El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, la presidenta de Extremadura, María Guardiola, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, durante el 13º Congreso Autonómico del PP de Extremadura, en Badajoz, en julio de 2022

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, la presidenta de Extremadura, María Guardiola, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, durante el 13º Congreso Autonómico del PP de Extremadura, en Badajoz, en julio de 2022 ICAL

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El ajedrez invisible de Mañueco: el arte de no mover pieza mientras Feijóo necesita dos velocidades

El papel del presidente de la Junta es clave en las dos vías que ambiciona el líder del PP: una pragmática allí donde Vox tiene la llave y otra aspiracional en Andalucía, donde los populares aspiran a revalidar la mayoría absoluta.

Más información: Pollán acusa a Génova de retrasar el pacto con Mañueco hasta después de las elecciones andaluzas: "Es una intromisión"

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En el tablero de la política española, donde cada movimiento es un riesgo calculado, Alfonso Fernández Mañueco ha elegido la jugada más sutil: no mover pieza.

El presidente en funciones de la Junta de Castilla y León, necesita a Vox para investirse y gobernar.

El acuerdo para la Mesa de las Cortes ya está cerrado, con los populares en la Presidencia y los de Santiago Abascal en la Vicepresidencia primera, pero el pacto de investidura y de legislatura, el que definirá el Gobierno, se ha congelado. Deliberadamente.

Hasta después del 17 de mayo, fecha de las elecciones andaluzas. Es el ajedrez invisible. Mañueco ha decidido posponer el cierre del acuerdo para sacar la 'prioridad nacional' de la campaña andaluza.

Esa expresión, bandera de Vox en los pactos de Extremadura y Aragón, se ha convertido en el elefante en la habitación: priorizar a los españoles en el acceso a ayudas, vivienda o servicios públicos.

Un concepto que el PSOE y Sumar han convertido en munición letal contra el PP, acusándolo de "blanqueamiento de la extrema derecha".

La "moderación" de Moreno

En Andalucía, donde Juanma Moreno aspira a revalidar su mayoría absoluta con un discurso centrado en la gestión, la estabilidad y el voto útil, ese debate sería tóxico. Mañueco lo sabe. Y actúa en consecuencia. El movimiento es brillante en su discreción.

Mañueco no dice 'no' a Vox; simplemente estira el calendario. Las negociaciones siguen con intensidad y tranquilidad. Pero la investidura, que podría haberse cerrado en abril, se aplaza a finales de mayo o principios de junio.

El portavoz de Vox en las Cortes de Castilla y León, Carlos Pollán, no ha ocultado su sorpresa ni su enfado y ha denunciado que se trata de una "intromisión" de Génova, acusando directamente a la dirección nacional del PP de frenar el acuerdo para proteger al barón andaluz.

Vox quiere entrar en el Gobierno, repetir la coalición de 2022 y marcar agenda. Mañueco, en cambio, prefiere un apoyo externo con un documento programático amplio, aunque es consciente de que tendrá que integrar a los de Abascal en su futuro Ejecutivo.

Dos velocidades en el PP

Este retraso no es un capricho regional. Es la manifestación práctica de lo que Feijóo lleva meses defendiendo en privado y en público: la necesidad de dos velocidades en el PP.

Una velocidad para Andalucía, donde Moreno ha construido una marca centrista, eficaz y alejada de broncas ideológicas, capaz de atraer al votante moderado que huye del PSOE pero también de la polarización.

El presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y el presidente de la Junta en funciones, Alfonso Fernández Mañueco, en el XVI Congreso del PP de Andalucía, en Granda, en noviembre de 2021

El presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y el presidente de la Junta en funciones, Alfonso Fernández Mañueco, en el XVI Congreso del PP de Andalucía, en Granda, en noviembre de 2021 Lucía Rivas ICAL

Otra velocidad para Castilla y León, Extremadura o Aragón, donde la aritmética obliga a pactar con Vox y donde el electorado más conservador premia la contundencia.

Feijóo quiere gobiernos del PP con apoyo de Vox donde sea necesario, pero sin que eso contamine la narrativa nacional ni, sobre todo, la campaña andaluza.

En Andalucía, las encuestas dan a Moreno una mayoría absoluta alcanzable. El PP andaluz ha construido su campaña en torno a la 'vía andaluza': rebajas fiscales, gestión de fondos europeos, imagen de moderación y alejamiento del ruido.

La 'prioridad nacional'

Un pacto entre PP y Vox en Castilla y León en plena campaña andaluza con la 'prioridad nacional' como eje habría sido un regalo para el PSOE, que ya ha empezado a hablar de "la derecha que pacta con la ultraderecha".

Moreno lo sabe y lo ha verbalizado en privado. Por eso Mañueco, uno de los barones más leales a Feijóo, ha decidido convertirse en el escudo invisible. Su inmovilidad protege al compañero del sur. El precedente es reciente y doloroso para el PP.

En 2022, cuando Mañueco firmó el primer pacto de coalición con Vox en Castilla y León tras adelantar elecciones, el terremoto llegó hasta Andalucía. Feijóo y Moreno evitaron la foto de la toma de posesión. El miedo a la movilización de la izquierda era real.

Cuatro años después, con Moreno en plena precampaña, el guion se repite pero con mayor sofisticación. Esta vez no hay foto incómoda porque no hay pacto visible. Solo silencio estratégico. Desde Génova se respira alivio.

Feijóo ha presionado a Vox para que acepte el documento marco del PP y deje de poner "excusas", pero también ha entendido que la precipitación en Castilla y León podría dinamitar la campaña andaluza.

Una apuesta arriesgada

El líder nacional confronta el modelo extremeño-aragonés con la 'vía andaluza' de Moreno. Es un mensaje dual: a Vox le dice que los pactos son posibles; a los votantes moderados, que Andalucía es diferente. Dos velocidades. Dos narrativas. Un solo partido.

Vox, por su parte, juega su propio partido. Santiago Abascal ha exigido acuerdos programáticos claros y presencia en los ejecutivos. Pollán, en Castilla y León, insiste en que no se trata solo de sillones sino de "poner de acuerdo un programa de Gobierno conjunto".

El retraso les irrita porque diluye su capacidad de presión y les obliga a esperar. Pero también les da munición: pueden acusar al PP de cobardía o de doble juego. El riesgo para Feijóo es que, si la demora se alarga demasiado, Vox decida endurecer el tono y romper la baraja antes del 17 de mayo.

El ajedrez de Mañueco revela las tensiones estructurales del centroderecha español. El PP ganó las elecciones en Castilla y León, Extremadura y Aragón, pero ninguna con mayoría absoluta. Necesita a Vox.

Al mismo tiempo, sabe que la imagen de dependencia de los de Santiago Abascal erosiona su atractivo en el centro. Moreno es la prueba de que se puede ganar sin coalición: en 2022 lo hizo con holgura. Feijóo quiere exportar ese modelo, pero la aritmética no siempre coopera.

El ajedrez invisible

De ahí la necesidad de dos velocidades: una pragmática en las comunidades donde Vox es llave; otra aspiracional en Andalucía, donde el PP compite por absorber el espacio centrista. Mañueco es el perfecto ejecutor de esta ambigüedad calculada.

No es un rebelde como Isabel Díaz Ayuso ni un moderado puro como Moreno. Es un gestor leal que entiende que, en política, a veces la mejor jugada es la que no se ve. Si Moreno revalida mayoría, el presidente de la Junta en funciones tendrá vía libre para cerrar el pacto sin miedo a contaminar.

Si los resultados son ajustados, el retraso habrá sido aún más valioso. En cualquier caso, el tablero habrá cambiado. Vox habrá perdido capacidad de presión inmediata y el PP habrá demostrado que sabe jugar con tiempos y silencios.

En el fondo, este episodio es una lección de poder real. Feijóo necesita que su partido sea lo suficientemente flexible para gobernar donde pueda y lo suficientemente cohesionado para no parecer un batiburrillo de barones.

Mañueco, con su inmovilidad estratégica, le está dando exactamente eso: tiempo. Tiempo para que Andalucía vote sin el ruido de Castilla y León. Tiempo para que el PP demuestre que puede ser pragmático y moderado. Dos velocidades en un mismo motor.

El ajedrez invisible sigue. Las piezas no se han movido, pero el tablero ya no es el mismo. Y en política, como en el ajedrez, quien domina el tempo suele dominar la partida.