De izquierda a derecha, Ben Barres, Sally Ride y Josephine Baker.

De izquierda a derecha, Ben Barres, Sally Ride y Josephine Baker.

Ciencia Día del Orgullo Gay

Más allá de Alan Turing: cinco científicos LGTBIQ que no conocías

La homosexualidad y la transexualidad han sido tabú en el mundo científico. Recordamos a hombres y mujeres que lucharon por la ciencia y su orientación sexual.

Si preguntáramos por un científico homosexual, la mayoría recodaría al matemático Alan Turing, cuya fama se incrementó gracias a la película Descifrando Enigma (2014). ¿Y más allá de Turing? Bajo las siglas LGTBIQ se engloba un amplio colectivo de personas lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersexuales (con características sexuales de otro género) y queers (que no quieren clasificarse en una orientación sexual).

El mundo académico en el que se desarrolla la ciencia, dominado por los cánones tradicionales, no es un entorno fácil donde hablar de la orientación sexual. "Es imperativo ser tú mismo porque gastas mucha energía escondiéndote o mintiendo", aconseja en conversación telefónica desde California (EE.UU.) Rochelle Diamond, investigadora de Biología en Caltech (EE.UU.) y presidenta de NOGLSTP, la Organización Nacional de Científicos y Técnicos Profesionales Gais y Lesbianas de Estados Unidos.

No obstante, la investigadora reconoce que depende mucho del lugar en el que se viva, puesto que aún hay países donde la homosexualidad sigue siendo fuertemente castigada. Los científicos y científicas que detallamos a continuación son ejemplos de lucha y valentía, con independencia de que salieran o no del armario. Cinco mentes brillantes de cuyo legado disfrutamos.

Sally Ride, pionera espacial

Además de ser la primera estadounidense en viajar el espacio, la física Sally Ride (1951-2012) fue la primera astronauta LGTBIQ conocida de la NASA. Pero no lo confesó en vida. Tras fallecer de cáncer de páncreas en 2012, se hizo público que su pareja durante 27 años había sido la profesora universitaria Tam O’Shaughessy.

"Quien la sacó del armario públicamente fue su hermana, también lesbiana, cuando oficiaba su funeral", cuenta a EL ESPAÑOL Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona (Navarra) y fundador de la web Ciencia LGTBIQ.

Tras estudiar Física en Stanford, Ride leyó en el periódico que buscaban mujeres astronautas y no lo dudó. El 18 de junio de 1983 hizo historia al formar parte de la tripulación de la misión STS-7, a bordo del transbordador espacial Challenger. Su segunda misión espacial tuvo lugar un año después, en el mismo transbordador.

"La NASA es un entorno conservador en muchas cosas, al ser un organismo público con tanta proyección social. Prefieren que sus estrellas, los y las astronautas, se mantengan en un plano blanco y aceptable para todos los públicos", sostiene Armentia.

Durante su etapa en la agencia espacial, Ride se casó con el también astronauta Steve Hawley pero se divorciaron en 1987. Concluida su etapa en la NASA, la física trabajó como profesora en la Universidad de California San Diego y dedicó sus esfuerzos a que las niñas se interesaran por las carreras de ciencias.

Ella y su pareja escribieron varios libros de divulgación científica y juntas fundaron la organización Sally Ride Science, cuyo objetivo es inspirar a los jóvenes en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y promover la educación en estas disciplinas.

Ben Barres, el neurobiólogo activista

El cáncer de páncreas también acabó con la vida del neurobiólogo estadounidense Ben Barres (1954-2017). Sus investigaciones sobre las células gliales, un tipo de células nerviosas, le valieron el reconocimiento de la comunidad científica internacional.

"Además de un científico de excepción, el de Ben Barres es un caso único, al haber sido científica en su época joven y científico en su época más madura", recuerda a EL ESPAÑOL Marta Macho-Stadler, profesora del departamento de Matemáticas de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

Hasta que en 1997 cambió de género, Barres vivió 40 años en el cuerpo de una mujer y se llamaba Bárbara. Su larga formación investigadora hasta que consiguió una plaza en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford la vivió como mujer y experimentó el sexismo imperante en el mundo académico, que denunció ya como Ben.

Macho-Stadler recuerda cómo un asistente a una de sus conferencias que también le había escuchado cuando era Bárbara comentó que su trabajo era mucho mejor que el de su hermana, desconociendo que se trataba de la misma persona.

"En un campo tan competitivo como el de la neurobiología, su experiencia única, su valentía al cambiar de sexo y su defensa de las mujeres son dignas de agradecer", afirma la matemática. Barres también fue el primer científico transgénero que ingresó en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos en 2013. El científico confiaba que el cargo sirviera para visibilizar y ayudar a otros jóvenes científicos transexuales o del colectivo LGTBIQ en general.

Otro referente en el estudio de las células gliales pero dentro de nuestras fronteras fue Pío del Río Hortega. Como recordaba hace unas semanas en este periódico José Pichel, el científico llegó a trabajar en el laboratorio de Santiago Ramón y Cajal, aunque las habladurías sobre su homosexualidad y su ideología de izquierdas le perjudicaron en su carrera investigadora.

Rheticus, el discípulo de Copérnico

La figura de Nicolás Copérnico es una de las más conocidas dentro y fuera de la astronomía. Su defensa de la teoría heliocéntrica –son los planetas quienes giran alrededor del Sol y no al contrario– supuso una auténtica revolución científica. Pero el astrónomo no estaba solo en esta gesta. Tuvo un discípulo que le ayudó a difundir su obra: el matemático austriaco Georg Joachim Rheticus (1514-1574).

Durante los tres años que trabajó con Copérnico en Frombork (Polonia), Rheticus le convenció para que publicara su obra. Él mismo, en sus puestos académicos posteriores, explicó la teoría copernicana, contribuyendo a su expansión. Cuando daba clases en Leipzig (Alemania), un comerciante le acusó de cometer "vil sodomía" en su hijo y tuvo que abandonar la ciudad en 1551. Como recuerda Armentia, el juicio acabó en una condena que le exiliaba de la ciudad alemana durante 101 años.

"Rheticus fue un científico que dominaba diversos saberes. Deberían valorarse únicamente sus aportaciones, no sus inclinaciones, que forman parte de su ámbito privado", aduce Macho-Stadler.

El secreto del cirujano James Barry

El caso del cirujano irlandés James Barry (1795-1865) continúa rodeado de misterio. Nacido como Margaret Ann Bulkley, asumió una identidad masculina para poder estudiar Medicina y, posteriormente, ingresar en la Armada británica como cirujano.

¿Era una persona transexual o se vio obligada a cambiar de identidad para poder ejercer de médico? Nadie lo sabe. Algunos expertos apuntan a que el suyo fuera un caso de intersexo. "Fue una vida dura, de cualquier manera, ya sea camuflada tras la identidad de un hombre o encarcelado en un cuerpo de mujer", asegura Macho-Stadler.

Entre sus logros médicos destaca haber realizado la primera cesárea en África con éxito. Al bebé lo llamaron James Barry en su honor.

Cuando falleció, la persona encargada de preparar el cuerpo para el entierro fue la que descubrió que se trataba de una mujer. Su cuerpo también presentaba huellas de un embarazo varias décadas atrás, algo que Barry también se llevó a la tumba.

Sara Josephine Baker, la defensora de los pobres

Sara Josephine Baker (1873-1945) fue una conocida médica estadounidense que trabajó por mejorar la salud de las poblaciones inmigrantes, especialmente los niños, de los barrios más castigados de Nueva York.

"Fue una pionera en preocuparse por la medicina de los pobres y en darse cuenta de la importancia de la salud pública y eso la hizo muy grande", resume Armentia.

Cuando la contrataron como inspectora en el departamento de Salud, vestía con trajes masculinos y la conocían como "Dr. Joe". Vivió muchos años con su pareja, la escritora Ida Alexa Ross Wylie.

En su caso, parece que la homosexualidad no jugó en contra de su brillante carrera médica. "Era lo suficientemente famosa como para merecer respeto hasta de sus enemigos y fue reconocida", destaca Armentia.