Sociedad Santos García Catalán nos trae tres capítulos sobre la historia de uno de los toreros importantes de Valladolid, quizás el más importante por sus gestas. Se trata de Santiago Castro “Luguillano”, un mojadense que, en la década de los 60, impactó en el mundo del toro

Santiago Castro “Luguillano”, un torero de Valladolid para la historia (1ª parte)

1 febrero, 2021 12:29

Acaba de cumplir 79 años, tomó la alternativa en 1964, pero aún mantiene viva su afición a través de enseñar a los chavales en la escuela taurina de Rioseco, y de vez en cuando se pone delante de una becerra. Quién tuvo retuvo.

Las tres puertas grandes consecutivas en Las Ventas, en la temporada de 1967, dice mucho de este diestro de Mojados al que una grave cornada lo apartó del toro en el cénit de su carrera. 

Fue en el año 1965 en Las Ventas, -nos dice con resignación el bueno de Santiago- ante un toro de Guardiola. Y todo por intentar evitar que cogiera a uno de mis subalternos; el público empezó avisarnos cuando el toro se arrancó inesperadamente hacia el burladero ya fue tarde…



Tras la cogida no reaparece hasta dos años y medio más tarde. Antes lo hace de forma precipitada y recibe otra cornada en Figueras, por lo que los galenos le prohíben tajantemente volver a torear.

Aquella prohibición no se cumplió y Santiago siguió toreando hasta que la pierna le aguantó. Nuestra charla continuó tras la grabación en su casa para Grana y Oro, reportaje que se emitió el pasado fin de semana.

En Barcelona -nos dice Santiago- me caí cinco veces porque la pierna no aguantaba. Y así no podía seguir aunque tuviera muchas ganas… 

Fueron cinco años trepidantes de 1964 a 1969, consiguiendo en la temporada de1967 abrir la puerta grande de Las Ventas tres veces consecutivas; gesta que jamás ningún torero había logrado en el templo del toreo. Tuvo que llegar el colombiano César Rincón (28 años después con cuatro puertas grandes) para desbancar al diestro de Mojados.

“Santiago Luguillano abrió la puerta grande de Las Ventas tres veces consecutivas en la temporada de 1967”

Una de las fechas que no olvidará jamás fue un 6 de agosto de 1967 cuando le cortó tres orejas a una corrida muy seria de Infante de la Cámara. “Santos- me dice entusiasmado el maestro- fueron 150.000 pesetas las que cobré aquella tarde, jamás pude pensar que llegaría ese momento”.

De aquella tarde destacamos un párrafo de Díaz-Cañabate, en ABC: “Luguillano” y “El Puri” cortaron seis orejas entre los dos. A tres por barba, ya está bien. Ni seré yo el que en esta ocasión se las regatee. Son muchachos que torean poco. El domingo en Madrid torearon mucho.

Otro párrafo de la crónica del maestro Díaz - Cañabate en ABC decía: Lo más grande vino en el segundo turno, “Luguillano” frente a  “Desleixado”, al que construyó una faena admirable y sabia, que junto a los pases clásicos intercaló      el estilo moderno --circulares, cambios, abaniqueos y adornos--, siempre con temple, siempre mandando en el toro, sumiso a la muleta.



! Qué alegría -escribía Díaz - Cañabate en su crónica para ABC- la de un toro que siente bullir su sangre, que a borbotones se derrama por sus lomos como agua alumbrada por un manantial. ¡Alegres toros portuguesiños: que mis palabras en vuestro justo elogio vuelen a los amenos y dulces campos de Portugal y que allá, en Vale de Figueira, se difundan como campanillas repiqueteadoras de la gloria que alcanzasteis en la plaza de Madrid !



Tras el éxito de aquella tarde del 6 de agosto, vendría el mano a mano que les ofreció Livinio Stuick a Santiago y a “El Puri” para el siguiente 27 de agosto, donde casi se roza el no hay billetes. Lo cierto es que nuestro protagonista volvió a salir en volandas tras cortar una oreja a cada uno de los de Moreno de la Cova. 

“Luguillano cobró por la tarde del 27 de agosto la cantidad de 150.000 pesetas de la época”

Así lo refería Andrés Travesí en ABC: Pero la corrida seleccionada para el mano a mano distó demasiado de la portuguesa de veinte días antes. Los de Moreno de la Cova “tenían casta, genio, que eran ásperos y no fáciles. Todo resultaba muy distinto de lo que sucedió hace veinte días. Eran toros para ser toreados y muy toreados. Toros que pedían castigo, pero bien dado, y que no lo tuvieron. Toros que más de uno tildará de mansos, por sus extraños tercios de varas. “Luguillano”, en una labor meritoria, cortó una oreja a cada toro.



Acerca de la actuación del vallisoletano, Jesús Sotos proclamaba en “El Ruedo”: ha convencido plenamente a propios y a extraños, que reclama un puesto de postín, después de esas dos matrículas de honor conseguidas ante la cátedra exigente. Luz verde para Luguillano, ese torero-torero.



 ¡Y qué más dan los premios conseguidos! Lo importante es su lección. Cortó una oreja a su primero y otra al último. En el tercero -un toro probón y difícil- su faena fue breve. Digamos que en el quinto de la tarde, la faena de Santiago Castro debió de tener como premio dos orejas, pedidas con insistencia. Se negó la presidencia --¿por qué si hubo sobrados méritos para cosechar tales trofeos?  ¿O es qué no tiene mérito lidiar como Dios manda a un toro hecho, cosa que de tarde en tarde advertimos en las mismísimas corridas isidriles? Y hubo bronca postinera y razonada para los del primer palco. Luguillano se vio obligado así a dar tres vueltas al ruedo... y más porque no quiso”.   



“la faena de Santiago Castro debió de tener como premio dos orejas, pedidas con insistencia. Pero se negó la presidencia”