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Ikigai

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Sea realidad o leyenda, el antecedente sobre el hombre de mayor edad, en la historía del mundo, del que se tienen referencias, es Li Ching-Yuen, fallecido en 1933, quien afirmaba haber nacido en 1736, aunque hay registros que lo datan en 1677. En cualquier caso la simple existencia de la discusión de si murió con 256 años o con 197, pone el acento en una longevidad más allá de lo nunca conocido, ni antes, ni después de él.

Li Ching-Yuen fue un boticario y herbolario chino que, desde los 13 años, se dedicó a la recolección de hierbas en las montañas del Tíbet, aunque con 51 años de edad se integró como asesor táctico del ejército, donde se mantuvo hasta sus 78 años, para posteriormente retirarse a las montañas. En 1930 el profesor Wu Ching-Chieh, decano del departamento de educación de la Universidad de Chengdu, certificó haber encontrado dos felicitaciones del emperador chino para Li, tanto en ocasión de su 150 cumpleaños, como al haber cumplido 200 años.

Visto desde nuestra contemporaneidad y su ritmo frenético, surge una pregunta inmediata al reflexionar sobre una experiencia vital como la de Li Ching-Yuen… ¿Cómo encontrar una motivación en cada día para mantener la ilusión en una vida tan longeva?

Hay ciertas regiones geográficas a lo largo de nuestro planeta Tierra que son reconocidas por concentrar altas tasas de longevidad, estas zonas se agrupan en torno a la islas de Cerdeña (Italia) o Icaria (Grecia), en Loma Linda en California (USA), en la península de Nicoya (Costa Rica) y en Okinawa, especialmente alrededor de la localidad de Ogimi, donde, de las dos mil ochocientas personas que allí viven, una veintena han superado los cien años y casi doscientos ya han cumplido los noventa años.

Pero, ¿cuáles son los factores comunes en esas zonas de una longevidad tan excepcional? Las respuestas obtenidas por cuantos especialistas y expertos han visitado esos lugares son de una sencillez y obviedad brutales, aunque siempre obtenidas tras una primera referencia que tiene que ver con un término local okinawense, que con diferentes acepciones se repite en los otros lugares. Esa respuesta propia, especialmente de la zona de Ogimi, es “Ikigai”.

¿Qué es el"Ikigai"?, esa palabra responde a las preguntas de ¿qué es lo que te impulsa, cada día, a levantarte de la cama?, ¿qué es lo que te impulsa a vivir?

En japonés el término “iki” significa 'vida' y “gai” se utiliza como expresión de ‘merecer la pena’, de tal manera que la palabra que deriva de ambos, “Ikigai”, se interpreta como “aquello que da sentido a nuestra vida”, que en un argot más occidentalizado podríamos referir como “razón de vivir”, “propósito de vida”, “misión” o “motor de vida”.

Si hay un factor común entre los habitantes de Ogimi, es la ocupación de su tiempo a través de tareas a lo largo de todas las horas del día, convirtiendo en placer y beneficios sanadores la vida rutinaria. Se levantan con el sol; cultivan sus propios huertos; hacen sus rutinas de ejercicios físicos, y también de meditación y concentración; dedican tiempo a las relaciones sociales… y se sienten felices de tener el privilegio de poder hacer cada día lo mismo, porque es lo que desean, alineándose con la afirmación de Milan Kundera: “La felicidad es el deseo de repetir”.

Para un persona centenaria, o cerca de los umbrales de esa edad, la jubilación llegó hace treinta años y más, pero más allá de aquel hito se concentraron en descubrir su “Ikigai”, no solo para mantenerse activos, sino identificándose como generadores de aportación de valor para la sociedad de la que participan, manteniendo la sensación de ser útiles a quienes les rodean.

Naturalmente que cada persona, a lo largo de vida, tendrá diferentes “Ikigai” que irán conjugando con cada uno de los momentos vitales de su existencia, aceptando las elecciones acertadas y las que no lo sean, viviendo desde la aceptación y la vulnerabilidad, ya que nos tenemos que dar la oportunidad de fracasar, como mejor camino de aprendizaje, pues la vida, como la ciencia, avanza a través de prueba y error.

Las sugerencias que realizan los nativos de Ogimi a todos aquellos que les visitan asombrados ante su forma de vida, aparentemente sencilla pero compleja para nuestros ojos occidentales; comienzan con vivir el momento, el presente, el aquí y el ahora. Junto a lo anterior dos hábitos se incluyen en sus recetas: sonreir y dar las gracias, cómo expresiones de la cultura del perdón y antídotos de la negatividad.

Llegados a este punto… ¿Has pensado sobre tu propio “Ikigai”?, si tienes dificultades a la hora de identificarlo y concentrarte en él, piensa en ti como el niño/a o adolescente que fuiste, ¿con qué soñabas entonces ser?, ¿qué te motivaba?, es posible que aquello que deseabas aquella época no sea la expresión que dé sentido a tu vida en este momento, pero con certeza te aproximará a las motivaciones necesarias para identificarlo. Suerte en el camino y no te olvides de celebrarlo al conseguirlo.