El presidente de Aragón y del PP aragonés, Jorge Azcón, y el presidente de la Junta y del PPCyL, Alfonso Fernández Mañueco, en una reunión de la Junta Directiva Nacional del PP en diciembre de 2025

El presidente de Aragón y del PP aragonés, Jorge Azcón, y el presidente de la Junta y del PPCyL, Alfonso Fernández Mañueco, en una reunión de la Junta Directiva Nacional del PP en diciembre de 2025 Juan Lázaro ICAL

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Aragón, el espejo decisivo para Mañueco: el triunfo de Azcón y el derrumbe del PSOE podrían catapultarle a la reelección

Una clara victoria del presidente aragonés reforzaría la narrativa de estabilidad y fortaleza del presidente de la Junta y le entregaría munición para movilizar a su electorado y erosionar aún más a los socialistas en la Comunidad.

Más información: Mañueco denuncia que PSOE y Vox han votado 100 veces juntos: "Castilla y León no puede quedar atrapada entre dos extremos"

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El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, aguarda con especial atención los resultados que se conocerán este domingo, 8 de febrero, en Aragón. El también presidente del PPCyL y candidato popular a las elecciones autonómicas del próximo 15 de marzo en la Comunidad sabe que esas urnas, separadas apenas cinco semanas de las suyas propias, pueden convertirse en un factor clave para su campaña y darle el impulso definitivo hacia la reelección en el cargo.

Un buen resultado del presidente de Aragón y candidato del PP en esa comunidad, Jorge Azcón, no solo reforzaría su narrativa de estabilidad y fortaleza, sino que le entregaría munición directa para movilizar a su electorado, erosionar al PSOE y negociar con mayor comodidad cualquier acuerdo futuro con Vox. Las elecciones anticipadas convocadas por el presidente aragonés tras el bloqueo presupuestario de Vox han convertido a Aragón en una suerte de prueba de fuego para el modelo de gobierno de los populares.

Ambas comunidades comparten mucho más que una frontera administrativa: un perfil sociodemográfico muy parecido, con más del 45% del censo electoral viviendo en municipios de menos de 5.000 habitantes; una economía fuertemente vinculada a la agricultura y la ganadería; y una misma sensación de agravio permanente hacia las políticas que se deciden en Madrid, desde la gestión del agua hasta las exigencias medioambientales europeas o la presión fiscal sobre el campo.

Una derecha reforzada

En las encuestas más recientes, el PP se consolida como claro ganador en Aragón, con un apoyo que oscila entre el 37% y el 39% del voto, lo que le otorgaría entre 28 y 30 escaños, a las puertas de los 34 necesarios para conformar la mayoría absoluta en las Cortes aragonesas. El PSOE sufriría una importante caída hasta el 23-25% de los apoyos, quedándose en 17-19 escaños, mientras que Vox consolida su crecimiento y podría ser determinante para configurar el próximo Gobierno, con un 17% y entre 11-13 escaños.

El resto de fuerzas quedan muy por debajo: la Chunta Aragonesista (CHA) rondaría los 3-4 escaños, Aragón Existe 2-3, y las izquierdas alternativas IU-Sumar y Podemos-Alianza Verde que se presentan por separado se repartirían entre 1 y 3 escaños en el mejor escenario. Con 67 escaños en total en las Cortes de Aragón y mayoría absoluta en 34, los populares necesitarían casi con total seguridad el apoyo de Vox para gobernar.

Aunque las horquillas varían ligeramente según el instituto demoscópico, el denominador común en los últimos sondeos es un PP ganador pero sin mayoría absoluta, un PSOE en retroceso histórico y un Vox que consolida o incluso aumenta su rol como árbitro necesario.

El precedente reciente de Extremadura, donde el adelanto fortaleció más a los de Santiago Abascal que a los populares, ha puesto en alerta a Génova y a Azcón, que insiste en que Aragón tiene una dinámica propia gracias a una gestión percibida como moderada y a mejores indicadores económicos regionales. El escenario que más se repite entre los institutos demoscópicos apunta a un bloque de derechas con opciones reales de alcanzar la mayoría absoluta. Si ese pronóstico se confirma, el impacto en Castilla y León sería inmediato.

El espejo de Mañueco

Para Mañueco, el escenario ideal en Aragón sería una victoria clara del PP y que el auge de Vox fuese más limitado. Un resultado de ese tipo le permitiría proyectar la imagen de un Partido Popular capaz de gobernar con solvencia sin depender permanentemente de la derecha más dura. Ese mensaje, proyectando una "estabilidad sin extremismos", es precisamente el que necesita para captar de nuevo a ese electorado de centroderecha urbano y moderado que en 2022 miró con recelo el pacto con Vox.

Si, por el contrario, Vox mantiene o incluso mejora su peso parlamentario en Aragón y resulta decisivo para la investidura de Azcón, el beneficio para Mañueco sería mucho más limitado. Podría seguir reivindicando la gestión estable de su Ejecutivo, pero le costaría mucho más vender la idea de que el PP ya no necesita socios incómodos para sacar adelante una legislatura. Con todo, el presidente de la Junta ya se ha preparado para esa posibilidad y ha exigido a los de Abascal que, de llegar a un pacto, este fuera para toda la legislatura.

Otro elemento que puede tener consecuencias directas en Castilla y León es el comportamiento del voto rural y provincial. Un PP muy fuerte en la provincia de Teruel donde históricamente ha sufrido más y una representación contenida de Aragón Existe reforzarían el mensaje de que el Partido Popular es hoy la única opción capaz de evitar la dispersión del voto en el medio rural.

Además, un resultado que consolide a Vox como pieza clave en Aragón obligaría a Mañueco a calibrar con mayor precisión el discurso hacia sus socios potenciales. Aunque el presidente de Castilla y León ha intentado marcar distancias con los postulados más radicales de los de Abascal, la realidad aragonesa podría recordarle que, en territorios con perfiles sociodemográficos similares, el electorado conservador valora cada vez más la unidad del bloque de derechas frente a la fragmentación.

Esto reforzaría la presión interna en el PPCyL para blindar un acuerdo de legislatura larga y estable con Vox, en la línea de lo que ha pedido el propio Mañueco durante las últimas semanas, evitando así la inestabilidad que caracterizó los primeros compases de la actual coalición en Castilla y León.

Un golpe para el PSOE

La campaña aragonesa se ha convertido también en un banco de pruebas para los mensajes nacionales que ambos bloques llevarán después a Castilla y León. Temas como la defensa del regadío, la flexibilización de las normativas agrarias europeas, las deducciones fiscales para familias numerosas en el medio rural o la atracción de grandes inversiones logísticas aparecen una y otra vez en los mítines. Desde el punto de vista psicológico, el efecto también puede ser determinante.

Una derrota nítida del PSOE en Aragón sobre todo si se produce en Zaragoza, su principal bastión histórico agravaría la crisis de confianza que arrastra el socialismo de Castilla y León desde hace años. El PSOE de Carlos Martínez no ha conseguido articular un relato convincente y cualquier nuevo revés en una comunidad vecina, con un electorado sociológicamente muy parecido, alimentaría la percepción de que el ciclo conservador en el interior de España es prácticamente irreversible.

Un resultado especialmente malo para el PSOE aragonés, con una caída que lo dejaría en torno a los 17-19 escaños su peor registro histórico en la autonomía, tendría un efecto contagio casi inmediato en Castilla y León. El liderazgo de Carlos Martínez, que ya viene lastrado por la desconexión con el electorado rural y por la percepción de que el PSOECyL paga los costes de las políticas nacionales sin obtener rédito visible, se vería aún más debilitado.

La imagen de un PSOE incapaz de frenar su sangría en dos comunidades vecinas y culturalmente próximas reforzaría la narrativa de agotamiento del proyecto socialista en el interior peninsular, complicando la tarea de movilizar a un electorado que ya muestra signos evidentes de desafección. Para Martínez, el golpe iría más allá de lo simbólico: erosionaría su capacidad para presentar una alternativa creíble frente a Mañueco y dificultaría aún más su intento de recuperar voto en la España vaciada, donde el PSOE ha perdido fuelle de forma sostenida.

Unas elecciones decisivas

En términos estrictamente electorales, el resultado de este domingo no va a decidir los escaños de las Cortes. Pero sí puede desplazar el eje de la campaña en un margen que puede resultar decisivo. Un PP fuerte en Aragón le daría a Mañueco la iniciativa estratégica durante las cinco semanas siguientes: mayor capacidad de movilización de su base, erosión del voto socialista y un mayor margen de maniobra para negociar con Vox una legislatura de menor dependencia. Un resultado más ajustado de Azcón, en cambio, le obligaría a multiplicar esfuerzos.

La noche electoral de este domingo no solo dirá quién gobierna Aragón los próximos cuatro años, sino que puede marcar el tono emocional y estratégico con el que Mañueco afronte las cinco semanas que restan hasta los comicios del próximo 15 de marzo y actuar como advertencia de que, en la política autonómica española, a veces el vecino más próximo acaba siendo también el aliado más valioso o el obstáculo más inesperado.

El impacto de Aragón trasciende lo táctico y entra de lleno en el terreno psicológico. Un resultado favorable al PP y al bloque de derechas generaría una ola de optimismo en las filas populares de Castilla y León, alimentando la percepción de un imparable avance conservador en el interior peninsular.

Por el contrario, si Vox se impone como árbitro indiscutible y el PSOE sufre un nuevo batacazo, el ambiente entre los populares podría tornarse más cauteloso, forzando a Mañueco a redoblar la apuesta por la gestión como principal activo y a evitar cualquier fisura que pueda interpretarse como debilidad ante un posible socio exigente. En cualquier caso, las urnas aragonesas actuarán como catalizador de las dinámicas emocionales y de confianza que definirán el sprint final hacia el 15 de marzo.