Peter Stonn, a la izquierda, y Wolfgang Schmitz, derecha, creadores del método Improved Reading.

Peter Stonn, a la izquierda, y Wolfgang Schmitz, derecha, creadores del método Improved Reading.

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El hombre que enseña a leer más rápido 'borrando' lo que nos enseñaron en la escuela

Berlín

Kim Peek era aquel estadounidense hecho famoso gracias a la película Rain Man (Barry Levinson, 1988). En ese film, Dustin Hoffman encarnaba a un hombre autista con extraordinarias capacidades intelectuales. Se dice que Peek, el de la vida real, era capaz de recordar el contenido de los varios miles de libros que había leído. Los ojos de Peek eran capaces de leer independientemente cada una de las dos páginas del libro al que se enfrentaba. Leía a gran velocidad.

De Peek, fallecido en 2009 a los 58 años de un ataque al corazón, también se cuenta que podía leer y memorizar un libro entero en una hora. Entre las varias afecciones que sufría, su cerebro carecía de cuerpo calloso, una zona de fibras nerviosas que permite la comunicación entre el hemisferio izquierdo y el derecho. Capacidades como las de Peek son algo fuera de lo común, algo único. Pero hay quien todavía hoy se presenta como capaz de leer al más puro estilo Peek.

El también estadounidense Howard Berg se muestra a sí mismo como "el lector más rápido del mundo", capaz de devorar con la vista hasta 25.000 palabras por minuto. De ser cierto, Berg podría leerse todo El Quijote en 18 minutos. Por increíble que parezca, sus méritos están registrados desde 1990 en el Libro Guinness de los récords. Con ese título de "lector más rápido del mundo", Berg se dedica ahora, entre otras cosas, a enseñar a leer más rápido.

En Europa, con un estilo ciertamente más sobrio, lleva casi dos décadas en activo Improved Reading, una empresa dedicada a la mejora de las capacidades lectoras de sus clientes y alumnos. Peter Stonn es uno de sus responsables. Se muestra muy escéptico ante reivindicaciones como las que hacen gente como Berg. Más que nada, porque no le salen las cuentas.

"En cada golpe de vista que dan los ojos a un libro al leer caben dos o tres palabras. Imaginemos que una línea de un libro tiene 12 palabras, o sea, que una línea se lee en cuatro golpes de vista", analiza Stonn para EL ESPAÑOL. "Los ojos necesitan un cuarto de segundo por cada golpe de vista, por eso, un buen lector necesita ya un segundo por línea. En 60 segundos ese lector habrá leído entre 480 y 720 palabras", agrega. Muy lejos quedan las 25.000 palabras por minuto de Berg.

Stonn no cree en valores que estén por encima de las cifras que él calcula. "Claro está, cuando leo una palabra por línea y luego el resto me lo imagino, teniendo además mucha formación previa sobre el tema y ya sé de qué va el texto, entonces leo muy rápido. Pero, en realidad, eso no es leer", abunda.

Stonn y compañía están muy lejos de ofrecer números como los que reivindica Berg, "el lector más rápido del mundo", o el también estadounidense George Stancliff, otro "maestro" de lo que se ha venido a llamar "lectura rápida". Stancliff ha asegurado que ha enseñado a leer a ritmos de hasta 18.000 palabras por minuto. La "lectura rápida" es sencillamente, para sus críticos, "echar una ojeada", según ha explicado Peter Roesler, miembro de la Sociedad alemana para la Investigación Científica de las Paraciencias (GWUP, por sus siglas en alemán).

Una técnica alejada de la magia

En las clases que imparten los entrenadores -así los llama Stonn– de Improved Reading, el objetivo no es aprender a echar una rápida ojeada, sino leer. "Nosotros renunciamos completamente a la magia", dice Stonn. Los cursos son intensivos, dos días en los que los participantes no paran de hacer ejercicios para, primero, dejar de leer como les enseñaron en la escuela y, segundo, aplicarse en leer más rápido, evitando hacerlo lentamente, moviendo los labios y volviendo atrás en la lectura.

"En la escuela se enseña a leer mirando palabra por palabra, nosotros tenemos técnicas para mirar y leer grupos de tres o cuatro palabras que tengan sentido", explica Stonn. "También trabajamos el evitar que la gente vaya hacia atrás en la lectura. Porque mucha gente lee para delante y para atrás, es decir, releen. Eso lanza los ojos hacia delante y hacia atrás. En las clases tenemos un entrenamiento en el que se evita que los ojos salten hacia atrás. Hacemos que se mantengan saltando siempre hacia delante. Así se consigue leer más rápido", apunta.

Para ello, se utiliza, sobre el papel, una herramienta que tapa lo leído a medida que se avanza en la lectura. Debido a lo implantada que está ya la lectura en dispositivos digitales, los "entrenadores" de Stonn llevan todos tablets con una aplicación desarrollada por Improved Reading que obliga precisamente a ir siempre hacia delante en la lectura, ennegreciendo lo leído a medida que se avanza con los ojos.

Las enseñanzas también incluyen "estrategias de lectura". "Esto ha estado centrado en los últimos años en la lectura de artículos científicos y en cómo leerlos de forma inteligente. Pero ahora, en realidad, estamos hablando fundamentalmente de textos digitales y cómo optimizar la lectura ante la pantalla", sostiene Stonn. "Nuestros clientes son gente interesada en encontrar respuesta a la pregunta: ¿Cómo podemos ayudar a nuestros empleados a leer cuando tienen que estar ocho horas al día frente a la pantalla?", agrega.

Antes de empezar las clases, el alumno se somete a un test de velocidad de lectura y de comprensión lectora. A medida que se van haciendo ejercicios durante el día de curso se realizan nuevas pruebas para medir la mejora en lo que Stonn llama "índice de eficiencia lectora", valor que aúna velocidad y porcentaje de comprensión. "En nuestros cursos, cerca del 80% dobla su velocidad de lectura", comenta un Stonn orgulloso.

Miles de alumnos al año desde hace casi dos décadas

Su empresa cuenta cada año entre 2.500 y 3.000 alumnos en cursos presenciales a los que se suman otros 1.000 matriculados a cursos online. La firma lleva en activo 17 años, desde que Wolfgang Schmitz adaptó al alemán el concepto didáctico ideado por el australiano Stan Rodgers hace ya 50 años. Rodgers es el "padre" de la lectura eficiente que promueve Improved Reading.

Instituciones científicas germanas de prestigio internacional como el Instituto Max Planck ponen de modo recurrente a sus empleados en manos de los "entrenadores" de Improved Reading. También hacen lo mismo en empresas públicas, privadas y ministerios.

En vista de su clientela, Stonn no considera su empresa en competencia con los emprendedores que dicen enseñar a leer a increíbles velocidades. "'¡Haz el curso y podrás leer 20 libros en un día!' y ese tipo de ofertas son tan realistas como las que prometen adelgazar sin hacer deporte o las que dicen: '¡Come lo que quieras y adelgazarás!'", mantiene irónico el responsable de Improved Reading. "Yo llevo diez años en esto y he visto mucha gente vender el alcanzar capacidades de lectura extraordinarias con no sé qué técnica. Pero nunca he visto a nadie poseer esas capacidades", abunda.

A su favor está el hecho de que, con el tiempo, se ha terminado aceptando que, con determinadas técnicas, se puede leer mejor sin necesidad de aspirar a resultados extraordinarios. No prometen Stonn y compañía alcanzar las proezas de Peek ni luchar por el título de "lector más rápido del mundo" que detenta Howard Berg. No es ese su negocio. El suyo pasa por afirmar que "mejorando la eficiencia lectora un 25%", una persona del ámbito académico puede ganar "hasta diez días al año", dicen en Improved Reading.

No obstante, según recuerda Stonn, los cursos que ofrece su compañía dependen, sobre todo, del alumno. "Yo no puedo decir que uno empieza así y termina de otra manera. No hay una velocidad media que se adquiera por hacer el curso. Porque cada uno lee a su ritmo", dice el responsable de Improved Reading.

"Hay gente que viene con 100-120 palabras por minuto y luego alcanza las 300 y queda contenta. Luego, hay quien llega con 350 palabras por minuto y terminan con 500 palabras por minuto. Lo único que está claro es que todo el mundo puede mejorar", concluye.

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