Región

Terciopelo morado para vivir la Pasión con la Vera Cruz

30 marzo, 2018 11:24

Zamora está hasta los topes, toda la ciudad está en la calle, y miles de turistas abarrotan cada rincón, atraídos por la fama internacional de la Semana Santa de Zamora, y en esta ocasión, por la Cofradía de la Santa Vera Cruz, que con mucha emoción, sentimiento y primitivos orígenes que se remontan al siglo XVI ha recorrido las calles del casco histórico de la ciudad.

El desfile no puede ser más ilustrativo: la narración en vivo de la Pasión de Cristo a través de sus once pasos: ‘La Santa Cruz’, ‘El lavatorio de los pies’, ‘La Santa Cena’, ‘La Oración del Huerto’, ‘El Prendimiento de Jesús’, ‘La Flagelación’, ‘La coronación de espinas’, ‘La sentencia’, ‘Ecce Home’, ‘Jesús Nazareno’ y ‘Virgen Dolorosa’.

El desfile ha adelantado su horario habitual media hora, saliendo a las 16:15 horas tras no poder pasar por la Rúa de los Notarios, y se ha visto obligado a acortar a ultima hora su recorrido ante la previsión de lluvia para última hora de la tarde. Este último hecho ha conllevado que la comitiva haya partido por la Plaza Santa María la Nueva, Corral Pintado, Reina, Plaza de San Miguel, Plaza Mayor (de paso) para continuar por Ramos Carrión, Plaza de Viriato, Rúa de los Francos, Plaza de los Ciento, Rúa del Silencio, Plaza de Arias Gonzalo, Obispo Manso, Plaza Antonio del Águila y Plaza de la Catedral quedando sin recorrer la zona de la Plaza del Mercado.

Tras realizar una estación de veinte minutos el desfile regresa por Plaza de la Catedral, Plaza Antonio del Águila, Obispo Manso, Plaza de Arias Gonzalo, Rúa del Silencio, Plaza de los Ciento, Rúa de los Francos, Plaza de Viriato, Ramos Carrión, Plaza Mayor (por el centro), Plaza Juan Nicasio Gallego, Reina, Corral Pintado y Plaza de Santa María La Nueva para retornar al Museo de Semana Santa.

Las emblemáticas tallas recorren la ciudad de principio a fin arropadas por una marea de 2.500 cofrades de túnica de terciopelo morado, ceñida con cíngulo amarillo, que portan en la mano una vara rematada con una cruz. El sonido de las esquilas del Barandales abre camino, las marchas fúnebres de las bandas las acompañaban. Tras la primera parte del recorrido, penitentes y familiares han hecho una parada de veinte minutos en los jardines de la Catedral para reponer fuerzas con las tradicionales meriendas de Jueves Santo. Ya de vuelta, y con la caída del atardecer, Zamora queda entre dos luces y se adivina una noche sin fin antes de entrar en el Museo.