Ada Colau

En pantalón corto

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Los chinos aunque a simple vista pueda parecer que siempre son los mismos, nos demuestran que las apariencias engañan. Desde hace unos cuantos años los casi 1.500 millones de habitantes que alberga China tienen la prioridad de lo emergente. Ahora bien, al venir todos ellos de una cultura milenaria resulta que conocen a la perfección los puntos débiles del contrincante. De ahí que sean un portento a la hora de enfocar cualquier clase de negocio u oficio. Son estudiosos, muy respetuosos y ávidos comerciantes.

Aún no he visto a ningún chino masculino en pantalón corto. A ellas sí, al menos a las que ya se sienten más occidentalizadas. Y traigo esto a mi columna de hoy porque uno puede ir vestido con un simple taparrabos o también en picardías si con ello se acierta para la ocasión. De todas las formas lo del vestir es algo muy personal de cada cual. Eso sí, una cosa es crear tendencia y otra muy distinta el pasear indigencia de atuendo cuando se es pudiente con cargo al erario público y además la ocasión requiere nobleza de actos.

Según parece, y de esto se ha conocido a tiempo pasado, el primer teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, hizo esperar a los directivos de una empresa farmacéutica china tres cuartos de hora, se presentó en pantalones cortos y se deshizo de los chinos de inmediato con la excusa de que estaba muy ocupado y que una subordinada se ocuparía de atenderlos. Los representantes de la empresa farmacéutica Tongrentang, líder en el sector de la medicina tradicional china, se sintieron agraviados y muy ofendidos. No era para menos máxime cuando los ejecutivos asiáticos pretendían formalizar su implantación empresarial en Barcelona con una inversión inicial de ochenta millones de euros en un claro y productivo proyecto financiero con el Ayuntamiento de la ciudad.

De entrada, Ada Colau derivó la visita de los empresarios a su segundo, Pisarello, alcalde accidental por la baja de maternidad de la alcaldesa, pero este auxiliar de grado municipal hizo lo que por decencia de palabra y obra no se debe cuando representas de manera oficial lo que demanda el cargo. Así pues, no se mostró precisamente cortés con los inversores ni interesado en sus planes y dio boleto a los atónitos chinos.

El pantalón corto es lo que tiene, que hay que saber llevarlo. Ocurre lo mismo con un echarpe que no ha de ser utilizado como si fuera una servilleta al hombro. Bien entendido que el camarero que así porta el citado paño viene a representar con mucha dignidad la campechanía de un típico comedor al uso, con sus manteles de hule y el guiso del día. Diferente es cuando la servilleta se lleva a la cintura. Ahí hay otro estilo. Es como el buen chal, mantelete o pañoleta que bien portado siempre será bien apreciado. Cada cosa en su lugar.

De pequeño, pasar del pantalón corto al largo, era sinónimo de avanzar en hombría. No se concibe, por tanto, participar en la fiesta del paso del Ecuador con las canillas al aire por mucho que la moda interpelase a los caprichos de cada cual. Las formas se guardan o por el contrario a los chinos, que son muchos pero no siempre los mismos, se les ofende en lo más profundo de su cultura, que no es otra cosa que el debido respeto.

Desconozco el porqué de la contumaz manía que tiene esa clase de representantes públicos para lo impúdico de sus actos. De toda la vida hay lo que se conoce como protocolo de las buenas prácticas para la higiénica y decorosa presencia en actos con terceras personas; y lo digo porque estas formaciones acostumbran a pronunciarse en futuro incierto, y claro, eso entre humanos de buen crédito social hace imposible compartir mofa y befa.

Yo soy de pantalón corto en época estival, eso sí, consciente de mis limitaciones, más que nada porque mi atractivo difiere mucho de una contextura bien entendida. El desgaste de la edad estropea los cuerpos y en mi caso nunca tuve a Adonis como referente, lo que sucede es que mi sentido del ridículo lo compensa el aprender de quienes saben más que yo; por eso el señor Pisarello debería conjugar mejor los verbos del ridículo antes de salir a escena. Yo lo hago y no cuesta ningún trabajo. Hay modas que no pasan.