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Un lugar tranquilo

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Acercarse a una sala a ver una película de terror puede resultar un ejercicio de cierto riesgo, porque si bien hay un buen número de obras maestras de este tipo de cine, al mismo tiempo puede ser considerado muchas veces una especie de cajón desastre donde films infames y ridículos se presentan ante un espectador ávido muchas veces de carroña sin más, actuando como mero transmisor de sus bajos instintos. 

Esto alcanza su cenit en los festivales dedicados a este género, donde la experiencia de sobrecogimiento y tensión que debería transmitir todo film de este tipo, es sustituida por una especie de fiesta donde las secuencias más terribles son jaleadas con alborozo por los espectadores como si fueran hooligans.

Así pues, los cinéfilos que entendemos el cine de otra manera, digamos más clásica, desprejuiciada y poco tribal, debemos tener precauciones ante el cine de terror contemporáneo tanto por la película en sí, como por el contexto donde se ve, siendo este, el contexto, un elemento esencial a la hora de disfrutar de un film de estas características. Y es que la frase de “el cine en el cine” alcanza cotas de máxima necesidad en lo que al terror se refiere, al requerir de un contexto de recogimiento, oscuridad y abstracción del exterior, solo posible en el interior de una sala cinematográfica.

De ahí que entiendo que merezca la pena primero, ir a ver una película ante la expectativa de sus buenas críticas previas para, tras haberla visto, pararse un rato a comentar un film notable donde convergen muchos de los mejores ingredientes de las grandes películas del género, pero aquí pasados por un tamiz de renovación, originalidad y riesgo que hacen que “Un lugar tranquilo” sea una apuesta estimulante en todos los sentidos.

Lo primero que hay que decir, es que si el objetivo de una película de terror es que pases miedo, que lo pases mal, y que estés durante todo el metraje de la misma con el estómago encogido,  esta cinta lo logra con creces, ya que desde el inicio te enfrenta a una situación tan triste, desesperada y terrorífica, que ya no te abandona hasta el final.

La historia cuenta con ingredientes poderosos muy utilizados en muchas cintas de este tipo, como son una familia aislada que se enfrenta a un peligro mortal y superior en fuerza y poderío, a lo que se añade la inconcreción de la naturaleza de esa amenaza, su origen y la ausencia de una explicación ante lo que ocurre.

A partir de estos elementos, la defensa de los personajes se articula a través de la ausencia de sonidos, al ser este el elemento que atrae a esos seres amenazantes. Esta circunstancia marca la narración de un film donde el silencio es tensión y el ruido es horror, todo esto llevado con un buen ritmo narrativo, sin fisuras en el desarrollo del relato, con momentos potentes de inquietud muy bien llevados y con una poderosa historia personal detrás que nos hace empatizar con la situación y las circunstancias de los protagonistas.

Daos prisa, porque sospecho que lamentablemente este film no va a durar demasiado en cartelera, y son pocas las ocasiones en que una película nos lo puede hace pasar tan bien, haciéndonoslo pasar tan mal, y todo ello en el marco incomparable y único del silencio y la oscuridad que ofrece una sala de cine.