Montaje del eclipse en la provincia de Soria.

Montaje del eclipse en la provincia de Soria. Comunicación JCyL.

Opinión PUNTADAS CON HILO

Castilla y León no requiere un eclipse

Esta comunidad es sobre todo “intrahistoria”. Cuando la luna se retire – deje de ser “okupa” – y el sol regrese a su sempiterno lugar, Castilla y León continuará exactamente adonde estaba.

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Hoy, durante minuto y medio, una buena parte del mundo volverá sus ojos hacia Castilla y León. Se apagará el sol, bajará la temperatura del aire y sobre el inmenso horizonte de esta tierra milenaria se dispersará una brisa fantasmagórica.

Millones de ojos apuntarán al cielo desde Soria, León o Burgos para contemplar un extraordinario suceso que no volverá a repetirse en un siglo.

El último gran eclipse total de sol en la Península Ibérica tuvo lugar el treinta de agosto de 1905 y ya entonces se convirtió en un gran fenómeno social. Ayer como hoy, se desató una auténtica competición entre tierras y localidades de España para erigirse como el mejor lugar para observar el acontecer.

Ganó Burgos – que para eso era y es “Cabeza de Castilla” – y el propio Alfonso XIII y la Real Familia se desplazaron a la ciudad cidiana para disfrutar del espectáculo.

Mañana jueves, cuando el sol vuelva a brillar sin emparejamiento fugaz con la luna, regresará a Castilla y León la que Unamuno denominó “intrahistoria”. Vida callada de los pueblos de esta vasta tierra que discurre bajo los grandes acontecimientos, un tanto ajena a las fechas que escriben la historia.

Esta comunidad es sobre todo “intrahistoria”. Cuando la luna se retire – deje de ser “okupa” – y el sol regrese a su sempiterno lugar, Castilla y León continuará exactamente adonde estaba, siendo desde hace centenares de años mucho más profunda que un eclipse solar.

Miguel de Unamuno acuñó las bases de la “intrahistoria” de Castilla y León.

Vida callada, continua de los pueblos, que discurre pertinaz como si no acaeciesen los grandes acontecimientos históricos – las batallas, los tratados, las grandes efemérides, las noticias que ocupan portada en los periódicos o un gran eclipse solar – y todo continuase como una rutina secular.

Un eclipse, por espectacular que sea, es historia en sentido puro.

Es un suceso, una fecha, el titular con el que mañana abrirán página muchos diarios de prensa y los boletines de noticias de la radio o la televisión.

El fenómeno celeste ocurrirá y se fotografiará profusamente. Colmará publicaciones en redes sociales e “stories” en Instagram. Su caducidad es que solamente ocurre, se captarán sus imágenes y en pocas fechas solo serán fotos de la galería de millones de terminales de teléfonos móviles.

Acierta el pensador que fuera rector de la secular Universidad de Salamanca. El eclipse en el pensamiento unamuniano es solo una mera anécdota, un minuto y medio encajonado entre la historia con mayúsculas.

Castilla y León es ante todo “intrahistoria”, lo que permanece cuando las sombras del eclipse de sol pasan. Este gran territorio que nos agrupa a castellanos y leoneses no ocurre: persiste.

Esa enorme diferencia – entre lo que sucede y lo que permanece- es exactamente lo que separa al evento astral de hoy, el minuto y medio de ocultación del sol, con la catedral de Burgos, el acueducto de Segovia o el paisaje mágico del Lago de Sanabria.

Vivimos ahora en una cultura de lo inmediato y de forma falaz nos creemos los amos del universo. Hoy miraremos estupefactos al cielo, por unas decenas de minutos, de manera banal y sin trascendencia alguna – o sea sin espiritualidad – empoderada como está la exaltación de lo fugaz.

Antonio Machado, en su estancia en Soria – una de las provincias castellano y leonesas donde se vislumbrará mejor el eclipse solar- pasó años observando la tierra soriana, la luz, la aridez del paisaje y la historia decaída de la antaño todopoderosa Castilla.

La poesía machadiana está plasmada sobre esa misma luz tenue que nos regalará el eclipse y los horizontes despejados que han buscado los miles de turistas que han desembarcado en nuestra comunidad en busca de los mejores miradores para el fenómeno astronómico de hoy.

El eclipse solar es tan solo el tiempo acelerado, muy ajeno al tiempo detenido que Azorín reivindicó como un valor en sí mismo. La ocultación total del sol en Castilla y León debería llevarnos a pensar que esta región no es un decorado para este evento puntual.

La autoridad “competente” – el gobierno de Fernández Mañueco – debe reivindicar el sitial que esta comunidad merece en las decisiones políticas de gran calado que afectan a toda España.

Nada es nuevo en esta reflexión, Castilla y León debe perseguir incansablemente su consideración como “pilar estructural” del concepto de España y lo español. Ortega y Gasset en su “España invertebrada” ya planteó que estas tierras son el eje histórico que ha sostenido la construcción y el concepto de España.

Castilla y León no debiera necesitar un eclipse para ser mirada. Es el eclipse el que precisa este paisaje sempiterno – el que hoy descubrirán con asombro muchos foráneos en visita turística y sean por ello bienvenidos – para ser recordado.

Paisaje mil veces contemplado por Machado, Delibes o Jiménez Lozano. Mañana, cuando el sol vuelva a brillar en plenitud y esplendor, estas tierras seguirán siendo lo que han hecho siempre bien: Ser el “alma” nuclear de España.