Fatimatu Inuss llegó a Burgos en 2008 desde Acra, la capital de Ghana

Fatimatu Inuss llegó a Burgos en 2008 desde Acra, la capital de Ghana Ricardo Ordóñez ICAL

Sociedad

Sobrevivir con y sin 'papeles'

David, Fatimatu y Geinier recalaron en Castilla y León desde diferentes países con el objetivo de lograr un futuro mejor como personas migrantes.

Más información: Castilla y León gana un 0,14% de población gracias a la llegada de extranjeros: 4.445 más en solo tres meses

David Herrero / ICAL
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Los ‘papeles’ y su vital importancia para sobrevivir. Sin ellos, no hay residencia, no hay trabajo -legal- y la salida está avocada al futuro en negro. La pescadilla que se muerde la cola y que afecta a diario miles de personas migrantes, también en Castilla y León. Se cuelan las historias de David, Fatimatu y Geinier, de Colombia, Ghana o Cuba, que recalaron en la Comunidad con el único objetivo de poder trabajar, sacar adelante a su familia y emprender un proyecto vital nuevo.

Ante el anuncio de la regularización extraordinaria que prepara el Gobierno, David Linares no pierde la ilusión. El joven colombiano, de 30 años, recaló hace un año y cinco meses en Palencia, y actualmente se encuentra en situación irregular, lo que implica que no pueda trabajar legalmente.

Explica en declaraciones a la Agencia Ical que su decisión de abandonar Colombia fue debida a la “falta de oportunidades”, pese a contar con estudios universitarios en Arte Dramático.

David Linares, colombiano en proceso de regularización

David Linares, colombiano en proceso de regularización Brágimo ICAL

Procede de una zona del Pacífico Sur, donde la cruda realidad y la corrupción política dificulta las posibilidades de lograr un empleo estable, que se suma al déficit de los servicios básicos. “Hay ocasiones que llegan a cortar la luz hasta tres días”, añade. Todo ello le llevó a tomar la decisión de viajar a España, por la facilidad y la similitud en el idioma, aclara.

Entró en territorio nacional con una estancia por estudio tras un viaje pagado gracias a los préstamos a los que recurrió su madre desde Colombia, aunque la necesidad y las deudas le obligaron a trabajar y dejar de lado el aspecto educativo, lo que derivó en la pérdida de los ‘papeles’. De ahí que su caso se enmarque en el abanico que se abre próximamente en las regularizaciones extraordinarias, que podría beneficiar a más de 500.000 personas.

Su situación se ha centrado en trabajar en “black”, así lo define. En negro, con el único fin de reunir dinero, aunque el contexto no es positivo, al encontrarse en situación irregular. “He colocado anuncios en la calle con el fin de lograr un empleo”, ya sea para cuidar a personas mayores, como limpiador o de cualquier otra cosa, reconoce.

Los papeles y su importancia

Fruto de esta espiral de incertidumbres aparecen manos amigas con las que poder ver la luz al final del túnel, y de manera desinteresada. Es por ello que recurrió, tras el boca a boca y la necesidad, al Área de Migración de UGT en este proceso: “Es la esperanza que las personas migrantes necesitamos, porque mucha gente generaliza y piensa que venimos a quitar oportunidades a los españoles, pero solo queremos mejorar nuestra vida y trabajar. Cada uno tiene una historia diferente”.

Victoria Zumalacarregui, secretaria de Política Social de UGT

Victoria Zumalacarregui, secretaria de Política Social de UGT Eduardo Margareto ICAL

“Las personas migrantes vienen a España a trabajar, igual que que lo hacemos nosotros, pero muchas veces en sectores que la población española descarta”. “Todos ellos vienen a contribuir, porque cuando están legales, trabajan y cotizan, y se genera una repercusión positiva hacia los servicios públicos”, asegura a la Agencia Ical la secretaria de Políticas Sociales e Igualdad de UGT Castilla y León, Victoria Zumalacárregui.

La demanda recurrente que tratan desde el sindicato no es otra que la falta de ‘papeles’, ya que sin ellos no hay forma de lograr un trabajo de manera legal y ordinaria, que se une al aspecto formativo y la burocracia en la homologación de titulaciones obtenidas en otros países, detalla Zumalacárregui.

Además, la problemática de la vivienda se erige como otra cuestión esencial, donde los altos precios de los alquileres obligan a muchas de estas personas a aferrarse a opciones poco recomendables, lo que supone, al mismo tiempo, que carezcan de un lugar en el que poder empadronarse. Aclara que este aspecto implica no poder iniciar los trámites para contar con los ansiados ‘papeles’.

Por ello, la responsable del sindicato deja claro que su función se centra en asesorar y acompañar de una manera “muy cercana” a la persona migrante, porque “entienden perfectamente su problemática”. “Para nosotros, un migrante es una persona con cara y con una historia. No es un número y no sobran, ya que nos hacen falta”, asevera.

De Ghana a Burgos

Fatimatu Inuss llegó a Burgos en 2008 desde Acra, la capital de Ghana, en África Occidental. Recuerda emocionada cómo hace más de 17 años que aterrizó en Madrid y puso rumbo a la capital burgalesa gracias al pre-contrato que su hermano Baba le consiguió en la ciudad. Durante un tiempo trabajó cuidando a una persona mayor con la que mantuvo una estrecha relación hasta que falleció y empezó su particular calvario. No encontraba trabajo. Al año y medio, en 2010, se quedó ‘sin papeles’ y en una situación irregular.

En la capital burgalesa conoció el amor con el ghanés Jon Kuesi, con quien se casó y tiene su tercer hijo Justin, un burgalés que ya tiene doce años. Precisamente este pequeño, en el año 2013, es quien le dio un soplo de esperanza y libertad a tantos años de dificultades y problemas, si bien no fue hasta tres años más tarde, en 2016, cuando consiguió, de nuevo, tener regularizada su situación en España, al obtener también una ocupación laboral estable.

Tras desempeñar varios trabajos en empresas de la ciudad como Campofrío, Matutano, Angulas Aguinaga, Gambafresh o Uvesa, encontró su sitio como ayudante de cocina en la Fundación Caja de Burgos. “Estoy feliz en Burgos. Me encanta vivir aquí”, reconoce, a la vez que valora de los burgaleses el trato que recibe en su día a día, aunque destaca la importancia de “aprender el idioma” y “las ganas por trabajar”. “El respeto es fundamental. No tengo problema con nadie. Cuando un extranjero llega a un país que no es el suyo tiene que intentar hablar, aprender cosas y a respetar porque tu país no es como donde has llegado”, relata Fatimatu. “Aquí hay ayuda”, aplaude, citando a organizaciones como Cáritas, Burgos Acoge, Cruz Roja, UGT o el Ayuntamiento.

Aún le produce un gran desasosiego echar la mirada atrás. Por eso, aunque hoy no puede acogerse a la regularización extraordinaria de extranjeros, dado que ya cuenta con la residencia y trabajo legal, aplaude con firmeza esta medida y “lo que le hubiera facilitado” la vida hace unos años. Grita un sonoro “olé” cuando pronuncia iluminándose sus ojos oscuros al máximo que tiene papeles para los próximos cinco años. En la actualidad, está en proceso de conseguir la nacionalidad española para poder iniciar un proceso de reagrupación familiar por arraigo familiar.

Cubano en Valladolid

De las dificultades a un final feliz, pero lleno de sacrificios. Esa es la historia que traslada a Ical Geinier Bernal, que llegó desde territorio cubano a España en agosto de 2018 y optó por desplazarse a la capital vallisoletana debido a que su madre ya residía en la ciudad de la Comunidad. Ese fue el motivo inicial de su entrada, ya que se desplazó a partir de una reclamación de su progenitora, causa que, en un principio, no fue suficiente y se encontró de lleno con el problema de carecer de cualquier tipo de residencia.

Geinier Bernal, cubano afincado en Valladolid desde 2018

Geinier Bernal, cubano afincado en Valladolid desde 2018 Miriam Chacón ICAL

Bernal reconoce que decidió salir de Cuba debido a la situación “muy difícil” que se vivía allí y con el único objetivo de dar un futuro próspero y satisfactorio a su mujer y sus hijas, quienes, en un principio, se quedaron en su país de origen, pero en 2022 pudieron desplazarse junto a él.

Aunque ahora ya es un ciudadano español más, echa la vista atrás y asegura que el proceso no fue nada sencillo, pero su ímpetu, su lucha y la ayuda de varios técnicos de UGT supusieron la diferencia. Agradece a Dios esta oportunidad, que no fue un regalo, sino el resultado del esfuerzo.

Logró contar con una “tarjetica”, así la define Bernal, la cual servía para poder quedarse en España, pero con la condición exclusiva de trabajar y cotizar. Unos aspectos que cumplió a la perfección, ya que antes de tener los trámites cerrados para dicha concesión, el migrante cubano logró cerrar su entrada en la factoría de Renault.

Un proceso que tuvo que renovar durante cuatro años, momento en el que logró la nacionalidad española, quien continúa en otra empresa y sigue generando un futuro para su familia, desde Valladolid, y contribuyendo al estado de bienestar del conjunto de Castilla y León y de España.