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Los muertos que vos matáis gozan de buena salud o como Susana Díaz entronizó a Pedro Sánchez

Díaz y Sánchez en un acto del PSOE en Sevilla.

Díaz y Sánchez en un acto del PSOE en Sevilla.

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Lo dicho, y hecho, en el pasado deja de pertenecer al autor de determinados actos, ni de esos dichos, sino que ya forma parte del recuerdo colectivo de la sociedad, cogiendo toda su perspectiva con la acertada cita de Aristóteles, de que “el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”.

Así, quien recibiera todo el apoyo del aparato orgánico del PSOE, en su pelea por el liderazgo de dicho partido político -Susana Díaz- desde Felipe a Bono, desde ZP a Ximo Puig o Lambán, desde García-Page a Madina, desde Guerra a Fernández Vara; que ha repetido hasta la saciedad que la prioridad de esa formación era dedicarse a la costura, restañar heridas y concentrarse a recuperar la unidad, fue incapaz, en su conferencia de prensa para comentar los resultados, de pronunciar el nombre de quien venció en dicho proceso de primarias socialistas, y ya su nuevo secretario general, Pedro Sánchez.

Todo lo cual quedará enmarcado en el recuerdo colectivo junto a lo ocurrido en el Comité Federal del uno de octubre de 2016 en el PSOE; que terminó con la dimisión del mismo secretario general, a través de un movimiento organizado por las élites del PSOE, arropadas bajo la ilusión de “la no derrotada”, en Andalucía, igual que sucedió antes con Escuredo, Rodríguez de la Borbolla, Chaves y Griñán, aunque en el caso de Susana Díaz, sus resultados fueron los peores de todos ellos.

Otro recuerdo que ya resonará, permanente, al revisar la historia reciente del PSOE será la voz, algo chillona, de Verónica Pérez, diputada autonómica socialista andaluza, y conocida susanista, en los días del golpe de mano contra Pedro Sánchez, declarar que "la única autoridad que existe en el PSOE es la presidenta del Comité Federal, que le guste o no a alguno, soy yo”; quizás vinculado al reflejo de ver su imagen desaparecer, discretamente y con la mirada perdida, de la sede de Ferraz, en la noche de las primarias.

Las indisimuladas aspiraciones de Susana Díaz al liderazgo socialista han sido algo tan evidente, como mal ha calculado los tiempos para presentarlo y abordarlo. Sus propios errores han sido el principal caldo de cultivo de la candidatura de quien la ha vencido.

Su progresión ha sido más que llamativa, desde afiliarse como militante de base a las juventudes socialistas de Andalucía, consiguiendo que el PSOE haya sido la única empresa que ha cotizado por ella a la Seguridad Social, hasta ir escalando en la jerarquía socialista y heredar el partido tras el escándalo de los ERE, a pesar de que ella ya era alto cargo al iniciarse los hechos afectados por él, en 2001, consejera de Presidencia e Igualdad de la Junta de Andalucía (12/13), secretaría general del PSOE-A (12/13) y, finalmente, presidenta de la Junta de Andalucía desde 2013.

Quizás su excesivamente rápida ascensión hacia los oropeles, hayan germinado en ella unos aires de prepotencia que la alejan de los votantes que aspiraría tener; desde luego fuera de Andalucía, pero también dentro, como representan la oposición a ella, en sus propias filas, de Juan Antonio Rodríguez, alcalde de Jun o Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y ello tenga que ver con su desdén a Pedro Sánchez desde el mismo momento de su primera victoria en las primarias del 13 de julio de 2014, con el comentario que le dedicó de “éste chico no vale, pero nos vale”, aún a pesar del apoyo público, y expreso, de la andaluza al madrileño.

Y el RIP definitivo a sus pretensiones al liderazgo socialista quedaron enterradas en la imposición de la abstención del PSOE ante la candidatura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, con unas formas inquisitorias, impuestas por una gestora "ad hoc", integrada por colaboradores cercanos; además de la foto del principal acto de su candidatura en la que se rodeó de todos quienes han sido algo en el PSOE …¡o mucho!, pero en el pasado: Felipe González, Alfonso Guerra, ZP, Rubalcaba, etc.

A partir de ahí entregó el armamento y los argumentos. La decepción social, la indignación de las verdaderas víctimas de la crisis, el fraude de una España en la que se vive mucho peor que hace un decenio, los errores, no superados, de la gestión de José Luis Rodriguez Zapatero, el hecho de que la sucesión de éste, por primera vez en la historia socialista, fuera a través de un integrante de una generación anterior a su liderazgo y la post verdad a la que ha ido evolucionando las respuesta del PSOE oficial a los problemas reales de la gente, es lo que ha hecho que podamos enunciar el título con el que he comenzado este artículo, dedicado a la presidenta de la Junta de Andalucía, quien ahora ha visualizado que su prioridad es conseguir ganar el congreso regional del PSOE-A, porque más allá de ambiciones y de liderazgos… ¡el sueldo, es el sueldo!

Por todo esto, señora Díaz, ésta pequeña elegía a su quehacer, que no puede tener un mejor título, ni resumen: "Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”.