Cena en Lisboa con Santiago Carrillo. Diciembre de 1974. Miguel Cid es el último por la izquierda.

Cena en Lisboa con Santiago Carrillo. Diciembre de 1974. Miguel Cid es el último por la izquierda.

Opinión

Paso a paso

"Hoy las cosas son muy distintas, teniendo en cuenta en qué manos están, y nuestros dirigentes bien harían en seguir las líneas maestras de quienes sentaron las bases de una paz y un bienestar que está batiendo récords de duración".

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Ahora que llevo un año andando con muletas me doy cuenta y valoro en grado sumo la importancia de los pasos. Y es que todo tiene su tiempo y su espacio y aquello de Antonio Machado de que “se hace camino al andar”, cobra su verdadero significado y sentido real.

Y ¿por qué cuento todo esto?, pues muy sencillo, a raíz de lo que está pasando en nuestro país y en nuestra región de Castilla y León, donde el mes que viene habrá elecciones autonómicas, vienen a mi memoria momentos importantes como el que viví en Lisboa a raíz de la famosa Revolución de los Claveles.

En efecto, fue en diciembre de 1974 con motivo del Congreso del Partido Socialista de Portugal y allí nos reunimos varios compañeros socialistas y comunistas y en que sitio mejor que alrededor de una mesa para cenar y charlar amigablemente. Y recuerdo también que el comensal más destacado era Santiago Carrillo al que asaeteamos a preguntas sobre los inminentes cambios que se avecinaban en España al rebufo de Portugal.

Carrillo acababa de poner en marcha su llamado eurocomunismo y nos explicó con pausadas palabras sus líneas maestras que suponían una revisión profunda de los dogmas marxistas imperantes: a saber, nada de la famosa lucha de clases y menos aún de la no menos pregonada dictadura del proletariado diciendo que si estábamos superando una dictadura como la franquista no íbamos a meternos en otra como la marxista-leninista.

Esto es, Santiago Carrillo con su pragmatismo nos sentenció que, más que lucha de clases, había que ir al diálogo y la negociación entre estas para llegar a un entendimiento que disipara los nubarrones que todavía asolaban nuestra España.

Y para terminar Carrillo su introducción sentenció con no menos pragmatismo “y ya que estamos en una marisquería, tendremos que comer marisco”. Y así fue, en una reunión que justificó plenamente su celebración y contenido.

Por Lisboa también andaban Felipe González y Alfonso Guerra que, asistentes al Congreso portugués, tomarían buena nota del cambio que estaban aplicando nuestros vecinos y que tanto nos iluminó después.

Hoy las cosas son muy distintas, teniendo en cuenta en qué manos están, y nuestros dirigentes bien harían en seguir las líneas maestras de quienes, como los citados, sentaron las bases de una paz y un bienestar que está batiendo récords de duración como nuestra Constitución que ya es la más longeva de todas las que hemos tenido. Y eso se lo debemos a quienes aparcaron sus legítimas diferencias y, paso a paso, sin prisa, pero sin pausa, dialogaron y negociaron hasta alcanzar el famoso consenso de la Transición. Copiémosles una vez más y todo nos irá mucho mejor.