David Company Vázquez, director general del centro posa en el hall de entrada.

David Company Vázquez, director general del centro posa en el hall de entrada. JIF

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David, el director del centro concertado de Castilla y León con la mejor nota en la PAU: "Cada alumno tiene nombre"

En el Ave María tienen el mérito de ser el centro concertado con mejor nota en la PAU del pasado año cuando lograron un 10. El secreto es cercanía y profesores que vuelven por las tardes.

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Son las nueve de la mañana, el sol ya comienza a calentar y es el momento de entrar al colegio. Desde ese momento, el Colegio Ave María ya transmite algo distinto.

La escena se repite día a día, los alumnos entrando por la puerta, desde los más pequeños hasta adolescentes de Bachillerato, mientras reciben un saludo personal por parte del personal encargado.

“Buenos días, Marta”. “¿Qué tal el examen, Pablo?”. “Ánimo hoy, Lucía”, exclama con una sonrisa Asunción.

En el Ave María, aseguran, cada alumno tiene nombre propio. Y también tienen el mérito de ser el centro concertado con mejor nota en la PAU (antigua EBAU, arcaica Selectividad) del pasado año: un 10, obtenido por Sara Rodríguez.

Ahora llega el momento de la verdad: regresa la PAU en Castilla y León los próximos 2, 3 y 4 de junio.

Esa familiaridad es la palabra que más repite David Company Vázquez, director general del centro desde hace catorce años y vinculado al colegio desde hace más de dos décadas.

En su opinión es el secreto del éxito académico de un centro que el pasado año logró la mejor nota de la Prueba de Acceso a la Universidad entre los colegios concertados de Castilla y León.

“Yo creo que la característica fundamental de este colegio es la familiaridad, y eso es clave de muchas cosas”, resume.

Lo dice convencido. “Sirve para resolver conflictos, para tratar con las familias, para acompañar a los alumnos… Al final, conocer bien a cada chico y cada chica es lo que nos permite sacar lo mejor de ellos”.

Un año después de aquel hito académico que colocó al Ave María en lo más alto de Castilla y León, el centro afronta una nueva convocatoria de la PAU con serenidad, pero también una pizca de responsabilidad.

“Truco no hay”, reconoce Company. “Es una mezcla de factores: acompañamiento, seguimiento, cercanía y una manera de enseñar en la que el alumno no memoriza sin entender, sino que aprende de forma competencial”.

La palabra “acompañamiento” aparece constantemente durante la conversación. La preparación para la PAU en el Ave María, que cuenta con unos 900 alumnos, no comienza unas semanas antes de los exámenes. Lo hace desde el comienzo del curso. Incluso antes.

Los profesores conocen las fortalezas y debilidades de cada estudiante y orientan su camino según sus capacidades y aspiraciones.

“No todos los alumnos tienen que ir enfocados a la PAU”, explica el director.

El director posa en las escaleras del centro.

El director posa en las escaleras del centro. JIF

“Hay chicos que optarán por una Formación Profesional y otros por una carrera universitaria. Nuestra obligación es ayudarles a encontrar el camino que mejor encaja con ellos”.

Ese seguimiento personalizado se traduce después en decisiones concretas. A los alumnos interesados en grados científicos se les refuerzan especialmente materias como Física, Química o Matemáticas.

A quienes necesitan apoyo emocional o académico se les ofrece atención extra. Y en las semanas previas a la Selectividad, el colegio se convierte casi en una segunda casa.

“Desde que terminan las clases hasta el día de la PAU, el centro sigue abierto para ellos”, cuenta Company.

“Los profesores estamos disponibles desde las ocho y diez de la mañana hasta las dos y media. Algunos vienen a la biblioteca, otros prefieren resolver dudas con los docentes y otros estudian por su cuenta. Pero saben que estamos aquí”.

Y lo están incluso fuera de horario. “Muchas tardes los profesores venimos por iniciativa propia para reforzar contenidos o insistir en lo que más les cuesta”, revela.

Un gesto que, según el director, genera un vínculo diferente con los estudiantes. “Ellos perciben esa cercanía y aprenden de otra manera. Saben que pueden contar contigo”.

El resultado de ese modelo educativo lleva años reflejándose en los datos. El pasado curso, Sara consiguió la mejor nota de la PAU entre los colegios concertados de Castilla y León, pero Company evita personalizar el éxito únicamente en aquella cifra histórica.

“Más que un éxito fue un orgullo”, recuerda. “Pero el mérito fue sobre todo de Sara, de su trabajo y también de su familia. Cuando familia y colegio trabajan juntos, eso se nota muchísimo”.

Sin embargo, insiste en que no se trató de un caso aislado. “La trayectoria del centro es buena desde hace años. Presentamos prácticamente al cien por cien de los alumnos y el cien por cien suele aprobar en la convocatoria ordinaria, además con medias bastante altas”.

Y ojo porque ya adelanta que podría haber otro alumno que este año lo consiga que aparece justo durante la entrevista. “Es complicado, pero ojalá”.

Miedo es otra palabra que también aparece en los apuntes de los estudiantes durante estos días.

Miedo y nervios

Si algo detectan en estas semanas previas a la PAU son nervios. Muchos nervios. “Los alumnos llevan meses preocupados”, admite el director. “Unas décimas pueden significar entrar o no entrar en la carrera que sueñan”.

La presión, reconoce, no siempre es fácil de manejar. “Tienen miedo a equivocarse en una prueba aunque vayan bien preparados. A veces saben hacer perfectamente un ejercicio, pero leen mal el enunciado por los nervios”.

Curiosamente, quienes peor lo pasan no son siempre los estudiantes. “Los padres sufren muchísimo”, asegura Company. “Quieren que sus hijos puedan acceder a aquello que desean y sienten una gran presión”.

Pese a ello, en el centro intentan rebajar la tensión y normalizar una prueba que, aunque decisiva, no deja de ser una etapa más. “Cuando entran en la universidad y ven el ambiente, normalmente se tranquilizan”, explica. “Al principio sufren, pero luego se relajan”.

Filosofía

La filosofía del colegio también se refleja en cómo entienden el papel de la PAU. Lejos de demonizar el examen o cuestionar continuamente el sistema, Company defiende que debe existir un criterio común de acceso universitario.

“En algún sitio tiene que estar el corte”, señala. “La normativa es justa. Otra cosa es que probablemente debería estar más unificada en toda España”.

Tampoco comparte la obsesión por las notas perfectas o la competitividad extrema. Aunque reconoce que el resultado del año pasado fue motivo de orgullo, asegura que nunca han convertido los rankings en una batalla contra otros centros.

“Claro que presumimos un poco”, admite entre risas. “Pero desde el cariño. De hecho, lo primero que hice fue llamar al director de otro colegio de Valladolid, también de Vedruna, con el que tenemos buena relación para compartir la alegría”.

Cuenta atrás

En los pasillos del Ave María ya se respira ambiente de cuenta atrás de cara a ese 2 de junio marcado en rojo en el calendario.

Los alumnos de Bachillerato apuran apuntes, hacen simulacros y alternan repasos con conversaciones nerviosas sobre notas de corte y futuros universitarios.

Algunos estudian hasta minutos antes de entrar al examen. Otros necesitan desconectar el día anterior. “Cada alumno demanda una cosa distinta”, explica el director. “Ahora ya no existe el ‘café para todos’. Hay que adaptarse a cada persona”.

Asignaturas hueso

Llega el momento más duro, cuando aparecen sobre la mesa los exámenes de las asignaturas “más hueso”.

En el Colegio Ave María lo tienen claro: Física, Química y Matemáticas concentran buena parte de los temores de los alumnos, especialmente entre quienes aspiran a carreras con notas de corte muy elevadas.

“Las áreas de ciencias son las más peleadas y las que más puntúan en la PAU”, explica David Company.

La presión, por tanto, es doble: por la dificultad de las materias y por la enorme competencia para acceder a grados como Medicina, Ingeniería o Farmacia. Frente a ello, el centro apuesta por una preparación muy práctica, basada en el entrenamiento constante y en la cercanía del profesorado.

Curiosamente, una de las asignaturas que menos temor genera entre los alumnos del Ave María es Inglés. “La suelen hacer bastante bien”, reconoce el director con una sonrisa ya que es la suya.

“No se trata tanto de memorizar gramática como de desarrollar destrezas, escribir y comunicarse, y eso lo trabajamos mucho durante el curso”.

Quizá ahí resida precisamente la gran diferencia del modelo Ave María: “La excelencia académica no nace solo de la exigencia, también de la cercanía”.

Este colegio vallisoletano insiste en reivindicar algo mucho más humano: mirar a cada alumno a los ojos, conocer su nombre y hacerle sentir acompañado.

“Los alumnos sienten que el profesorado está con ellos”, resume David Company. “Y yo creo que así se aprende”.