Región

Raso blanco y negro acompaña a ‘Jesús en su Tercera Caída’

27 marzo, 2018 12:54

La Hermandad de Jesús en su Tercera Caída ha vuelto a regalar a los zamoranos y visitantes uno de los momentos más emotivos de la Semana Santa zamorana: la Plaza Mayor se hace oración y cántico en recuerdo “a todos los que cayeron en las contiendas absurdas de cualquier guerra. Y del cántico nace la esperanza y una certeza: la muerte no es el final”.

Con estas palabras, la hermandad relata el sentido del acto-oración en memoria de los fallecidos de la hermandad, cuando los cinco pasos son levantados al unísono y el coro de la hermandad interpreta ‘La muerte no es el final’, acompañado por la Banda de Música de Zamora. Acto seguido tiene lugar una oración por los hermanos fallecidos.

El desfile procesional ha partido de la iglesia de San Lázaro a las 20.30 horas con el sonido de los clarines, aunque mirando al cielo ante la lluvia intermitente que empezó a caer y que a más de uno sobresaltó. Los cofrades visten túnica y caperuz de raso negro y una capa de raso blanco con amplio vuelo, y portan un hachón rematado en farol con vela con el anagrama de la hermandad en los cristales. De allí salen los pasos ‘Jesús en su Tercera Caída', de Quintín de Torre (1947), 'La Despedida', de Enrique Pérez (1957) y 'Virgen de la Amargura', de Ramón Abrantes (1959).

Material de labranza como unos yugos convertidos en una cruz o unas rejas de arado transformadas en una pesada corona de espinas dotan de un simbolismo especial vinculado al campo a la escenificación de la Pasión.

Esta hermandad zamorana, conocida popularmente como la de los excombatientes por el contexto de su fundación en el año 1942, ha enriquecido su estética procesional gracias a las donaciones realizadas por el escultor local José Luis Alonso Coomonte. Este artista ha firmado tanto la Cruz de Yugos como la Corona de Espinas, dos de los elementos más simbólicos que procesionan la tarde del Lunes Santo. La primera es una cruz realizada con yugos atados entre sí con las correas de los bueyes, que figura entre la quincena de cruces procesionales donadas por Coomonte a la cofradía para que se muestren en la parte inicial del desfile, a las que se ha añadido este año una cruz de hueso donada por un hermano de la cofradía.

Coomonte ambién es autor de una pequeña cruz de raíz de membrillo que tradicionalmente porta el hermano más pequeño que participa en el desfile. La Corona de Espinas forjada con más de medio centenar de rejas de arado por Coomonte es tan pesada que ha de ser portada en andas por treinta y seis cofrades.

Una estética muy particular que nació en la posguerra y que ha evolucionado a lo largo de los años para instalarse, definitivamente, en el corazón de los zamoranos por derecho propio.