrileña.

No es algo extraño. Las personas con oniomanía o adicción a las compras acaban consumiendo por encima de sus posibilidades y eso hace que vayan adquiriendo deudas que van creciendo, explica Antón Durán, director y psicólogo de la Fundación Hay Salida, que trabaja con personas con problemas de adicción.

Empiezan con montos pequeños, emplean tarjetas de crédito, para abonar las compras más adelante, o financian los productos para poder pagarlo a plazos. Con el paso del tiempo, todos esos gastos se van acumulando y son cada vez más difíciles de afrontar.

En la adicción a las compras, el cerebro funciona exactamente igual que en las que implican sustancias u otro tipo de conductas, como la ludopatía. A través de ese comportamiento consiguen un sentimiento de euforia que les ayuda a olvidarse de su propio malestar.

Afecta al sistema de recompensa del cerebro y, en este caso, es la compra compulsiva la que propicie esa descarga de dopamina y de serotonina, expone Luis Rebolo, director de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del centro Vithas Aguas Vivas, en Valencia.

Esa sensación la consiguen, incluso, solo fantaseando con hacerlo, sin llegar a ejecutar la compra, explica Durán. Jiménez sabe de lo que habla y reconoce que ha pasado horas en la página web de una tienda llenando el carro virtual de productos, eligiendo prendas de ropa, con talla y color, pero sin llegar a comprarlo.

"Solo con pensar que iba a hacerlo ya me calmaba porque genera una satisfacción inmediata", dice la madrileña. Igual que en los demás tipos de adicción, las personas que sufren este problema utilizan la conducta para llenar un vacío o acallar profundos problemas que les atormentan.

En el caso de Jiménez, esta era su forma de amortiguar varios traumas infantiles y una vida que no ha sido nada fácil, como describe en conversación con EL ESPAÑOL.

Tanto Durán como Rebolo desgranan que es un problema más común en mujeres que en hombres, sobre todo porque, tradicional y culturalmente, ellas suelen encargarse de las compras en la familia, sean del tipo que sean.

Lo más habitual es que esas compras compulsivas sean de ropa o complementos, pero ocurre con todo tipo de productos, dice Rebolo. Jiménez reconoce que ha tenido esta conducta incluso en las gasolineras: "Me gastaba 20 euros en diésel para el coche y 40 en otros productos".

A veces la madrileña ni siquiera era consciente de que estaba comprando. "He llegado a tener cosas en casa con la etiqueta puesta y no acordarme de ello", lamenta. Cuando la veía, ni siquiera sabía cuándo, dónde o para qué la había adquirido.

Le pasó lo mismo con la bisutería: "Tengo una joyería en mi casa", dice arrepentida de todos esos gastos innecesarios.

Los hombres también pueden sufrir ese problema, aunque en ellos tiene mucho que ver con la adicción a las pantallas y las nuevas tecnologías, dice Rebolo.

Un infierno en Navidad

Para un oniómano, estas fechas "son una de las peores épocas del año", lamenta Jiménez. La suma del Black Friday, las ofertas para las compras navideñas y las rebajas, que empiezan justo el 7 de enero, son un cóctel perfecto para la compra impulsiva.

La suma da como resultado más de un mes de bombardeo publicitario del que no es posible librarse ni quedándose en casa. "Buscas algo en Google y no para de aparecer publicidad, nos lo meten por los ojos", dice la madrileña.

Ambos expertos coinciden con ella en que son fechas muy complicadas porque los adictos están expuestos a todos los detonantes posibles de su problema. "Es como llevar a alguien con problemas por consumo de alcohol a una licorería", señala Rebolo.

Además, todo se ve acentuado con las compras online. Ni siquiera hay que moverse de casa, con un solo clic se puede adquirir cualquier cosa. La propia Jiménez cuenta que es algo "difícil de gestionar".

De hecho, ella misma se ha sorprendido más de una vez con una tienda online abierta en el navegador de su teléfono móvil sin saber muy bien en qué momento había accedido a ella.

Por un lado, las técnicas de microtargeting (anuncios personalizados según las preferencias del consumidor) potencian el bombardeo. Por otro, el hecho de realizar el pago con una tarjeta bancaria anestesia ese gasto. Como no se ve físicamente el dinero, no se percibe como una pérdida inmediata y no causa la misma sensación, desgrana Rebolo.

Jiménez ahora sabe reconocer todos esos elementos y ha conseguido controlar, en la mayoría de las ocasiones, ese impulso por las compras. Decidió pedir ayuda después de un conflicto con uno de sus hijos por cogerle sus ahorros, 800 euros, y gastarlos en compras.

Lo iba cogiendo poco a poco y pensaba reponerlo, pero cuando se quiso dar cuenta ya no quedaba nada y al ir al banco a sacar dinero para devolverle todo el monto solo le quedaban 50 euros en la cuenta y estaba a mitad de mes. Ahí se dio cuenta de que necesitaba ayuda.

De eso hace tres años. Decidió ingresar en un centro de desintoxicación en Cádiz, donde estuvo dos meses. Al salir de ahí, volvió a Madrid y se fue a vivir un año en un piso tutelado de la Fundación Hay Salida para seguir con el proceso de recuperación.

Gracias al tratamiento sabe reconocer cuándo quiere hacer una compra porque la necesita realmente y cuándo es una decisión impulsiva. No obstante, afirma que todavía le queda mucho camino para conseguir superarlo del todo y ha tenido algunas recaídas.

La madrileña tiene claro que el suyo es un problema que no podía afrontar sola. Solo pueden abordarse con ayuda profesional, no hay otra manera, insiste. "A mí me han salvado la vida".