Imagen de un palomar en uso en Amusco (Palencia)

Imagen de un palomar en uso en Amusco (Palencia) Brágimo Ical

Cultura

Ni castillos ni catedrales, esta es la joya patrimonial de Castilla y León: poca gente se fija y era símbolo señorial en el siglo XII

Una de las principales señas de identidad de la Comunidad, con una enorme riqueza por su inmensidad territorial, no llama especialmente la atención por su monumentalidad, pero estas construcciones son como los molinos a La Mancha o los hórreos a Galicia.

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Que Castilla y León cuenta con un enorme valor patrimonial no es ningún secreto. De sobra es conocido que la comunidad autónoma más grande de Europa esconde en su inmensidad territorial múltiples ejemplos de la historia de nuestros antepasados. Y, además, de muy buena calidad. Prueba de ello es que es la autonomía con más patrimonio declarado por la Unesco en todo el mundo.

En total, cuenta con ocho declaraciones entre conjuntos monumentales, ciudades y yacimientos. Pero lejos de la creencia generalizada de que los castillos y las catedrales son la principal seña de identidad de nuestro territorio, también existe otra joya patrimonial que define a Castilla y León, pero que poca gente se fija en ella.

Hablamos del palomar. Una pequeña construcción circular, cuadrada o rectangular que se concibió tal y como la conocemos hoy durante la Edad Media, entre los siglos XII-XV, y que en su día llegó a ser símbolo de estatus y propiedad señorial.

Imagen de un Palomar en Belmonte de Campos (Palencia)

Imagen de un Palomar en Belmonte de Campos (Palencia) Diputación de Palencia

Aunque principalmente concentrados en Tierra de Campos, entre Palencia, Zamora, Valladolid y León, estas edificaciones de barro se extienden por toda la Comunidad, conformando una de las imágenes más clásicas del paisaje agrario de la meseta en los campos de cereal, páramos y eras.

Los palomares son a Castilla y León lo que los molinos a La Mancha o los hórreos a Galicia. Levantar la mirada al circular por alguna de las carreteras es sinónimo de encontrar estas solitarias infraestructuras en medio de un inmenso mar amarillo de trigo, por ejemplo.

Fueron una actividad ligada a la cría del pichón para carne y, especialmente, para obtener la palomina como fertilizante en la agricultura tradicional. Su uso se extendió en la época medieval y moderna. Pero aún hoy muchos de los que se conservan se remontan a los siglos XIX y primera mitad del XX, surgiendo de una tradición romana previa.

Palomares en Villarrín de Campos (Zamora)

Palomares en Villarrín de Campos (Zamora) Eduardo Margareto Ical

Los hay circulares, cuadrados o rectangulares. Con o sin torre. Con o sin patio. La diversidad es tanta como lo que la arquitectura permite. Pero es el resultado de la lógica constructiva, en busca del menor coste de tiempo y materiales.

Ahora bien, esto no está exento de decoración ornamental y de que contasen con un cuidado estético. Esto se debe a que habitualmente eran un signo de riqueza familiar y por su propia naturaleza, ya que eran dedicados al beneficio económico.

La cría de palomas fue una actividad extendida durante siglos y es conocida desde la Antigüedad. Su funcionalidad fue tal, que estuvo en pleno auge hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando empezó a caer.

Desde entonces, los palomares comenzaron a estar en desuso y muchos se convirtieron en ruinas. Pero desde hace un tiempo, algunas instituciones públicas están luchando para tratar de recuperarlos, al menos en lo que respecta a su estado.

Un palomar en ruinas en Mazariegos (Palencia)

Un palomar en ruinas en Mazariegos (Palencia) Brágimo Ical

Por ejemplo, la Diputación de Palencia y la Junta de Castilla y León cuentan con convocatorias de ayudas para la conservación, rehabilitación y restauración de arquitectura tradicional, especialmente palomares. Actuaciones como estas permiten que esta arquitectura popular, pese al abandono y el deterioro de las edificaciones, aún puedan reconocerse en la estampa agrícola de nuestro territorio.

La gran mayoría de estos palomares fueron construidos con los materiales que abundan en la zona. En el caso de Tierra de Campos, son de barro y muro de tapial. En Segovia, por su parte, son de mampostería de piedra basta con un revestimiento de mortero de cal.

Símbolo señorial

Fue a partir del siglo XII cuando los palomares comenzaron a aparecer mencionados en algunos fueros que los vinculaba a privilegios de determinados propietarios. De esta manera, en la época feudal se convertiría la posesión de estos edificios en un símbolo reservado a señores y comunidades religiosas.

A partir del siglo XV se erigió como un estatus plenamente codificado. Así se ratificó en la ley de protección de palomares de Enrique IV, donde se muestra a esta arquitectura como un bien señorial y símbolo de privilegio con necesidad de protección frente a la caza furtiva.

Los palomares fueron asociados a la 'clase alta' de la época. Quien poseía uno era identificado como un gran labrador y no un mero campesino. Muchos de los propietarios explotaban el palomar o lo arrendaban, creando una especie de empresa agraria.

Un par de palomares en ruinas en la provincia de Palencia

Un par de palomares en ruinas en la provincia de Palencia Ical

Hoy su importancia no está ligada a la actividad económica, pero los palomares son una de las principales señas de identidad de la arquitectura popular de Castilla y León. Hasta el punto de que son consideradas las construcciones tradicionales más típicas de la Comunidad.

Existen múltiples iniciativas que buscan ensalzar su historia y legado. Tierra de Campos es la zona, también por la importante concentración que hay, cerca de un millar, que más está trabajando para tratar de recuperar su esplendor.

Hay rutas de palomares, con el objetivo de convertirlos en productos turísticos ligados al paisaje, la gastronomía y la interpretación del mundo rural. Precisamente, uno de los organismos que trabaja en ello es la Fundación Rehabitar Tierra de Campos, que pretende divulgar la cultura campesina y la arquitectura en tierra cruda.