En nuestra sociedad, existen diversos términos en inglés para describir formas específicas de acoso, tales como "bullying", "stalking", "gaslighting", y "doxing" "mobbing". Cada uno refleja un tipo de violencia psicológica o física que, lamentablemente, también encuentra su espacio en el ámbito vecinal. Dentro de este contexto, el "blocking" se perfila como un tipo específico de acoso vecinal que afecta profundamente la convivencia y el bienestar de quienes lo padecen.

El acoso vecinal o "blocking" es una realidad dolorosa que se manifiesta de múltiples formas en nuestras comunidades, desde humillaciones públicas hasta daños a la propiedad, pasando por aislamiento social y persecución constante. La ley española reconoce la gravedad de este delito en el artículo 172 ter del Código Penal, contemplando penas significativas para los acosadores. Sin embargo, el verdadero poder para combatir esta situación se encuentra en manos de los vecinos y en la figura clave del administrador de fincas.

El acoso comienza a menudo con pequeños conflictos no resueltos que escalan en hostilidades abiertas. Por ejemplo, un simple desacuerdo sobre ruidos o mascotas puede degenerar en un caso serio de acoso si no se gestiona adecuadamente desde el principio. Es en estas fases iniciales donde los vecinos y el administrador de fincas tienen un papel crucial para mediar y resolver conflictos antes de que escalen.

Es fundamental que tanto la víctima como los testigos actúen rápidamente. Recopilar evidencias es crucial: testimonios de vecinos, registros de comunicaciones como correos electrónicos o mensajes, y en casos necesarios, la intervención de detectives privados puede ser de ayuda para documentar el acoso. La mediación vecinal, a menudo facilitada por el administrador de fincas, puede ofrecer una solución pacífica antes de que el asunto requiera intervención judicial. Si el acoso persiste, la presentación de una denuncia formal ante la policía y, posteriormente, en los tribunales, se hace indispensable.

En términos de prevención, la comunidad debe adoptar un enfoque proactivo. Establecer y hacer cumplir normas claras de convivencia es esencial. La promoción de la comunicación abierta y la empatía entre vecinos puede prevenir muchos conflictos. Además, ofrecer servicios de mediación temprana y asegurarse de que todos los vecinos conozcan y respeten las reglas de la comunidad puede evitar muchos de estos casos dolorosos.

Para aquellos en el centro del acoso, es vital no aislarse. Participar y comunicarse con otros vecinos y el administrador de fincas no solo ayuda a resolver el problema, sino que también previene que el acosador logre su objetivo de aislar a su víctima. Por lo tanto, el apoyo de la comunidad es fundamental: en lugar de ser testigos pasivos, los vecinos deben actuar como protectores activos de aquellos afectados.

En resumen, el acoso vecinal no solo destruye la tranquilidad de la propia casa, sino que erosiona la cohesión de toda la comunidad. Con una gestión eficaz y un enfoque comunitario solidario, podemos proteger nuestro espacio más sagrado: nuestro hogar.

Beatriz González Bosque, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Administradores de Fincas de Aragón.