Gabriel Delgado, agricultor y ganadero de la provincia de Burgos, antes de la manifestación.

Gabriel Delgado, agricultor y ganadero de la provincia de Burgos, antes de la manifestación. JIF

El campo

Gabriel, agricultor de un pueblo de Burgos: “Hace 20 años un tractor costaba 10.000 euros y hoy vale 300.000”

Desde un pequeño pueblo de Burgos y toda una vida dedicada al campo estalla contra la situación actual: “Esto es una muerte anunciada”.

Más información: El ahogado campo de Castilla y León sale a la calle: “Trabajando nos arruinamos. Este año vamos a perder 300 millones”

Publicada

Entre pancartas de protesta, silbatos y banderas, Gabriel Delgado observa el avance de la manifestación en Valladolid con el gesto serio. Está cansado, pero con ganas de hablar, y de decir “las verdades” del sector.

Ha llegado desde Humienta, un pequeño pueblo situado a apenas catorce kilómetros de Burgos, para sumarse a la protesta convocada por las organizaciones profesionales agrarias de Castilla y León.

Agricultores y ganaderos han salido a la calle para denunciar el desplome de la rentabilidad del campo y exigir medidas “profundas y urgentes” que permitan garantizar el futuro del sector.

Gabriel habla a EL ESPAÑOL Castilla y León sabiendo de lo que habla. Lleva toda una vida trabajando la tierra y cuidando ganado vacuno. Su discurso es una mezcla de indignación, resignación y una preocupación que ya pesa demasiado.

“Esto es insoportable ya”, resume mientras sostiene una bandera de la UPA CyL entre las manos. “Toda la presión que tenemos, todos los gastos que tenemos… esto ya no es asumible para las explotaciones agrarias”.

A su alrededor, otros manifestantes asienten. Muchos comparten la misma sensación de agotamiento. Los tractores han pasado de ser símbolo de prosperidad a serlo de deuda.

“Los costes aumentan, los márgenes desaparecen y las cuentas”, según denuncian, han dejado de cuadrar hace tiempo.

Gabriel, que habla sin pelos en la lengua, lo explica con ejemplos sencillos. “Estamos vendiendo el cereal a un precio irrisorio y estamos comprando los piensos a un precio exorbitante. Entonces aquí esto no cuadra”.

“Aquí alguien está haciendo caja, alguien está sacando dinero. En este caso el Gobierno se está aprovechando de ello, y también las multinacionales, porque realmente los agricultores y los ganaderos no lo vemos”, lamenta.

El campo denuncia que soporta normas cada vez más exigentes, inversiones constantes y una burocracia que asfixia, mientras los precios en origen siguen siendo insuficientes para cubrir costes.

Gabriel mira hacia el futuro con pesimismo. “Esto es una muerte anunciada”, sentencia.

“Este año no viene como esperábamos. Hemos tenido una sequía fuerte en abril y ha afectado mucho al campo”.

Un mal año

La preocupación no es únicamente por mirar al cielo, también pesa el precio de las tierras, los alquileres y la maquinaria. “Los precios de la renta están muy caros, los precios de compra de tierra están exorbitados. Aquí tenemos un problema”.

En su opinión, el campo trabaja mucho para ganar cada vez menos. “Para sacar una cosecha necesitamos seis, ocho o diez meses. Para sacar una cabeza de ganado al mercado, otros ocho o diez meses. Eso lo sufrimos 24 horas al día”. Y mientras tanto, insiste, los costes no dejan de crecer.

La comparación que utiliza resulta especialmente gráfica. “No puede ser que un tractor hace veinte años costara 6.000 o 10.000 euros y hoy cueste 300.000”.

El ganadero burgalés no rechaza la modernización del sector; sabe que la tecnología ha llegado para quedarse, pero cree que se ha convertido en una obligación imposible de asumir para muchas explotaciones familiares.

“Sí, es muy bonito el GPS y todas esas cosas, pero eso hay que pagarlo. Y a 30 pesetas el cereal no se puede pagar”.

Más implicación

La protesta también deja espacio para la autocrítica. Lamenta que muchos agricultores y ganaderos no reaccionen hasta que la situación es irreversible. “Noto unidad hoy aquí, entre las organizaciones agrarias, pero veo que muchos agricultores y ganaderos son un poco pasotas”.

Y entonces recurre a un refrán popular castellano, tan certeros como siempre, para explicar lo que siente: “Cuando se muere el buey, la talega se va al rabo”.

A su juicio, buena parte del sector todavía no es consciente de la gravedad del momento. “Luego, cuando ya estemos mal, dirán que no se hizo nada. Pero ahora tenemos la oportunidad de reivindicar”.

Mientras avanza la manifestación, algunos consumidores observan desde las aceras.

Gabriel cree que muchas veces el ciudadano desconoce cómo funciona realmente la cadena alimentaria. “Nosotros no nos quedamos con esos márgenes comerciales”, insiste. “Tenemos muchísimos costes y el gran problema es que nuestras cuentas no salen”.

Incluso se permite una reflexión amarga, envuelta en ironía. “Yo creo que tendríamos que hacer cursillos de matemáticas en el sector agrario”, comenta.

“Me decía un agricultor que estamos suspendidos en la asignatura de matemáticas y lleva razón. No hacemos cuentas”.

Porque, según explica, durante años muchos profesionales han continuado trabajando pese a que la rentabilidad desaparecía poco a poco, confiando en que la situación mejoraría.

Europa aparece inevitablemente en la conversación. Las normativas comunitarias, la Política Agraria Común y las exigencias medioambientales son parte habitual del malestar del sector.

Pero también cree que las soluciones deben empezar más cerca. “Una casa se hace por los cimientos”, afirma. “Tenemos que empezar a nivel regional, luego nacional y después Bruselas”.

Por eso reclama más implicación de Castilla y León antes de mirar únicamente hacia Europa. “No podemos pedir a Bruselas lo que aquí no hacemos. Castilla y León tiene que empezar a ayudar a los agricultores de verdad”.