El actor Michael J. Fox, enfermo de párkinson.

El actor Michael J. Fox, enfermo de párkinson. Gtres

Ciencia Neurología

Dos tazas de café al día sirven para detectar si sufres párkinson y no lo sabes

Después de un consumo similar los niveles en sangre de esta sustancia en estos pacientes son mucho menores que los de las personas sanas.

A medida que la calidad de la medicina mejora y la esperanza de vida de la población aumenta, también se incrementa el número de diagnósticos de ciertas enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer o el párkinson.

Lamentablemente, de momento no existe una cura definitiva para este tipo de trastornos, pero sí que se han desarrollado tratamientos que pueden ralentizar bastante el transcurso de la enfermedad, mejorando la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, para que estos tratamientos puedan ser efectivos, es necesario que se dé una detección precoz del mal, antes de que los síntomas sean demasiado graves.

Son muchos los marcadores que se han estudiado al respecto, pero ninguno tan curioso como el que acaba de descubrir un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de Tokio. Y es que, según el estudio que han publicado en la revista Neurology, los pacientes que se encuentran en las fases más tempranas del párkinson, procesan la cafeína de una forma diferente a como lo hacen las personas sanas. Esto propiciaría que los niveles en sangre de dicha sustancia fuesen más bajos y, si bien no se conocen las causas del fenómeno, se considera que podría servir como marcador para el diagnóstico. 

Un curioso método de diagnóstico

Para la realización del estudio, el doctor Sinji Saiki y su equipo reclutaron a 139 personas, de las cuales 31 estaban sanos y 108 habían desarrollado párkinson en los últimos seis años.

Todos tuvieron que consumir una misma cantidad de cafeína, equivalente a unas dos tazas de café diarias durante un tiempo tras el cual se sometieron a un análisis de sangre. Dicha prueba sirvió para medir los niveles tanto de cafeína como de otras sustancias resultantes de su metabolismo. Además, también se estudió el genoma de cada paciente en busca del estado de los genes encargados de metabolizar la cafeína.

Los niveles de cafeína resultaron ser significativamente mayores en los pacientes sanos, que mostraron 79 picomoles por cada 10 microlitros, en oposición a los 24 picomoles que tenían los enfermos en un mismo volumen de sangre.

Aún más notable era la diferencia en los metabolitos posteriores, aunque los genes no mostraron disparidad en ambos grupos. Por otro lado, estudios anteriores han concluido que estas diferencias desaparecen en pacientes con la enfermedad avanzada, por lo que parece ser un factor característico de sus etapas más tempranas.

Los investigadores relacionados con el estudio sostienen que éste posee algunas limitaciones, como la ausencia de participantes con variantes severas de la enfermedad o el posible efecto sobre el metabolismo de la cafeína de los propios medicamentos que ya estaban tomando los enfermos.

Sin embargo, a falta de más investigación, consideran que la búsqueda de cafeína en sangre podría convertirse en un método muy útil para el diagnóstico precoz de la enfermedad.