Montaje de el influencer @victorprous y el pueblo turolense de Tramacastiel.

Montaje de el influencer @victorprous y el pueblo turolense de Tramacastiel. Canva.

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El restaurante en un pueblo de 12 habitantes donde comer hasta reventar: "Es como si lo hubiera hecho mi abuela"

"Ya quisieran en muchos restaurantes de ciudad tener estas albóndigas", cuenta Víctor Prous, influencer gastronómico, en su visita a Tramacastiel.

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Uno de los momentos más felices de cualquier escapada, sin lugar a dudas, está en la gastronomía.

Ese parón en un bar de carretera después de kilómetros al volante puede convertirse, muchas veces, en uno de los grandes recuerdos del viaje.

Y si, además, la parada sirve para descubrir pueblos con encanto, la experiencia gana todavía más.

En este sentido, brilla con luz propia un hostal-restaurante situado en un pequeño pueblo de Teruel. Aunque, en este caso, las apariencias sí engañan.

Hablamos de La Barcana, en Tramacastiel (Teruel), un restaurante de cocina casera que ha conseguido hacerse un hueco en redes sociales gracias a un reciente vídeo de Víctor Prous (@victorprous).

El influencer gastronómico catalán, que cuenta con cientos de miles de seguidores, puso el foco en este rincón turolense, al que se refiere como un pueblo de apenas 12 habitantes.

En realidad, hay 62 personas censadas, aunque la cifra real de vecinos que residen allí de forma habitual se acerca más a la docena, un reflejo de los efectos de la despoblación.

Así es La Barcana

Al frente de los fogones está Marta, su propietaria, que cuenta con orgullo cómo dejó atrás su vida en la ciudad para cumplir un sueño: regentar este negocio rural en solitario durante casi una década.

Originaria de Badalona, Marta tiene además un vínculo especial con Tramacastiel, ya que se trata del pueblo de su padre. Volver hasta aquí y hacer de este lugar su hogar era, para ella, mucho más que un proyecto.

"Era un sueño, yo quería vivir aquí", afirma.

En total, según cuenta Víctor, el menú ofrece nada menos que ocho primeros y siete segundos por unos 15 euros.

Una propuesta sencilla y asequible que apuesta por los "productos de proximidad" y por platos elaborados al momento, sin aditivos modernos.

La carta mantiene ese aire de cocina casera y tradicional. Entre los platos que prueba están los huevos rotos con jamón local, "hechos al momento", y unas albóndigas artesanales que sorprenden al creador de contenido. "Es como si las hubiera hecho mi abuela", afirma.

"Esto es comida casera, nada de aditivos, ni conservantes, ni estabilizantes. Ya quisieran en muchos restaurantes de ciudad tener estas albóndigas", cuenta.

Huevos rotos y albóndigas de La Barcana.

Huevos rotos y albóndigas de La Barcana. Google Reseñas.

La nostalgia se dispara con el lomo de bacalao gratinado con alioli.

"Me he teletransportado a casa de mi abuela", afirma, antes de sorprenderse de nuevo con la buena relación calidad-precio: "por 15 pavos comerte un lomo de bacalao de segundo. Oye, ni tan mal".

Para terminar, llega el turno de los postres. Melocotón de Teruel en almíbar y una panna cotta de queso, esta última conquista tanto a Víctor que se la come entera sin dejar probar bocado a su acompañante, Fátima.

Víctor cierra su visita con un rotundo "aquí se come bien, gente", demostrando, una vez más, que a veces lo sencillo le da mil vueltas a propuestas mucho más sofisticadas.