Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal

Opinión

Por una campaña electoral "civilizada"

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal
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El texto de esta quincena tenía que ir de elecciones. Vamos a celebrarlas el próximo domingo y ya hemos asistido a dos debates en los que los representantes de las opciones políticas se contradicen, se interrumpen y se lanzan dardos envenenados entre ellos. Una campaña más, como todas. Ya estamos acostumbrados. Ignoro si los votantes leemos las cartas que nos llegan, repletas de lugares comunes.

También ignoro si a los mítines acuden personas que todavía no han decidido el voto o si solo acuden las convencidas de antemano, cumpliéndose el llamado “sesgo de confirmación”, según el cual solo atendemos y aprobamos lo que coincide con lo que opinamos, ignorando absolutamente el resto e incluso demonizándolo.

Pero bueno, una vez más tenemos la opción de elegir, y podemos ejercer esta elección de una manera racional, con los ojos abiertos a la realidad, captando esa realidad tal como es. Y lo que vemos son personas que voluntariamente quieren gobernarnos, que nos lanzan promesas (muchas veces irreales) al aire sin base, sin conocer las cuentas públicas y alejados de la realidad concreta.

Pueden llegar a prometer lo imposible; que más da, nadie se acordará. Y también vemos una incapacidad total para actuar con sensatez, sin insultos u ofensas a los contrarios, incapaces de alcanzar pactos o acuerdos.

Precisamente por eso, y aunque ha pasado prácticamente desapercibido e ignorado por los partidos políticos, un número (todavía escaso) de personas hemos firmado un manifiesto en el que se pide el respeto al otro, “poniendo como ejemplo cómo nuestros antepasados, en condiciones históricas mucho más difíciles, supieron construir los cimientos de una convivencia basada en el respeto mutuo, la libertad y el pacto entre iguales, que hoy es obligación de todos defender y agrandar como herencia recibida”.

En resumen, pedimos una campaña electoral “a la manera aragonesa, debatiendo propuestas realistas que den respuesta colectiva a los problemas y necesidades de las personas; con pasión, sí, pero respetando siempre a quien las formula”.

Finalmente, se pide que en la campaña electoral se hagan propuestas concretas para construir el mejor Aragón posible en los próximos cuatro años; que se tenga una visión a largo plazo, que se analice, se priorice y se decida qué se atiende primero, qué se protege siempre y qué transformaciones se emprenden para dejar a quienes vengan después un legado próspero y sostenible.

“Pedimos una campaña y una conversación pública realista y serena que renuncie de forma explícita al populismo fácil y a los discursos que convierten al adversario en enemigo. Reclamamos un debate de propuestas dirigidas a proteger la convivencia entre todas las personas que vivimos en Aragón, vengan de donde vengan y piensen como piensen. La discrepancia es legítima; el insulto, no”.

“Queremos espacios de debate serenos y rigurosos; un debate civilizado para demostrar que en esta tierra somos mayoría la gente de concordia, heredera de nuestro mejor legado histórico”.

Porque una vez tengan nuestro voto se comportarán como “autoridades”, concepto arraigado en los 40 años de gobierno autoritario pero que más de 40 años después seguimos interiorizando. Esas “autoridades” manejarán el dinero de todos los ciudadanos según sus programas electorales (a veces) o según su manera de entender el gobierno. Pero en ningún caso se comportarán como “servidores públicos”, que lo son, o como “gestores del dinero de todos”. Tampoco admitirán que los ciudadanos les pidan cuentas periódicamente.

Más bien se puede considerar que se comportarán como algo parecido a una oligarquía (conviene revisar el escrito de Miguel Deibes titulado “El disputado voto del señor Cayo” para percibir la diferencia entre el mundo real y el de los políticos).

No analizarán el binomio coste-beneficio de la aplicación de sus políticas (algo habitual en el mundo anglosajón), no preguntarán a los gobernados por sus necesidades… Y se encontrarán con protestas cuando no coincidan sus obras con lo que los ciudadanos demandan.

Pero yendo un poco más allá, imagine el lector una campaña electoral en la que los candidatos preguntan a la gente sobre sus necesidades en lugar de prometerles cosas, imagine que se comprometen solamente a intentar cumplirlas obligándose a consultar previamente con los afectados.

Irreal ¿verdad? Es que son “autoridades”.