Región

La Ancianita 'no se hace vieja' para Juan Leal

10 septiembre, 2017 00:09

Béjar está de fiesta. Es su fiesta de la Virgen del Castañar, cuyo santuario acompaña a la plaza de toros más antigua de España, 'La Ancianita', en su retiro entre castaños, pinos y robles. La Virgen, cuya imagen preside el festejo taurino, se venera de manera fervorosa. Si la veneración es mística, no lo fueron los seis Toros de Orive. Seis cuatreños bien presentados, con caja, pero ay piolines!, que escasos de fuerza y raza. Nobles, sí, y mucho, pero los pobres no daban más de sí cuando salían del caballo o, qué cosas, tras coger los primeros muletazos.

Una pena. Sí, porque a pesar de que hubo vueltas al ruedo -lentas, muy lentas para el rastrillo de los piolines- la tarde no tuvo más interés que el toreo de verdad, valiente y bien trazado del francés -afincado en Híspalix- Juan Leal, al segundo de la tarde -el de mayor intensidad-. De por medio, muchas cosas.

Juan Leal demostró que está en un momento exquisito y dulce. Las ideas claras. Templado. De mente fría y corazón ardiente. Pero ante todo, conocedor de tiempos y distancias. He ahí su triunfo al desorejar al segundo. El toro escaseaba de fuerzas -no tanto como sus hermanos-, pero el matador supo imprimir el ritmo adecuado a su faena. Daba los tiempos precisos, siempre con arte. Citaba desde los terrenos adecuados, salvo al inicio de faena que comenzó desde los medios de rodillas citando a la distancia. Tras esa tanda metió al público en su bolsillo. Faena intensa, variada, con temple y gusto y mató bien. En el quinto, el francés lo intentó. Incluso buscó las proximidades, donde se siente como 'pato en el agua', pero ni ahí embestía el de Orive. El público se impacientó también un poco porque el 'pozo' estaba seco.

Joselito Adame no es presa fácil. Sale a luchar en cada plaza y en cada toro. En el primero estuvo asentado, dando muletazos de buen trazo. Se arrimó. Justificó sobradamente su presencia en Béjar. Pero el animal, flojito, no daba para más. Mató bien y cortó una oreja con fuerte petición de la segunda. El Palco, ay, piolines! En el cuarto nada pudo hacer. Lo intentó de una manera y otra. Algún muletazo suelto. Pero no había más donde 'rascar'.

Finalmente Alejandro Marcos. Ese torero de buen trazo de La Fuente de San Esteban. De gusto. De finura. Pincel en algunos instantes. Distinto. Se fue como llegó, en blanco y, suponemos, que con un cabreo monumental. No con nadie. Consigo mismo. La cruz y la espada. Es decir, una cruz con la espada. Deberá replantearse, muy seriamente, qué le ocurre con el estoque y el descabello. Una tarde tras otra. Un toro tras otro, siempre la dichosa espada. De qué sirve el buen toreo en el sexto de la tarde. De qué sirve que la gente se entusiasme con esos brochazos de colorido y arte. De qué vale su personalidad. De nada! Si en el sexto, con dos orejas en la mano, pinchó y pinchó y mató de malas maneras -otra vez el Palco, con una oreja, eso sí, a petición popular-, en el primero fue de sainete. No se puede matar tan mal. El invierno es largo. Es tiempo de entrenar, entrenar, entrenar y, por qué no, reflexionar.

Cuando el sol ya se había puesto por el horizonte extremeño, el francés Juan Leal salía en hombros. Los piolines de vuelta a Salamanca -las ferias y la Feria y las mañanas de resacas, cachis!-, y aún sonaba el eco de un ay! por lo que pudo ser y no fue. Pues eso!

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros La Ancianita de Béjar. Casi tres cuartos de entrada. Temperatura agradable. Sonó el Himno Nacional y algunas voces de ¡Viva España! cuando la imagen de la Virgen del Castañar entró en procesión en el ruedo. Seis toros de Orive, bien presentados pero muy flojos.

Joselito Adame: Oreja y ovación.

Juan Leal: Dos orejas y ovación.

Alejandro Marcos: Aplausos y oreja.

FOTOS LUIS FALCÃO