Lara Cotera, periodista.

Lara Cotera, periodista. E.E Zaragoza

Opinión

Adiós a un matemático brillante

Lara Cotera, periodista
Zaragoza
Publicada

Hay quien dice que la vida es una línea de puntos. Que estos puntos se conectan y dibujan un trazo que tiene sentido cuando lo miramos a cierta distancia, apagado el ruido de la rutina. Mientras, tomamos cientos de decisiones cada día sin llegar a comprender por qué hacemos lo que hacemos.

Pienso mucho en esto cuando alguien me cuenta con cierta resignación que hubiera querido ser periodista, pero que acabó haciendo Derecho o Empresariales, que parecían mejores opciones para ganarse el pan y tener una carrera de bien de la que tirar, como si fuera el cordón de una mascarilla de avión en caída libre. No sé por qué me empeñé en ser periodista en un momento, además, lleno de complicaciones personales. Creo que ni siquiera lo entendía. Pero la vida, créanme, ha ido conectando los puntos.

Hace unos días contactó conmigo un desconocido que me habló de un artículo que escribí en 2015 y que había olvidado por completo. En ese momento, yo trabajaba en la redacción de un periódico y, un día de enero, o tal vez de febrero, supe que vivía en Zaragoza un físico doctorado en Matemáticas que parecía haber logrado una hazaña extraordinaria. Se llamaba Jesús Guillera y me contó que había hecho un gran descubrimiento relacionado con el número Pi.

A veces me leía en el periódico y pensó que tal vez me interesaría lo que podía contarme. Y yo, que creo más en la vocación que en los cordones de las mascarillas de avión, consideré que nadie perdería su tiempo en contarle a una desconocida que era un gran matemático si no fuera así.

Pienso ahora que el grupo de cuñados y expertos en vicisitudes cotidianas me hubiera recomendado exigirle primero alguna acreditación, un formulario, un plácet por parte de la institución académica o, al menos, el título de doctorado.

Pero soy fácil para las aventuras de medio pelo y le dije que sí. Así que quedamos una tarde en el bar El Sol, en la calle Blancas, para tomar un café. Mientras Jesús escribía varias de sus fórmulas en las servilletas de la cafetería, me contó que había caído en una profunda crisis cuando su padre falleció y su madre fue diagnosticada de alzhéimer, y que la tristeza y el estrés le obligaron a dejar su trabajo en el instituto de Secundaria donde daba clase. Alejado de la docencia, encontró refugio en las matemáticas, y pasaba los días estudiando y leyendo sin descanso sobre el trabajo de Srinivasa Ramanujan y trabajando en fórmulas sobre el número Pi.

Confieso que yo miraba aquellas ecuaciones escritas en la servilleta con más fe que certezas, porque nunca fui de Ciencias ni entendí mucho más allá de las reglas de tres. Pero los días siguientes hablé con quienes corroboraron el hallazgo y escribí el artículo. La última vez que hablé con Jesús había dado con once fórmulas inéditas para calcular los infinitos decimales del número Pi, de las que cuatro fueron comprobadas a nivel internacional. No sé cuántas más logró acreditar, no me extrañaría que fueran las once.

El desconocido que me contactó el otro día me dijo que Jesús falleció el pasado 9 de febrero. Pensó que tal vez me interesaría, y me expresó su deseo de que pudiera recibir algún reconocimiento.

Este es mi humilde homenaje, por su extraordinario descubrimiento y por hacerme recordar que siempre hay algo que coloca los puntos en el mapa y marca el rumbo. A veces son las matemáticas, y otras veces es nuestra necesidad de conocer historias y contarlas, de pintar, de escribir o de entender cómo funcionan las cosas. Nuestras pasiones dirigen nuestros pasos y nos salvan cuando es noche cerrada aquí dentro, en lo más íntimo. Aunque tardemos en ser conscientes.

Gracias Jesús, descansa en paz.