Región

La otra procesión: la importancia de los detalles

29 marzo, 2018 13:03

Noche del Miércoles al Jueves Santo. Comienza a aumentar el número diario de procesiones, dos, a cada cual más artística e introspectiva, aunando arte y fe, ciencia y religión. Primero fue el turno para Jesús Flagelado, después para el Cristo Yacente acompañado del Cristo de la Agonía Redentora. Cada desfile con sus particularidades, pero sobre todo la importancia de los pequeños detalles.

Por ejemplo, a la hora de encender las velas para dotar de luz natural a la comitiva durante el trayecto por oscurecidas calles del casco histórico de Salamanca para realzar la majestuosidad de las tallas entre monumentos. Los miembros de la Hermandad de Jesús Flagelado salían de la iglesia de la Clerecía con los cirios apagados. De uno en uno se fueron intentando encender, intentando, con un ‘mechero’ de cocina, pero algunas velas ni con esas. En cambio, en la Cofradía del Cristo Yacente disponían de un minisoplete que no dejaba lugar al fracaso. En cuestión de segundos, la vela estaba encendida, mientras que los hermanos del Flagelado chiscaban una y otra vez, haciendo brigada.

Palabra esta última, por cierto, que se refiere a un rango militar, y este carácter castrense tiene la Guardia Civil. Como es tradición, una representación de la Benemérita acompañó a Jesús Flagelado durante la procesión, mientras que otra del Ejército hizo lo propio con el Yacente. En otras comitivas también desfilan Policía Local y Bomberos de Salamanca. Y no hay que olvidar la presencia este año de Protección Civil de Salamanca, colaborando sobre todo para que las personas con movilidad reducida o discapacidad tengan un rincón privilegiado desde el que contemplar la procesión.

Son esos pequeños detalles los que marcan la diferencia a favor o en contra. A favor del alcalde, Alfonso Fernández Mañueco, con un discurso ni breve ni duradero, con un mensaje claro e incidiendo sobre una idea. En contra del obispo de Salamanca, Carlos López, con hablar cansino, en ocasiones trastabillado, excediéndose en el tiempo recomendado, porque se trataba de una promesa de silencio, no de una homilía dominical.

Detalles que, al fin y al cabo, en la mayor parte de las procesiones hacen de Salamanca una Pasión diferente, única, con diversidad de estilos, desde el más sobrio y humilde hasta el más barroco y sureño. Una Semana Santa, por eso, declarada de Interés Turístico Internacional. La presencia de visitantes en las calles ya era multitudinaria en la tarde de este miércoles. Porque las procesiones son muestras de fe, pero también pueden transformarse en riqueza y empleo para cientos de salmantinos. Temporal, sí, pero balsámico para muchas familias en apuros. ¿Y no se trata de eso la religión católica, de ayudar al prójimo?