Opinión

¿Qué hay de lo mío? ¿Y de lo nuestro?

Pedro Sánchez en Costa Rica.

Pedro Sánchez en Costa Rica. EFE

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Imagino que el Sr. Sánchez habrá oído muchas veces aquello de “¿Qué hay de lo mío?” desde que compró el acceso a la Moncloa mediante ese agujero negro de la democracia consistente en la asociación de partidos perdedores que, avalados por una masa de votantes heterogénea, pueden derrocar al partido con más votos y totalmente homogéneos.

Tras cien días de gobierno suele hacerse un primer análisis de la gestión efectuada y, sinceramente, esperaba que eso ocurriese a  finales de septiembre. Es sabido que nuestra clase política tarda en ponerse en marcha tras las vacaciones estivales, por lo que suele considerarse inhábil el mes de agosto, y más allá. Es una de las pocas cosas en las que se ponen todos los partidos de acuerdo, como en las subidas de salarios. Los suyos, claro.

Sin embargo, hemos podido ver este verano una inusitada actividad política. Y es que, cuando se trata de crispar y dividir, no hay tregua posible y cuanto antes  se empiece, mejor. Esta vez no hacía falta recurrir al comodín del aborto, tema de máxima prioridad que solía esgrimir el PSOE en el pasado. El Sr. Sánchez tenía deudas nuevas que pagar a sus cómplices dentro de su plan para convertir a su erudita esposa en primera dama. Como por ejemplo, resucitar a Franco.

Así es que entre una hemeroteca plena de afirmaciones no cumplidas que no ha provocado ni el más mínimo rasguño en la pétrea faz de Pedro Sánchez, la cansina cantinela -cantada por Los Mismos de siempre que no por el famoso trío de los años 60- de los cientos de lazos amarillos en el alcornocal catalán (la canción original hablaba del roble pero en este caso es más adecuado el alcornoque), las grandes colas que se han formado para visitar el Valle de los Caídos tras la inestimable promoción turística de don Pedro y la semana de los cuchillos largos en TVE (otro peaje a pagar), hemos tenido un agosto bastante intenso por lo que podemos dar como hábiles (laborales) los cien días transcurridos.

Es curioso que en el día que escribo estas líneas ha salido a la luz que en el programa “Informe Semanal” vetaron un programa sobre los cien días del nuevo gobierno y lo sustituyeron por otro sobre el Valle de los Caídos. Y yo me pregunto: ¿Y qué más da?Como parece ser que lo de convocar elecciones no va con el nuevo presidente lapa, salvo desastre en la aprobación de presupuestos y otros temas pendientes y dependientes de minorías parlamentarias, no me queda otra que preguntarle al Sr. Sánchez: ¿Qué hay de lo nuestro? De aquellos a los que nos importa una higa la última morada de Franco o la chiquillada de los lacitos, o simplemente tenemos prioridades de adultos.

¿Qué plan tiene para el todavía altísimo paro juvenil? ¿Cómo espera que la juventud acceda a la vivienda y consuma si tienen salarios inferiores a los mil euros, a pesar de tener carreras y másteres varios (obtenidos de verdad y con esfuerzo) y aun trabajando en lo suyo? ¿Qué esperanzas les va a dar a los parados de larga duración, especialmente a los que superan ciertas edades? ¿Qué va a hacer para que nadie tenga que irse a trabajar al extranjero si no lo desea? ¿Cómo piensa retener a los jóvenes para que coticen aquí y la economía española no se vaya al traste a causa de una población cada vez más envejecida? ¿Qué vida digna piensa ofrecer a nuestros ancianos con pocos medios, vía esas ayudas sociales con las que tanto se le llena la boca y que da la sensación que piensa destinar a cualquiera antes que a los trabajadores que han levantado España? 

Un político decente explicaría esto lo antes posible anteponiéndolo al chantaje de sus socios. Y si con ello perdiese el gobierno, que por otra parte se sustenta con hilos, tendría ocasión de volver a explicarlo en una campaña electoral. Pero claro debe ser muy tentador seguir jugando a House of Cards con la parienta con las intrigas, enchufes y trapicheos de palacio incluidos.