Opinión

La revolución de los cobardes

  1. Opinión
  2. Blog del suscriptor

Las revoluciones son los métodos violentos para cambiar la forma de organización política de los estados o naciones. A lo largo de la historia se han producido muchos sucesos similares. La gran mayoría de ellos tenían un elemento común: la utilización de la fuerza para lograr el éxito o intentarlo, por lo menos.

Los últimos hechos ocurridos en Europa occidental sucedieron en la región de los Balcanes. La destrucción de la antigua Yugoslavia, así como el florecimiento de nuevos estados independientes, se generaron por medio de una guerra cruenta. Se mataron ciudadanos, algunos por ideas políticas, otros por motivos religiosos en pleno siglo XX; es más, finalizando ese siglo hubo errores de setenta años atrás y unos cuantos siglos de diferencia. Las cifras rondan entre 250.000 muertos y casi 3 millones de desplazados. Todo ello originado por el odio entre vecinos, incluida persecución a etnias por cuestión de nacimiento o religión.

En España, durante el comienzo del siglo XXI, estamos sufriendo los preludios de un conflicto similar. Dos regiones están en constante tensión contra el resto de las 15 Comunidades y 2 ciudades autónomas que componen este maravilloso país. Desde hace años, mientras unos movían el árbol, otros recogían las nueces. La memoria no nos fallará cuando los terroristas de ETA asesinaban, secuestraban, extorsionaban y provocaban la huida de las provincias vascongadas de personas que no comulgaban con esos delincuentes. El PNV, en apariencia moderado, pero igual o peor en acciones y omisiones, manejaban los presupuestos e incluso parte de la política de España, al llegar a acuerdos con los gobiernos de turno. En Cataluña, Jordi Pujol y CiU, presuntamente, se dedicaban a atracar vía impuestos al resto de ciudadanos, quedándose para sus cuitas del partido un porcentaje de obras públicas, concesiones y subvenciones. Ahora las tornas han cambiado.

Los CDR, ARRAN, Black Block y antiguos terroristas de Terra Lliure arengan a las masas para provocar presuntos ilícitos penales. Están en constante guerra blandita con el resto de ciudadanos, a quienes hurtan derechos fundamentales, como son reunión, manifestación, incluso la libre circulación por las calles y carreteras. Estos hechos se conocen con antelación. Cualquier cuerpo policial que se precie, y los Mossos de Escuadra presumen de tener un alto concepto de sí mismos en cuanto al Servicio de Información produciendo informes maravillosos de inteligencia, tienen su sección.

La realización de OSINT -Obtención de Información de Fuentes Abiertas- es algo bastante sencillo; la obtención de datos previos a cada movilización, también. Aún más fácil es conseguir identificar a todos los componentes de esos hechos, muchos de los cuales son observados por agentes a escasos metros de distancia. Ese cuerpo policial cuenta con los mejores medios. Reciben un salario superior en un 35% de media respecto a Policía Nacional y Guardia Civil. Y, para colmo, no efectúan detenciones ni despejan las autopistas de delincuentes. Si una orden es ilegal no están obligados a su cumplimiento, por mucho que sea emitida por el Superintendente, Director General, Consejero de Interior o el Sursum Corda.

Por el momento es trata de una revolución subvencionada, que trata de ocultar los presuntos delitos de apropiación de dinero de la familia Pujol, entre otras. Esas cuadrillas de malandrines destacan por su cobardía. Reciben arengas, ánimos y apoyo del propio Presidente de la Comunidad Autónoma Joaquín Torra. A semejanza del famoso Capitán Araña, embarca a todo el mundo y él se queda con la caña en el sillón de casa. ¿Qué arriesgan?

La cobardía es su principal bandera. Los revolucionarios, a diferencia de esta banda de majaderos, arriesgan su patrimonio, el de su familia y ponen en riesgo su propia existencia. La vida es el principal valor de un ser vivo. Quien está dispuesto a arriesgar la libertad, así como seguir cumpliendo años por una causa justa, cuando es acorde a la ley, quizá tendría un pase. Estos “robolucionarios” de medio pelo, incluidos quienes huyeron de la acción de la Justicia, resguardándose en estados traidores de la Unión Europea, constituyen un claro ejemplo de cobardía.

Disponen de 17.000 agentes armados, bien equipados y recibiendo un salario superior al resto de funcionarios del Ministerio del Interior. ¿Cuál es el principal sostén de un delincuente? ¿La ideología? No, ni por asomo. Si se controla la financiación de los malos, restringiendo todas las mamandurrias de los separatas, su movimiento duraría el tiempo de una pompa de jabón.

Solo cabe una duda en el término cobardía para aplicar a los políticos en España. ¿Quién superaría en ese nivel al contrincante? ¿Catalanes separatas o quienes deberían de cumplir y hacer cumplir la Ley con la Constitución Española de 1978 como norma fundamental?