Pedro Sánchez anunciando el adelanto electoral.
¡Elecciones generales! ¡Por fin! El Gobierno estaba acabado ante la evidencia palmaria de su manifiesta incapacidad. Pero su "número uno" no convoca elecciones ahíto de remordimientos ni atemperado por la congoja de sus estrepitosos fracasos. Las convoca de forma revolucionaria, (hay que "doblegar a las élites"), y por despecho personal, ("en el Parlamento se pisan los intereses de la gente"), ¡ni más ni menos!
El hombre que tardó cinco días en colegir que estaba "profundamente enamorado" ha tardado sólo dos en concluir que está profundísimamente ofendido. De nuevo, ha "cometido errores", ¡mecachis en la mar!, pero él y sólo él debe y puede seguir "para hacer más". Y por eso necesita "renovar el apoyo de la gente". Acorralado sin remedio, llama a "la gente", (no a los ciudadanos), a votar.
Hay que preguntarse, pues, por el mundo que amanecerá el 30-N. ¿Queremos un mundo en que podamos dormir felices, a pierna suelta y en la misma cama con nuestro más feroz enemigo? ¿Queremos que, en ese mundo, al tener que ir a un juzgado, la Fiscalía (defensora de la Ley), nos eche una mirada torva y nos declare culpables sin remisión por nuestro aspecto, nuestras amistades o nuestras opiniones? ¿Queremos que al coger un tren se nos siga cayendo el café hirviendo en el regazo mientras apostamos con el vecino si llegaremos (o no) a la estación de destino?
¿Queremos que cuando se desaten de nuevo las fuerzas de la Naturaleza nos inviten, soberbios y despectivos, a "pedir ayuda" mientras nos entierra el alud de fango, o nos chamuscan las llamas, o nos atropellan las corrientes de lava? ¿Queremos que no se presenten nunca más los engorrosos Presupuestos Generales del Estado, ni se deflacten los tributos, ni se reduzca por ninguna causa ningún impuesto, ni se reinviertan útilmente los fondos europeos que puedan seguir cayendo del cielo bruselense?
¿Queremos que jamás se puedan construir las viviendas necesarias gracias al mecanismo del mercado y la inversión para poder disponer de un techo en propiedad, o que se expropien por las buenas todos los bienes raíces en manos de multipropietarios, pymes, fondos y capitalistas sin aversión al riesgo para repartirlos "a la buena de Marx" entre "la gente"? ¿Queremos que se pueda "cambiar de opinión" cada vez que no suene la flauta según lo que nos apetece más, sin que se nos pueda exigir jamás ninguna responsabilidad por mentir como bellacos y meter la pata en todos los charcos?
¿Queremos acoger, sin discriminación ni consideración alguna, a todos los migrantes de este mundo, vengan de donde vengan, entren como entren, hagan lo que hagan y sean quienes sean? ¿Queremos que nunca más haya alternancia democrática para estar resguardados y protegidos por siempre jamás en las inmejorables manos de "socialistas sanchistas "incorruptibles, intachables, abnegados y ejemplares? En fin… ¿Queremos seguir "dando mucho y recibiendo poco"?