Santiago Abascal y Carlos Pollán ICAL
La compleja encrucijada de Vox
Si el Partido Popular consigue reconquistar a su antiguo electorado, la formación de Abascal no llegará a ser fuerza hegemónica en la derecha española.
Las elecciones autonómicas que en Castilla y León se celebraron el pasado domingo, volvieron a arrojar una victoria del Partido Popular de Fernández Mañueco. Su antigua hegemonía indiscutida – con las mayorías absolutas de Lucas y Herrera- se fracturó por la pervivencia de Vox con una representación similar a la de 2022
Los de Abascal no consiguieron en las elecciones de Castilla y León el crecimiento que auguraban los sondeos, pero será totalmente decisorio su apoyo si el PP ha de gobernar en Castilla y León.
El futuro a medio y largo plazo de Vox está todavía por dirimir. Toda teorización del destino de la formación que lidera Santiago Abascal ha de considerarse con rigor y seriedad, lejos de filias y fobias.
La mejor metodología de análisis pasa por ampararse en la “ciencia política comparada”. Se pueden estudiar varios modelos, desde el italiano de Meloni al fenómeno del Frente Nacional francés que inició Jean Marie Le Pen.
Vox no tiene futuro a largo plazo si queda reducida al “bisagrismo” político, aun cuando parece que ese es ahora su rol apostado, toda vez que su líder está decidido a prestar su concurso – con toda clase de condiciones- para que el Partido Popular pueda formar gobiernos, ya sea en Castilla y León, Aragón o Extremadura o tras las próximas elecciones a Cortes generales en España.
Vox solo podrá regir verdaderamente los destinos de España, si es que a eso aspira , si se produce el famoso “sorpasso” o adelantamiento electoral sobre el PP. El partido de Abascal mantiene evidentes semejanzas ideológicas con el “lepenismo” francés.
Resulta meridiano que la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella – este último encarna un mayor pragmatismo y dulcificación de las propuestas del “lepenismo” histórico- ha fagocitado a la derecha francesa clásica, la UMP – los sucesores del “gaullismo”- fundada para apoyar a Jacques Chirac y refundada posteriormente como "Les Républicains".
La afirmación que el “lepenismo” ha deglutido a la derecha francesa tradicional es una opinión ampliamente sostenida en Francia, donde la Agrupación Nacional (antiguo FN) de Marine Le Pen ha absorbido gran parte del electorado, los temas y la agenda de la derecha tradicional de la UMP y Los Republicanos.
Vox necesita, para subsistir, erosionar por completo al Partido Popular. La vía de los gobiernos de coalición con los populares en autonomías y presumiblemente en el gobierno central tras las elecciones generales, no parece la más sagaz para que el partido de Abascal logre la hegemonía final en la derecha española.
Si el Partido Popular consigue reconquistar a su antiguo electorado - lo que no ha logrado la última versión de la derecha clásica francesa despersonalizada por completo en el centro liberal de Macron - Vox no llegará a ser fuerza hegemónica en la derecha española.
Quedará reducido su papel al “bisagrismo” de apoyos o cogobiernos puntuales con el PP. La historia de las democracias liberales europeas ha demostrado que el “bisagrismo” es un pésimo refugio para una fuerza política, la antesala del declive y la disolución. En el otro extremo ideológico se ha verificado en España con Sumar y Podemos, devorados por el sanchismo.
Pudiera suceder lo contrario y pondría en un brete al Partido Popular. La derecha clásica francesa – en España podemos denominar así al PP- intentó por todos los medios frenar el auge de la Agrupación Nacional “lepenista”. Adoptó posturas mucho más duras en materias como la inmigración o inseguridad ciudadana.
A la postre solo consiguió legitimar y dar por buenas las propuestas de la AN, lo cual ha favorecido al “lepenismo”. El PP debiera moverse con pies de plomo a la hora de adoptar postulados de Vox.
En Italia, Giorgia Meloni procedió de forma similar a la AN francesa. Meloni arrinconó a la derecha tradicional italiana – en su última versión encabezada por Berlusconi y Forza Italia- con una permanencia estratégica en la oposición.
Es decir, no procedió como parece que decidirá de Vox al cogobernar con los populares. Meloni, con su discurso populista radical y la deglución de votos descontentos con los otros partidos de su propia coalición lanzó al éxito a su fuerza política “Fratelli d’Italia”.
La pervivencia de Vox vista con luces largas y no con cortoplacismo pasa por su diferenciación clara del PP y evitar convertirse en el partido “bisagra” de los populares. La vía Meloni es el caso de éxito a seguir por Vox, pero necesita igualmente la normalización y moderación de imagen de Abascal y su partido.
Meloni ejerce un liderazgo carismático y “amigable”. Abascal ha de limar aún muchas asperezas de su “marca personal”. Giorgia Meloni con comportamientos afables ha logrado incluso que muchos italianos olviden los orígenes “neofascistas” de su partido. Vox está en una difícil tesitura, una compleja encrucijada.