Agustín Gómez, fundador de Wallapop.
Agustín Gómez, fundador de Wallapop: "La segunda mano tenía un estigma de pobre. Le dimos un toque aspiracional"
Confiesa que fueron "a lo bestia" durante los seis primeros meses poniendo "el 200%" para ver si la idea funcionaba o era un fracaso.
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Hay pocas empresas tecnológicas españolas que puedan presumir de haber revolucionado un sector. Una de ellas es Wallapop. Nació en 2013 y en unos pocos meses puso de moda la segunda mano en España. En un año ya había aterrizado con éxito en otros cuatro países.
Agustín Gómez es uno de los fundadores de Wallapop. Cree que la economía colaborativa todavía tiene pendiente una nueva revolución que vendrá gracias a la inteligencia artificial. Atiende a El Español - Noticias CyL durante su paso por Valladolid para hablar del talento a jóvenes dentro de la quinta edición de FP Talks de la Fundación Empresa Familiar.
Pregunta. ¿El talento se tiene, se trabaja o se busca?
R. Creo que cada uno nacemos con algo, con un talento natural, que no suele ser muy espectacular. Esto ha sido una de las cosas que yo he descubierto sobre mí pasado el tiempo y que te da un indicador muy claro y una guía muy clara hacia por dónde ir en la vida.
Es decir, cuando tienes críos pequeños como yo, al final dices, lo que quieres es que a los chavales les ayuden a descubrir para qué valen. ¿Para qué valen? ¿Dónde están sus dones? ¿Dónde van a disfrutar usándolos? Y la vida les va a salir mucho más fácil.
En mi caso fue algo que nosotros en Wallapop insistimos en descubrirlo, en identificarlo. ¿Para qué valgo yo? ¿Para qué vales tú? Y es una manera también de compenetrarse como equipo muy buena. Es decir, pues en lo que yo soy mediocre, pues lo voy a delegar y lo haces tú, que eres mucho mejor.
P. ¿Cuál ha sido su talento enfocado al emprendimiento?
R. El mío es el entusiasmo contagioso. Soy un tío que me vengo para arriba. A veces se habla del talento como esos jóvenes que vienen con todas las ganas. Pero el talento lo tenemos todos, seamos viejos o jóvenes.
Creo que a esa edad, a la que están estos chavales de FP, hay algo muy interesante por descubrir. Están muy obsesionados en buscar una carrera profesional, una salida, pero hay algo en lo que no se hace la suficiente insistencia: ¿para qué has nacido tú?
¿Qué es en lo que, con un mínimo esfuerzo, tú eres mejor que los demás? Ese conocimiento te da una guía superior para las decisiones que vas a tomar en la vida.
P. ¿Cuál es el principal consejo que puede dar a los jóvenes que buscan crear su empresa?
R. Básicamente mi objetivo es desmitificar. Por ejemplo, desmitificarme a mí, como el fundador de Wallapop. Cuando yo empecé a montar esto, pensaba que esto de las startups o las empresas las montaban otras personas.
En mis tiempos estaba muy influenciado por Silicon Valley y todo esto, y ahora en España sí que hay más referentes. A mí me gusta enfocarlo en la normalidad de todo esto, en que son caminos que emprende gente muy normal y que luego, pues, oye, se cruzan en tu camino una serie de circunstancias por las que parece que hayas hecho algo especial.
P. ¿Cómo surgió la idea de crear algo como Wallapop, trasladar un mercadillo tradicional al entorno digital?
R. Pues mira, la idea no era disruptiva ni en el momento en que la hicimos, porque en la segunda mano ya había plataformas online, básicamente web. Tenían una tradición de décadas. En cada país había un jugador muy dominante, en España estaba Segunda Mano.
Lo que pasa es que era simplemente web. Nuestra idea no surge como una idea en sí, sino más como una motivación. Queríamos hacer algo puro móvil. Veníamos de tecnología, nos gustaba la tecnología y buscábamos hacer algo que, pillando la ola nueva de la adopción de los dispositivos móviles, fuese puro móvil. Y hablando con una incubadora en la que nosotros estuvimos al principio, que ni siquiera estaba construida y tal, ellos estaban mirando una app que había surgido hace poco, que se llamaba Shpok y que hacían algo similar. Y fue la inspiración.
Nuestra innovación fue meter un chat y la geolocalización. Así de sencillo. O sea, fue puro sentido común. Queríamos hacer algo móvil y aprovechar las características que ofrecía este nuevo dispositivo. Metimos inmediatez y ubicación.
No fue un eureka. No teníamos ni idea de segunda mano y fuimos por ahí con la única motivación de hacer algo puro móvil. Nos encajó todo el tema de la segunda mano porque nos gustaba mucho la conexión caliente entre personas, nos gustaba el concepto de conectar a personas en la calle.
P. ¿Y cuándo sienten que la idea es un éxito?
R. Pues la verdad es que fue desde el tercer mes. Fuimos muy, muy rápidos desarrollando. Yendo a mercadillos, haciendo fotos por ahí, concursos y tal. La app la desarrollamos con David y dos personas más en menos de un mes y medio.
Hicimos algo bueno que fue gastarnos el poco dinero que teníamos en el primer lanzamiento de marketing. Lo hicimos muy bestia, es decir, o funciona o no funciona. Es un consejo que yo doy siempre, hacer una prueba relevante.
Y se catapultó desde el minuto 1. O sea, desde el día 1 que lanzamos la aplicación, estuvimos número 1 en la app Store de aplicaciones más descargadas, y de ahí no paró.
P. En España siempre existe una leyenda negra sobre la dificultad que hay para emprender en comparación con otros países. Usted que ha trabajado en multitud de países, ¿en España emprender es más complicado?
R. Yo creo que no. Se habla mucho, es verdad, que las regulaciones no ayudan, que la eficacia de encontrar una sociedad, la fiscalidad... Pero lo más difícil de emprender es el acto de emprender. Es decir, es el acto de dejarlo todo, de invertir tu dinero y tu energía.
El miedo, para mí, y la parte más compleja es dar ese pequeño salto. Decir dejo mi trabajo y me arriesgo. El hecho clave de emprender es tan complicado aquí como en China, como en cualquier lado.
P. Para conseguir que tu idea de negocio se convierta en una empresa, ¿hay que tener mucha resistencia?
R. Lo que es muy duro es convertirte en un zombi. Es decir, empezar poquito a poco, hago la idea trabajando durante los fines de semana. Cuando lo haces de esta manera, claro que necesitas resiliencia, porque es durísimo.
En mi caso, y con David decidimos darlo todo durante seis meses. Es una aventura, pero vamos a poner el 200% de nuestra alma. Y si funciona, funciona, y si no funciona, no funciona. Y eso se puede saber rápido, pero necesitas dedicación total e inversión.
Una inversión inicial para lanzarte al mercado y decir, mira estoy aquí de forma relevante, y el mercado dice si nos interesas. Eso lo puedes saber rápido.
P. El otro momento clave de una empresa es la internacionalización. ¿Cómo fue la de Wallapop?
R. Nosotros, en nuestro caso, lo vivimos de forma muy natural. Habíamos creado un modelo que era nuevo. En el mundo había muy pocos competidores muy parecidos a nosotros. De hecho, estábamos nosotros y dos más que acabaron desapareciendo.
Entonces nosotros teníamos el hambre y la prisa de expandirnos. Empezamos lanzando a Inglaterra, Francia, México, Brasil, en un año. O sea, al cabo de apenas doce meses de haber montado la compañía. Después llegamos a Estados Unidos.
P. ¿Le queda otra revolución a la economía colaborativa?
R. Seguro. Es una cuestión de estatus y de top of mine. Cuando lanzamos Wallapop, la segunda mano tenía un poco de estigma. Un estigma de pobre. Una de nuestras aportaciones fue un marketing muy joven, muy fresco, muy aspiracional. Soy espabilado porque me he comprado esto en Wallapop. Es decir, había una cosa como de orgullo de segunda mano.
Un producto bueno, bueno de verdad, dura mucho tiempo. Es el estatus de los productos que realmente son cojonudos, que están bien fabricados, que son atemporales, como los que hacían antes. Se ha mezclado en la sociedad productos muy low cost con productos buenos. Los que tienen duración son los buenos. Y ahí es donde está el posicionamiento de Wallapop.
Hay una revolución que seguramente va a ser tecnológica, impulsada por la IA, que lo va a cambiar todo, no solamente la segunda mano, sino todo. Y luego también hay una revolución de pensamiento a nivel de consumidor. Apelar a la sostenibilidad no es suficiente porque la gente tiene muchos más problemas. O sea, en el orden de prioridades de la gente, la sostenibilidad no es lo primero.
P. Una vez que ha creado algo tan grande como Wallapop. Cuando se desvincula de la empresa, ¿en qué se pone la cabeza?
R. Lo primero que hice fue descansar, porque fueron siete años que son como de perro. Y luego lo que te viene no es volver, a mí en mi caso, enseguida a montar algo otra vez. Yo me tomé mi tiempo para pensar qué quería hacer.
También tuve un cáncer por en medio, que me puso como las prioridades de la cabeza en su sitio. Y lo que sí que vuelven son las ganas de crear, que es donde estoy. Pero de otra manera. Ahora lo piensas mucho, piensas mucho más en el propósito del proyecto.
En la etapa de Wallapop yo era mucho más joven, tenía 31 años. Tenía hambre de aventura, de expandirme y te da un poco igual el qué o el cómo. Me importaba mucho más el cómo que el que fuese a mi manera.
Ahora piensas un poco en devolver la suerte que has tenido. De alguna manera, haciéndo lo tuyo, que es crear tecnología.
P. ¿A qué sabe el éxito?
R. La gloria. Yo, más que éxito, creo que saboreé la gloria. Era lo que perseguía. El éxito se puede entender de muchas maneras. Lo reputacional, que diga la gente este es fundador de Wallapop, siempre me ha dado igual. El dinero viene como forma colateral de haber creado algo grande. En mi momento fue la gloria.
Quería hacer una aventura. Cosas grandes. Luego, pasado esto, que has conseguido muchas cosas, te das cuenta que cuando estás en la movida nunca es suficiente. Después de Estados Unidos corrías a China y después de China... Es insaciable.
Para mí nuestro éxito es que como equipo nosotros nos llevamos muy bien. Han pasado ya 13 o 14 años y seguimos siendo amigos muy íntimos. Tuvimos la lucidez y el instinto de ser generosos y repartir muchas acciones entre gran parte de la gente.
Y me siento muy satisfecho. Hemos creado Wallapop, pero siento mucho satisfacción también que Wallapop ha tenido impacto importante en las vidas de mucha gente que trabajó en Wallapop. Y te queda satisfacción más que éxito.