Mayte Uceda con su libro en Zaragoza.

Mayte Uceda con su libro en Zaragoza. EE

Cultura

Mayte Uceda, escritora: "La revolución minera de Asturias en 1934 fue una auténtica guerra que ha caído en el olvido"

Uceda ha presentado en Zaragoza su nueva novela 'Los amores paralelos', ambientada en Oviedo en 1930.

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Después de muchos días soleados y temperaturas de 28 grados, esta mañana ha salido nublada y los termómetros marcan unos 19 grados equilibrados.

Parece que Zaragoza quiere caer bien a la asturiana que ha llegado con su libro debajo del brazo. Mayte Uceda está de gira con 'Los amores paralelos', una novela ambientada en el Oviedo de 1930.

Tras el éxito de sus novelas 'El guardián de la marea' y 'El maestro del azúcar', Uceda regresa con una nueva historia que nos hace vivir y entender los convulsos años de la República.

Profundizar en la historia, en los personajes y los conflictos sin destripar la obra, resulta complicado; pero escritora y periodista son muy cuidadosas al hablar de Estefanía y Selina y sus romances sin revelar nada de la trama.

Bueno, tal vez un poco; lo justo para que el que no haya leído la historia de estas dos hermanas, se quede con las ganas de conocerla.

Eres de Asturias y la novela se ambienta en Oviedo. Además, hay una parte de biografía en la historia. ¿En qué momento decides contar algo con raíces familiares?

Cuando mi padre, que siempre ha sido un hombre bastante sano, con 80 años necesitó un tratamiento médico, fui al hospital con él y en la Seguridad Social tenía su fecha de nacimiento cambiada. Cuando le pregunté, me contó que trabajó en la mina con 13 años y que su padre, mi abuelo, le modificó la fecha para que pudiera empezar antes. Eso también le ocurre a un personaje de la novela.

Ahí empecé a interesarme por el mundo de la minería, que yo no viví. Mi padre y mi abuelo dejaron la mina y se fueron a Oviedo, pero me impresionaron mucho las historias que me contó: cómo trabajaban, cómo los niños empujaban las vagonetas… eran vidas muy duras.

A partir de ahí me fui unos años atrás, al estallido revolucionario de 1934. Me pareció un contexto poco explotado y bastante olvidado. En Asturias se vivió una auténtica guerra antes de la Guerra Civil, pero quedó solapada por lo que ocurrió después. Solo los abuelos de mi generación pudieron contarlo.

Hablé con mucha gente cuyos abuelos vivieron aquello, y eso me dio el contexto de la minería. El de Oviedo era más sencillo: el casco antiguo sigue prácticamente igual. Con esos dos escenarios, tan cercanos, quise contar la historia desde el punto de vista de dos familias: una minera y otra burguesa.

En la familia burguesa de Oviedo hay dos hermanas muy distintas. ¿Qué querías transmitir con ellas?

A la hermana mayor le ha tocado todo: es guapa, vital, sana, con un futuro brillante. Tiene muchos pretendientes y puede escoger.

La hermana pequeña, en cambio, ha crecido enfermiza. En una época en la que la mujer se cría para casarse, la familia no sabe qué hacer con ella. Pero ha tenido tiempo para observar, se ha vuelto curiosa, le gusta leer, estudiar. Ha aceptado que no tendrá la misma vida que su hermana.

A través de ellas quería contar ese contexto, también a través de los hombres de los que se enamoran: la mayor de un sargento de la Guardia Civil y la pequeña de un minero. Estos personajes están en el centro de la revolución, porque lo primero que hicieron los obreros fue asaltar los cuarteles.

Yo quería sentarlos a la misma mesa, que debatieran, que expusieran sus posturas. Lo conseguí, pero no de una forma tan pacífica como esperaba. Aun así, me permitió mostrar los dos puntos de vista sin tomar partido, solo exponiendo los hechos.

Esa tensión previa a la Guerra Civil se percibe mucho en la novela. Y hoy se habla de polarización. ¿Crees que hoy vivimos algo parecido en España?

Es una polarización que no ha alcanzado aquel nivel. Entonces venía dada por la violencia política. Basta leer los periódicos de la época para ver discursos muy violentos. Esa violencia se trasladaba a la calle y generaba una polarización extrema.

En 1936 ya eran dos Españas. El 34 profundizó esa grieta.

Hoy hay que tener cuidado. Estamos viendo una polarización provocada por discursos políticos que pierden las formas. Se insulta, se desacredita al adversario de forma muy ruin, desde todos los ámbitos. Si uno dice una barbaridad, el otro dice una más alta.

Hay que evitar que esa violencia arrastre a la sociedad. No podemos enfrentarnos a nuestro vecino por tener otra idea política. Si presumimos de ser una sociedad tolerante, no podemos dejarnos llevar por eso.

En la novela el amor obliga a los personajes a posicionarse. ¿El amor lo puede todo?

No, el amor no lo puede todo.

Depende del bagaje de cada persona y de la lealtad. Si tienes que elegir entre tu familia y tus sentimientos, hay quien renuncia y quien lucha. Lo vemos todos los días.

El amor puede romper relaciones familiares. Cuando titulo el libro Los amores paralelos, no me refiero solo al amor romántico, sino también al amor entre hermanas o entre padres e hijos. Son dos familias con problemas internos, y todos esos amores tienen paralelismos.

Pero no, el amor no lo puede todo. Depende de la personalidad y de lo que valores más: el riesgo o la seguridad. Celina elige el riesgo; Fanny, la seguridad.

¿Cómo trabajas a la hora de escribir? ¿Planificas mucho o te dejas llevar?

Soy más de brújula que de mapa. Cuando planifico mucho, luego lo cambio todo porque me surgen ideas.

Sí tenía una escena clara desde el principio: el encuentro entre los dos hombres de ideología contraria. Quería sentarlos a la misma mesa y que explicaran sus razones. Eso lo conseguí.

Luego hay personajes que crecen solos, como Marieta. Al principio era solo la criada, pero con sus diálogos y su carácter fue ganando protagonismo. Al final se convierte en una hermana elegida para Celina, incluso más cercana que Fanny.

¿Cómo es tu rutina de escritura?

Me gusta trabajar por la noche, es más inspiradora. No sé si es el silencio, pero es el momento de las musas, las ideas fluyen más. Aunque luego duermo mal, así que trabajo por la mañana. Por la mañana escribo, por la tarde corrijo, y entre medias me documento. Es un proceso continuo.

Para documentarte, ¿recorriste Asturias?

Sí. La comarca minera asturiana tiene varias cuencas, como la del Caudal o la del Nalón. Eran zonas muy industriales y muy contaminadas. Los ríos eran negros, muertos. Los niños recogían carbón de ellos. Ahora ha cambiado mucho, por suerte.

Fui muchas veces a esas zonas, tengo amigos allí que me contaron historias de sus abuelos. La novela está llena de anécdotas reales.

Y Oviedo lo conozco muy bien. Es mi ciudad de referencia, donde estudié. El casco antiguo es maravilloso y fue muy fácil recrearlo.