El líder de CCOO, Unai Sordo, el presidente Pedro Sánchez y el secretario general de UGT, Pepe Álvarez.

El líder de CCOO, Unai Sordo, el presidente Pedro Sánchez y el secretario general de UGT, Pepe Álvarez. CCOO

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Éramos pocos

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Éramos pocos y parió la abuela, ha llegado el tapicero y se han presentado de golpe Unai Sordo y Pepe Álvarez, Pepe Álvarez y Unai Sordo, que no se pierden ni un bombardeo ni una juerga en el tablao flamenco. El caso de estos últimos es digno de estudio porque parece que se hayan acordado repentinamente de que dirigen sendos sindicatos -que dicen mayoritarios- y, luego de un tiempo sin patear el asfalto con sus consignas y su pañuelo "colorao", nos quieren traer una huelga general que esperan recibamos como si estuvieran lloviendo billetes de cien. Y es que han decidido convocar el paro al calor de las protestas de los perroflautas por el tema de la vivienda, pero cuando por fin tenemos a Maricarmen camino de casa -con su bingo y sus peleas de vecinos-; el presidente ha adelantado las elecciones y está dispuesto a convalidar los decretos tumbados por el Congreso en la Diputación Permanente; ya ha pasado el lechero, ese toro zaino y el expreso a Calatayud. Creo que el retardo puede ser debido a la caraja típica del gran sindicalero, siempre ocupado en correr detrás de una bandeja de langostinos, o a causa del vicio tan español de llegar tarde a todos los sitios. Los malpensados dicen que la ocurrencia de los Sacco y Vanzetti patrios esconde el propósito de echarle un guante a Pedro Sánchez en su campaña electoral, porque le van a hacer falta unos cuantos manuales de resistencia, ciertos armadijos, nietos y alguna velita al santo para volver a pisotear los enjoyados tronos de la tierra bajo sus pies calzados con guarachas -perdón, siempre he querido emular a Robert E. Howard-.

Conque digo yo que seguimos siendo pocos aún habiendo parido la abuela, una vez instalado el tapicero, habiéndose presentado de golpe Pepe Álvarez y Unai Sordo, Unai Sordo y Pepe Álvarez, surgida de la nada María Jesús Montero y su coro de "mopongos" y con un Puigdemont loco por incordiar, gritar desde un balcón ampurdanés aquello de "¡Ja sóc aquí!" y denunciar que los españoles somos unos desalmados. Está claro que no tenemos precio: desalmados, pocos, mal avenidos, quisquillosos y mosqueados con Correos; que el enfado postal peca de exageración porque los carteros son muy de fiar. ¿Quién lo duda? Precisamente hoy me han llamado de su oficina para que fuera a recoger un paquete que no esperaba, que contenía unos libros que nunca escribí, enviados desde el otro lado del Atlántico por una editora que no conozco. En resumidas cuentas, parece que pinta un otoño caliente. Pero eso no lo digo yo, lo aseguran las encuestas.