Opinión

El consejero no se marea

25 marzo, 2018 12:22

Duodécima semana de 2018, la del inicio de la Semana Santa, y un incendio en el yacimiento arqueológico Siega Verde, Patrimonio de la Humanidad, apenas dos días después de recibir el distintivo de Patrimonio Europeo Rupestre (vaya, qué casualidad, cuando nunca he visto un incendio ahí…), pero también la semana de un preocupante estudio sobre la economía de Salamanca y de la marea blanca sanitaria para culminar días de protestas y manifestaciones de los trabajadores de servicios sociales, médicos, justicia y policías locales, que se suman a jubilados, funcionarios de prisiones, policías nacionales y guardias civiles, y en breve serán los trabajadores de Correos e incluso los militares.

El patio está muy revuelto contra el Gobierno. Claro, tanto están vendiendo hasta la saciedad que la recuperación es un hecho, que España es el país que más empleo crea y que más crece de la zona euro, que quienes sufrieron las consecuencias de la crisis económica reclaman la devolución de sus derechos, de recuperar lo sacrificado. Porque si España va bien, como antaño vociferaba el presidente José María Aznar, los españoles quieren que sus bolsillos y sus cuentas bancarias también.

Pero como no perciben la recuperación en primera persona, se ha destapado la caja de pandora, por cierto, abierta por policías y guardias civiles con sus movilizaciones en la calle para reclamar la equiparación salarial con mossos y ertzainas. Porque en esta España de diecisiete velocidades los desajustes son manifiestos no sólo en la economía, también en la educación, la sanidad y los servicios sociales. No es de extrañar, por tanto, que al ‘invierno caliente’ de movilizaciones le siga ahora una ‘primavera alterada’.

La manifestación más multitudinaria tuvo lugar ayer sábado. Sexta marea blanca de los últimos años contra la gestión sanitaria de Antonio María Sáez Aguado y, por ende, del gerente regional del Sacyl, Rafael López, recuerden, el que fue gerente del hospital de Salamanca, de donde salió con una parada hacia arriba tras reducir plantilla, incrementar las listas de espera para consulta y para intervención quirúrgica, e incluso quiso llevarse para su despacho en Valladolid cuadros que son propiedad del hospital charro. El consejero asegura que cumple “con bastante rigor”. Mortis, será más bien. Da igual las mareas que se convoquen, él no se mareará.

En esa manifestación promovida por la plataforma ciudadana en defensa de la sanidad pública estaban, entre otros cargos del Partido Socialista, su secretario provincial Fernando Pablos; al igual que su homónimo de Podemos, Ignacio Paredero; su jefe autonómico, Pablo Fernández; el que fuera coordinador provincial de Izquierda Unida, Domingo Benito; o la concejal Pilar Moreno también en representación de Ganemos; además de los secretarios provinciales de Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, Emilio Pérez y José Luis Hernández Rivas. O el ex secretario provincial de UGT, Agustín Rodríguez, que desde una segunda línea sigue con su labor reivindicativa, como un renacido movimiento vecinal a través de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Salamanca, Fevesa, donde destaca la labor de Regina Moreiro, del barrio Blanco. Dejaré a algunos sin mencionar, probablemente de Ciudadanos, que también los habría, pero que me disculpen si no los vi, menciono a quienes pude identificar.

Quienes no pasaron por allí fueron miembros del Partido Popular, y eso que durante las últimas semanas el PP charro es beligerante con la política sanitaria de la Junta de Castilla y León. Dicen las malas lenguas que el alcalde de Salamanca y presidente autonómico del PP, Alfonso Fernández Mañueco, está hasta los … (con esa expresión me lo explicaron) de Sáez Aguado, pero el consejero de Sanidad, con el que ahora departe día sí, día también en los plenos de las Cortes, hace oídos sordos. Es lo que tiene estar de vuelta de todo y saber que no continuará en su sillón la próxima legislatura. Como la mayoría de miembros del equipo de Juan Vicente Herrera. El problema es que esa guerra silenciosa, ese fuego amigo y esa apatía están pasando factura a los ciudadanos.

Más que silencioso, íntimo (pese a los miles de espectadores) fue el concierto de Bob Dylan en Salamanca. Cita musical de lujo gracias al Octavo Centenario de la Universidad que dirige el vicerrector Enrique Cabero y su colaboración con el Ayuntamiento de Salamanca. Tener a un mito de la música y Premio Nobel de Literatura antes que Madrid y Barcelona es todo un logro. Allí dijo Mañueco que estaría en representación municipal, pero le echaron en falta antes en la marea blanca sanitaria. La agenda política es lo que tiene, que no se puede estar en dos lugares a la vez. Los mismos donde sí parecía encontrarse un político salmantino durante el concierto de Bob Dylan, en el éxtasis y en la gloria, bien amarradito de una bella joven. Por cierto, no aquella con quien comparte nupcias. Pero ya saben, se dice el pecado, no el pecador, sobre todo en esta época de penitencia e instrospección. La próxima semana, les prometo más madera.