El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa Begoña Gómez durante el Comité Federal del PSOE.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa Begoña Gómez durante el Comité Federal del PSOE. Europa Press.

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El hombre que no se va (y por qué hay que echarlo el 29-N)

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Aviso: esto no es equilibrado. Si busca el "y también", no siga leyendo.

I. El okupa de Moncloa

Sánchez perdió las elecciones de 2023. No las ganó: las perdió. Y, sin embargo, sigue ahí, porque encontró la fórmula mágica: si no puedes convencer, compra. Amnistía, financiación singular para Cataluña, traspaso de Rodalies, reuniones con prófugos en Suiza. El precio de un día más en el sillón no tiene tope.

Y ahora lo dice su propio socio. Junts, el partido que le puso en Moncloa con sus siete votos, le llama "corrupto hasta la médula" y "capaz de absolutamente todo" para seguir. Cuando quien te sostiene te describe así, no es una calumnia: es una confesión por interposición.

II. Maricarmen: el cadáver como escaño

Maricarmen Abascal murió el 7 de octubre de 2026, desahuciada de su casa tras seis años de lucha. Tenía 87 años. Un fondo buitre le subió el alquiler de 500 a 1.600 euros. Su pensión era de 1.400.

Ese día Sánchez tuiteó: "Un abrazo a todos los que hoy sentimos esta pérdida como propia."

"Como propia." Sánchez no perdió nada. Sánchez no vivió setenta años en ese piso. Sánchez es, si acaso, parte de aquello contra lo que Maricarmen luchó.

Un día antes de su muerte, el Gobierno ya había convocado elecciones para el 29-N. El cadáver le vino como anillo al dedo: tapaba Ceuta y tapaba la corrupción. Y, con el Congreso disuelto, resucitó por decreto los decretos de vivienda que el Parlamento había tumbado. La portavoz Elma Saiz lo llamó "ético".

Ético. Resucitar una ley rechazada democráticamente, usando un cadáver como coartada, en plena campaña. Eso no es ética. Es electoralismo con olor a formol.

III. Ceuta: la pasividad como método

El CNI avisó el 29 de julio. Grupos con 180.000 seguidores convocaban un "asalto" a Ceuta. La alerta llegó a la Delegación del Gobierno y a la Guardia Civil. Todos lo sabían. Marruecos también.

El 30 y 31 de julio, entre 80.000 y 100.000 personas cruzaron la frontera. Setenta y dos muertos en el camino. Ceuta, con 84.000 habitantes, duplicó su población en dos días.

Sánchez dijo: "Nadie podía anticiparlo."

Mentira. La información estaba. Lo que no hubo fue decisión. Tres días de margen. Cero actuación. Y la coartada oficial es que el CNI no usó el "cauce adecuado". Como si un WhatsApp del servicio de inteligencia no bastara para movilizar a alguien.

Tres meses después, nadie sabe cuántas personas quedan en Ceuta. Devoluciones: cero. Buques de guerra marroquíes en aguas territoriales españolas. Sánchez lo llamó "una manera inteligente" de gestionar la situación.

Inteligente. Cien mil personas. Setenta y dos muertos. Cero control. Eso no es inteligencia. Es complicidad por omisión.

IV. La corrupción que nadie quiere nombrar

La corrupción de Sánchez no es la de los sobres. Es peor, porque es legal: de la verdad (mentir como método), de la ley (cambiarla para salvarse), de las instituciones (colocar a dedo, Fiscal General incluido) y del lenguaje (llamar "ético" a lo que solo es electoral).

V. Por qué hay que votar el 29-N

Porque el 29-N no se elige entre izquierda y derecha. Se elige entre seguir normalizando esto o ponerle fin.

Un presidente que perdió y gobierna igual.

Que compra votos con amnistías.

Que negocia la soberanía con un prófugo.

Que deja entrar a cien mil personas sabiéndolo.

Que usa el cadáver de una anciana como escaño.

Que resucita leyes tumbadas por el Parlamento y lo llama "ético".

Cada uno, por separado, ya sería motivo de dimisión. Juntos, son motivo de urna.

No se va a ir solo. Lleva años demostrando que es capaz de absolutamente todo para quedarse. La única forma de echarlo es votar. Sin excusas. Sin "todos son iguales". Sin "mi voto no sirve".

El 29-N se vota para echar a este Gobierno de Moncloa. Todo lo demás es retórica.

Reflexión final

El problema no es solo Sánchez. Es que hemos normalizado que un presidente pierda y siga, que compre votos, que negocie con prófugos, que use cadáveres, que deje entrar a cien mil personas sabiéndolo y diga que no lo sabía.

Sánchez es el síntoma. La enfermedad es un sistema donde permanecer en el poder es el único objetivo, y no hay límite moral, legal ni institucional que no se pueda doblegar para lograrlo.

El 29-N es la última oportunidad de recordar que un presidente debe irse cuando pierde, cuando miente, cuando se corrompe. Después, solo quedará el silencio y el arrepentimiento.

"No lo digo yo, aunque lo piense. Lo dice Junts." — Y cuando quien te sostiene te llama corrupto, el problema no es que te insulte. El problema es que tiene razón.

Vota el 29-N. No para castigar. Para echar.