Opinión

¿Eres quien eras?, ¿serás quien eres?

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Sabes quien eres?, ¿crees que eres la misma persona que hace diez o veinte años?, ¿que queda en ti del niño/a que fuiste?.

No te extrañes de las preguntas que te he hecho. Según los científicos nuestro cuerpo está cambiando constantemente, y las células de las que nos componemos se están reemplazando continuamente, de tal modo que las de la piel se regeneran cada 2-3 semanas, igual que las de las encías, las que recubren el estómago y el aparato digestivo lo hacen cada seis días e, incluso, las del esqueleto se renuevan completamente cada diez años, con lo cual podemos afirmar que una persona, a partir de los veinte años, se sustenta sobre unas piernas que tienen menos años que los que indica la fecha de nacimiento de su documento de identidad, aunque si se correspondan con su edad.

El investigador molecular Dr. Jonas Frisen acreditó en 2005, la constante regeneración de las células que componen nuestro cuerpo humano, calculando que son reemplazadas en lapsos entre siete y diez años, si bien el ADN permanece inalterable, siendo ésta la causa por la cual envejecemos.

El biofísico estadounidense Paul G. Aebersold llegó a enunciar que el porcentaje de células que se regeneran de forma constante es del 98% de nuestro cuerpo. Identificando el 2% restante en las células que componen el corazón, que se renuevan al menos en su mitad, a los 70 años, y las neuronas cerebrales que pueden alcanzar los 100 años, acompañándonos, mayoritariamente, desde que nacemos, hasta que somos ancianos.

Muchos siglos antes, exactamente hace veinte, Plutarco recogió una leyenda griega que decía así: "El barco en el cual volvieron (desde Creta) Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era.”

Lo expresado en esa leyenda se conoció desde entonces como "La paradoja de Teseo", planteando preguntas que se han mantenido a lo largo del tiempo, atravesando a cada generación. Si Teseo conservaba el barco cien años después de haber navegado en él Demetrio de Falero, ¿seguía siendo el legendario barco de aquel?, si no lo era, ¿cuando dejó de serlo?, ¿cuando fue sustituida la primera de las tablas, o el primero de sus remos, o el primer trozo del paño de sus velas? …¿en que porcentaje de sustitución lo dejó de ser, al 20%, al 51% …al 99%?. ¿Se sigue teniendo el mismo barco a pesar de haber reemplazado cada una de sus partes?.

Imagina por un momento si se hubiera sustituido la mitad del barco de Teseo por otra, ¿tendríamos entonces dos barcos de Teseo?.

La clave de lo que plantea "La paradoja de Teseo" es el concepto de identidad, y es que ésta no es producto de la materia física, sino de la manera en que está organizada. Piensa por un momento en alguno de los grandes clubes deportivos de la actualidad, más allá de quienes jueguen cada uno de los partidos en los que participen, el equipo es el mismo, luego su esencia no está en sus componentes.

Plantéate que a uno de los martillos que tienes en tu taller domestico, le cambiases su mango … y si luego le sustituyeses también la punta, ¿seguiría siendo tu mismo martillo?

Volviendo a lo que plantea "La paradoja de Teseo", podemos decir que al margen del porcentaje de sus componentes que haya sido sustituido, incluso si lo fueron al 100%, lo esencial es la idea del mismo, es decir la forma en la que se diseñó y la forma de organizar su estructura.

La resolución a la pregunta de quienes somos cada uno de nosotros, si quienes fuimos, quienes somos o quienes seremos, hace necesario incorporar una nueva dimensión, más allá de las tres espaciales conocidas. Piensa en una temporal que abarque cada uno de tus “yo”, desde el niño que fuiste, al anciano que serás, pasando por el joven y el adulto.

Eres el caudal de materia, información, aprendizajes, pensamientos y decisiones que te acompaña hasta el final del relato de tu propia historia. Cada uno de nosotros somos el resultado de un proceso dinámico, antes que un sujeto estático.

Heráclito afirmó que “…ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, pues nunca es el mismo río y nunca el mismo hombre”, y con el ejemplo de esta otra paradoja podemos decir que el proceso evolutivo que agruparía cada uno de nuestros “yo” se podría representar con la idea de una cascada, el agua nunca será la misma, pero la cascada seguirá siendo ella mientras siga fluyendo, ayer, hoy y mañana.

Eres lo que fuiste, lo que eres y lo que serás; en la agregación de todo ello está tu esencia, ese componente inmaterial que te identifica. Las células de tu cuerpo se transforman, pero como en el barco de Teseo, lo esencial es tu idea sobre ti mismo.