Mar San José De Frutos y Ana Tabernero Pino en el taller de costura 'Tabepi' que montaron juntas en Parquesol
Ana y Mar, amigas por la costura, familia por sorpresa, y emprendedoras de Valladolid: "Elegimos esto por azar"
Desde hace dos años regentan un pequeño taller de confección en Parquesol después de que el destino las hilase con un lazo de amistad antes y familiar después.
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Tan caprichoso es el destino que la historia de estas dos vallisoletanas está marcada por completo "por el azar". De una relación familiar puede surgir una amistad. Pero en su caso fue la gallina antes que el huevo. Su historia comenzó con una bonita relación de amigas en el taller de costura, luego se convirtieron en nuera y suegra por sorpresa y después la casualidad les llevó a emprender juntas en Valladolid.
Ana Tabera Pino (23-11-1997, Valladolid) y Mar San José De Frutos (29-8-1961, Valladolid) son amigas, familia y socias de un pequeño taller de costura en Parquesol, bajo el nombre de 'Tabepi', que montaron hace dos años. Y sí, el orden en el que está puesto no es casualidad. Su historia arrancó en la academia de corte y confección de Isabel Ares.
Allí estas dos vallisoletanas se conocieron y a partir de ahí se originó una relación de amistad, que posteriormente tornó en familiar después de que Ana conociese al hijo de Mar, dando fruto a una aventura sentimental y con quien a día de hoy ya tiene un pequeño bebé de cuatro meses. De ello, nació la posibilidad de emprender juntas. Ana estudió Diseño de Moda, mientras que Mar provenía de una familia empresaria y había sido administrativa.
Ana Tabernero Pino y Mar San José De Frutos en el cose todo 'Tabepi', en el barrio de Parquesol (Valladolid).
Ello, unido al afán por la costura de ambas, hizo la combinación perfecta para montar un cosetodo. Fue una compañera del taller de costura quien les avisó de que estaba este local de la calle Juan Martínez Villergas, 10. "Vinimos a verlo y nos gustó", recuerda aún Ana, quien además bromea con que todo nació además en una quedada en la que estaban "tomando unas copas" en la Plaza de Santa Ana. "Fue una cena de costura, el último día", añade Mar.
"El lugar fue azar totalmente", apunta Ana, quien subraya que ya llevaban un tiempo pensando en montar algo. Azar fue también el hecho de que sea una tienda de confección y arreglos, sujeto a esa oportunidad que surgió a raíz del aviso inesperado de la que fuera compañera del taller de costura de ambas, aunque en el caso de la joven diseñadora tenía claro que quería orientar su carrera por ese lado.
La chispa de estas dos vallisoletanas por los hilos, el dedal y las agujas surgió en dos momentos diferentes de sus vidas y por distintos motivos. El caso de Ana viene por los propios estudios que realizó, de Diseño de Moda en Burgos, aunque admite que realmente no sabe qué fue lo que despertó en ella esta pasión. "Podía haber hecho algo de moda como de otra cosa. Me gusta mucho el tema de trabajar con las manos y hacer manualidades", explica.
Cree que su tendencia hacia el mundo de la moda se fraguó por el gusto a los tejidos. Una formación que en la carrera le gustó "mucho" y que le llevó a querer aprender patronaje y confección. Mar, por su parte, encontró un interés tardío. Incluso a pesar de que su madre fue costurera de El Toisón de Oro, la administrativa reconoce que no le gustaba coser. Fue cuando los años y la desaparición de muchas de las tiendas de confección de Valladolid lo que le llevó a aprender costura.
"Tú te comprabas una prenda que a lo mejor te costaba menos y dices, para la temporada. Me iba a vestir y el mismo modelo me lo veía en todas las colecciones. Fue ahí mi marido quien me animó", recuerda Mar, que achaca ese interés por la costura al querer tener ropa que se adapte bien a ella, hasta presume en la entrevista de una blusa hecha y confeccionada por ella misma.
En la actualidad, 'Tabepi' se sustenta en un 90% en los arreglos, mientras que el 10% del volumen de trabajo corresponde a confección a medida, según explica Ana. Es ella quien principalmente cose y confecciona, mientras que la experiencia de Mar, administrativa de profesión, sirve para la gestión diaria del negocio. No obstante, también hace de costurera, fruto de sus conocimientos en la academia y de su madre.
'Tabepi' es el cose todo que Ana y Mar, nuera y suegra, montaron hace dos años tras una historia llena de casualidades
A Ana no le fue difícil convencer a Mar para emprender esta aventura empresarial. Y es que la más experimentada de estas dos vallisoletanas, que también ha encontrado en 'Tabepi' una ayuda para poder llegar a la jubilación, era consciente de que su nuera "necesitaba a alguien porque ella sola no podía". "Aunque no tiene nada que ver, traíamos ya una trayectoria (administrativa y empresarial). En la familia empezaron a decir que por qué no la ayudaba yo. Y aquí estoy. Me viene bien y estoy contenta", recalca.
Hasta el punto incluso de que, a pesar de reconocer que 'Tabepi' en su vida es un "paso", es decir, algo transitorio para llegar a esa jubilación, tampoco descarta alargarla porque esto es algo que le gusta. "Lo que yo pueda estar, estaré. Me gusta mucho el trato con las personas y todo", señala Mar.
Un negocio que entra Ana y Mar llevan dirigiendo desde hace dos años y en el que encuentran la ventaja de que tienen "mucha confianza". "Si necesita algo lo dices y ya está", añade la más joven de las protagonistas. Pero eso tampoco está exento de que algunos clientes, a sabiendas de ello, tiren de picardía, según admiten entre bromas y carcajadas.
"Hay mucha clientela que intenta jugar con cada una de nosotras (risas). Por ejemplo, alguna vez que yo no he estado, ahora mismo que me he tenido que estar haciendo ecografías, ha habido alguna mujer que le ha dicho a Mar que yo iba a cobrar tanto. La gente es muy lista, intenta jugar con eso", explica entre risas y tomándoselo a bien.
En definitiva, una historia que nació de casualidad, provocó una amistad en torno a la costura, se convirtió en un relato familiar por sorpresa y el azar las unió en el mundo del emprendimiento. Ana y Mar, dos vallisoletanas unidas por los hilos, el dedal y las agujas que desde un pequeño rincón del barrio vallisoletano dan gracias al destino la aventura que les tenía preparada.