Mujer musulmana con un burka. IStock
¡Ay, esta España nuestra!
El otro día, mirando la TV, empecé a escuchar, ¡otra vez, cómo no!, a unos señores que hablaban de este tema, como podrían haberlo hecho de cualquier otro, con eso de llenar tiempo en pantalla, y medrar con ello.
Hablaban de la condición sexual de la gente, afirmando motu proprio lo que conviniera en este caso, que, ¡cómo no!, podía ser cualquier cosa, cuando esa condición es algo absolutamente personal en el que cada uno pude tomar la posición individual que le plazca.
Ni me imagino a ningún informador o periodista, o pseudo informador o pseudoperiodista, fijándose en las personas con ojos azules y montando campañas de ataque o defensa, o subvencionando campañas de apología del azulhojismo, para que tanto el que quiera como el que no se pigmente los ojos de ese color, so pena de convertirse en sospechoso socialmente de no se sabe exactamente qué.
Asunto de otro cantar es la tensión a la que semejantes actuaciones llevan a la sociedad en su conjunto, que se se ve empujada en un camino de presunta virtud hacia un abismo que, como mínimo, la lleva a un claro peligro de extinción.
Ese "todo vale" no es baladí: puede significar la caída de una civilización, como ya se demostró con el Imperio romano o la dinastía Han.
Es absolutamente imposible eliminar todo elemento perturbador o claramente destructivo en toda sociedad, pero es necesario identificarlos y reducir su área de poder a la nada. Y si esto último no es posible, limitarla lo suficiente para encapsular su influencia hasta el ámbito local más inimaginable.
Está tan generalizada esta forma de actuar en nuestra sociedad, que incluso se fuerzan situaciones hasta el absurdo, con tal de conseguir beneficio personal, o para la secta a la que se tenga a bien pertenecer, sea delictiva o no. O ambos. Y así, el abismo está cada vez más cerca.
La negativa a aprobar en el senado español la prohibición del burka "huele muy mucho" a estrategias como las que hemos señalado: puro marketing para "cazar votos" o desinformar a quien aún esté "algo despistado" con las dinámicas que rigen el mundo político.
Que "nuestro" Tribunal Constitucional ponga negro sobre blanco en alguna de sus sentencias que se le prohíbe a algunos alcaldes el prohibir el burka, con la muy "lógica" idea de que "eso limita la libertad religiosa del individuo", es un nuevo giro de tuerca. Como mínimo, si no se rompe, empieza a no ser ya "tan de todos", que es el primer fundamento que justifica su propia existencia.
Llegando al retruécano, por "generación espontánea" para despistados, han surgido entes que, para "expulsar el mal social" (el suyo, claro) velan para "abrir los ojos al infiel"… expulsando a quien le lleva la contraria. Puro ejercicio democrático, vamos.
O cualquier clase de comisiones o similares, vamos, que la imaginación da para mucho.
Cuando ya la propia prensa se canibaliza entre sí intentando hacerse el harakiri, es muy muy de agradecer que (ya no por "generación espontánea ", sino por sentido común y supervivencia) surja un movimiento social en contra del abismo que se entrevee.